Alessia Ferrer acepta casarse con el heredero de una familia rival para investigar la muerte de su hermano.
Lo que no esperaba descubrir es que su nuevo esposo también está buscando al asesino… y que ambos podrían estar viviendo con el enemigo dentro de sus propias familias.
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La Sombra del Pasado
El amanecer no trajo calma a la mansión Ferrer. Alessia despertó con la sensación de que la noche anterior había dejado algo más que secretos por descubrir; había dejado preguntas sin responder y peligros al acecho.
Se levantó con cuidado, evitando hacer ruido mientras caminaba hacia la ventana. La ciudad despertaba lentamente, pero para ella cada calle, cada sombra, parecía cargada de posibilidades. Su mente repasaba una y otra vez lo que Thiago había mostrado: documentos, nombres, patrones. Todo apuntaba a que Gabriel había estado demasiado cerca de algo que no debía descubrir.
—Buenos días —la voz de Marco la sobresaltó—. ¿Preparada para otro día de estrategia?
—Siempre —respondió Alessia, enderezando los hombros.
Marco la observó con cierta preocupación. —No puedes dejar que la presión te supere. Esto no es solo un juego de inteligencia, también es un juego de resistencia.
—Lo sé —dijo ella—. Y no pienso perder.
Poco después, llegó Thiago. Su presencia era tan imponente como siempre. Vestía un traje oscuro, impecable, y sus ojos reflejaban la misma intensidad que Alessia había aprendido a reconocer: alerta, calculador, peligroso.
—Tenemos noticias —dijo, sin rodearse de preámbulos—. Alguien ha estado siguiendo nuestros movimientos desde hace semanas. La última señal fue detectada anoche cerca de tu casa.
Alessia frunció el ceño. —¿Cómo es posible que no lo hayamos visto antes?
—Es un profesional —respondió Thiago, con calma—. No deja rastros. No comete errores. Y eso nos obliga a ser aún más cuidadosos.
Alessia respiró hondo. Cada palabra reforzaba lo que ya sabía: no podían confiar en nadie más que en ellos mismos. Cada aliado era un posible traidor, cada sombra una amenaza.
Thiago extendió un conjunto de documentos sobre la mesa del despacho. Alessia se acercó y examinó los papeles.
—Estos nombres —dijo, señalando varios de ellos— pertenecen a antiguos socios de Gabriel. Algunos ya no están activos, otros operan en la clandestinidad. Pero todos tienen información.
—¿Y cómo conseguimos que hablen? —preguntó Alessia—. No todos son fáciles de convencer.
—Hay maneras —respondió Thiago, con una leve sonrisa—. Persuasión, presión… y, a veces, la verdad es la mejor herramienta.
Alessia asintió. Sabía que no sería sencillo, pero también comprendió que la paciencia era una de las armas más poderosas en ese mundo.
El silencio se rompió con un golpe en la puerta. Marco entró con un sobre en la mano.
—Esto llegó hace unos minutos —dijo, entregándoselo a Alessia—. Sin remitente. Sin dirección.
Ella abrió el sobre y extrajo una hoja doblada. La miró por un segundo antes de fruncir el ceño.
—Es un mensaje —dijo finalmente—. Y no es amistoso.
Thiago tomó la hoja y leyó en silencio. Sus labios se tensaron.
—Esto confirma nuestras sospechas —dijo, con voz firme—. No solo nos observan. Quieren que dejemos de investigar. Y están dispuestos a hacer lo que sea para detenernos.
Alessia sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero su determinación no flaqueó.
—Entonces no podemos retroceder —dijo—. Cada secreto que descubramos, cada pieza que encontremos, nos acercará a la verdad sobre la muerte de Gabriel.
Thiago la miró directamente. —Y también nos acercará a nuestros enemigos. Algunos más peligrosos de lo que imaginábamos.
—Entonces que vengan —susurró Alessia, con una mezcla de desafío y resolución—. No nos detendremos.
Thiago asintió, y juntos revisaron nuevamente los documentos, planificando cada paso con precisión. Cada movimiento debía ser estratégico, cada decisión calculada.
Mientras tanto, en la penumbra del despacho, una figura observaba desde afuera, silenciosa. Sus ojos reflejaban interés, amenaza y una intención que ni Alessia ni Thiago podían aún comprender por completo. La guerra de sombras apenas comenzaba, y cada acción tomada dentro de esas paredes podría cambiarlo todo.
La búsqueda de la verdad se había vuelto peligrosa, personal y urgente. Y Alessia sabía que, a partir de ese momento, no había vuelta atrás.