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La Luz Rojo Carmesí Del Final

La Luz Rojo Carmesí Del Final

Status: En proceso
Genre:Acción / Escena del crimen / Terror
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: XintaRo

Pesadillas terribles torturan la conciencia y cordura de un Hombre. Su deseó de proteger a los suyos y recuperar a la mujer que ama, se ven destruidos por una gran telaraña de corrupción, traición, homicidios y lo perturbador de lo desconocido y lo que no es humano. La oscuridad consumirá su cordura o soportará la locura enfermiza que proyecta la luz rojo carmesí que late al fondo del corredor como un corazón enfermo.

NovelToon tiene autorización de XintaRo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Hombre Sin Ojos. Pt16.

Veo mi edificio a lo lejos, me siento algo más calmado. Me detengo frente al edificio. El motor se apaga con un quejido viejo y cansado.

Bajamos. El concreto del piso aún está húmedo por el rocío de la mañana. Mi distrito Sur, me recibe una vez más con sonidos de sirenas lejanas. Pero no puedo correr en este momento, tengo algo más denso en que meter mis manos ahora.

En la entrada reconozco a dos de los chicos que trabajan para Maik, fuman apoyados en el muro. Les silbo y los llamo con la mano.

—Necesito ayuda con unas cajas —les digo.

Caminan a nosotros apagando sus cigarrillos con el pie. Ellos se miran, poco convencidos.

—Les doy cincuenta para los dos, ¿qué dicen?

Sus rostros cambian al instante. Asienten felices y cada uno toma dos cajas sin hacer más preguntas. Caminan delante de nosotros.

Tomo dos cajas del maletero y Héctor toma las últimas dos, cerrándolo con el codo. Caminamos directo a la entrada, vigilando nuestro entorno, esperando que nadie pose sus ojos en todas estas cajas. Por suerte las calles están casi desiertas a esta hora. Me quedo un segundo de pie viendo detrás del hombro, aun siento una mirada pegada en la nuca.

De la entrada sale un hombre caminando lento, como si esperara cada paso.

Ahí está, el señor José, el anciano del piso cinco, departamento 503. Acaba de cumplir noventa años. Camina apoyado con firmeza, sobre su bastón de madera con cabeza de serpiente. Su piel parece papel viejo, pero sus ojos cafés conservan esa chispa que a veces da miedo.

Sostiene la puerta con su arrugada mano libre. Los chicos pasan a su lado inclinando la cabeza, saben que tienen que ser educados con los inquilinos o Maik les dará una paliza.

El bastón golpea de repente la pierna de Héctor. Apenas logré ver el golpe, fue rápido y duro.

—¡Au! ¿Qué fue eso, señor José? —reclama Héctor, sin poder sobarse.

—Eso fue por romperle el corazón a mi bisnieta, desgraciado —le gruñe el anciano, y sus ojos centellean como cuchillas.

—Lo siento —responde Héctor, cojeando—. Tu bisnieta es… demasiado celosa.

José lo observa unos segundos más, luego se ríe bajito, como disfrutando de la incomodidad y el dolor de Héctor.

Héctor camina delante de mí, cojeando y quejándose del aun fuerte anciano. José me mira y me sonríe con su cálida sonrisa paternal.

—Hola, pequeño detective —me dice sonriendo, con voz gastada pero amable—. ¿Caso nuevo?

—Sí, algo así —respondo, intentando sonar ligero—. Pero no puedo contarte mucho esta vez.

El viejo ríe entre dientes.

—Nunca puedes. Cuídate niño.

Le devuelvo una sonrisa cansada y paso junto al mientras aun sostiene la puerta.

Veo detrás de mí como cierra la puerta con suavidad. En la acera levanta la cara recibiendo la luz del sol de la mañana, moviéndose con la lentitud digna de los que saben que cada día puede ser el último.

Llego al vestíbulo. En el mostrador de recepción hay otro chico, uno nuevo, ocupa el lugar de Maik.

—¿Y el viejo Maik? —pregunto.

