Alessandra Rossi, una joven italiana de veintidós años que tras conocer la verdadera historia de su vida, decide tomarse un tiempo lejos de todo lo que le recuerda su triste existencia y de las personas que la han lastimado; sin imaginar que ese cambio de rumbo, la llevaría a conocer a la persona que le enseñaría lo que es el amor verdadero.
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Capítulo 17. El mejor método para relajarse