—No ha vuelto todavía —responde el joven, sin levantar la vista de su teléfono.

—Tres días ya… —murmuro.

El mocoso no despega los ojos de su brillante pantalla, sonríe como estúpido mientras teclea. —Esto no está bien—, me jode que estos niños no se tomen enserio las reglas de Maik. Él les salva el culo cuando los demás les dan la espalda o los apuñalan en ella.

Con la voz cargada en ira, le gruño.

—¡Niño! Saca la cara del teléfono o Maik te pateara el culo, lo sabes, no juegues con eso. Veo que eres nuevo. En este lugar no puedes estar perdiendo el tiempo. Si pasa algo y no te das cuenta, será la última vez que Maik te reciba.

El chico alza la cabeza y me ve directo a los ojos. Tensa el cuerpo poniéndose de pie, baja el teléfono. Me mira, temblando. Sabe quién soy.

—Lo siento, Detective —dice, tragando saliva—. No volverá a pasar, por favor no le diga a Maik.

—Está bien niño. Por esta vez te cubriré, pero si se repite… —lo miro fijamente a los ojos, clavándole la mirada—. Seré yo quien te saque a patadas de aquí y Maik no se opondrá. Mas te vale no apartar la vista de la entrada y de mi coche. Lo sabes bien.

No dice nada más, solo asiente y se sienta pegando la mirada en la puerta, vigilando mi Mustang.

Camino a las escaleras, acomodando las cajas en mis manos. Comienzo a subir las escaleras, trece pisos con cajas en brazos. El edificio parece estirarse más de lo normal. Cada escalón pesa con el rebote de las cajas.

—Trece malditos pisos —maldigo entre dientes—. La próxima vez alquilo en la planta baja.

Héctor esperándome en el segundo piso se ríe, carga las cajas como si pesaran lo mismo que un paquete de pan. Subimos en silencio.

Cuando llegamos, los otros dos chicos nos esperan jadeando junto a la puerta. Las cajas en el suelo junto a sus pies agotados.

Bajo mis cajas, saco mi billetera y les pago.

—Veinticinco para cada uno —digo, entregándoles los billetes—. Y ni una palabra de lo que vieron o ayudaron, ¿entendido?

Ellos asienten rápido. Uno dice bromeando.

—Si alguien pregunta, les diré que le ayudamos al detective del edificio a mover sus revistas porno —añadió con media sonrisa.

Las risas nerviosas los relajan, pero igual aprietan los hombros, al ver mi sonrisa. Los observo bajar las escaleras a toda prisa. Buen reflejo. El miedo siempre ayuda a mantener la boca cerrada.

Abro la puerta. Tomo dos cajas y las coloco encima de Héctor, el frunce las cejas, pero solo entra. Tomo dos cajas más del suelo. Entramos al departamento. El aire huele a cigarrillo viejo y soledad. El sofá parece más destrozado de lo que recordaba. Dejamos las cajas sobre la mesa y el sofá, amontonadas como ladrillos de un secreto que nadie debe ver. Héctor sale y toma las últimas dos cajas, cerrando la puerta con el pie.

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favita
me encanta la historia muy genial el detective
melani99
🥰
sofialopez2010
favuloso
jomijomi2012
Muy buena, que siga
jomijomi2012
Que increíble el relato, hasta me dio penita la polilla de papel😔
manueles
Me encanta, que siga contando la historia 😻😻😻
manueles
Que hermoso, parese un poema😻
jotape
Donde habrán quedado mis alas de papel 😔
entomomoyan
Yo nací sin mis alas de papel, al igual que el detective 😔
latifa
yo igual ya no tengo mis alas de papel 😭
XintaRo
👍
latifa
ingreible quiero leer mas
jotape
😻
Anon
Esta muy buena la historia
Anon
Nadie pisa el sur sin consecuencias 😎
Anon
El héroe oscuro del distrito sur 😻😼
Anon
/Casual//Determined/
Anon
😻😎😼
Anon
👏/Good/
Anon
Esto esta muy bueno 🙀 esta muy buena la historia
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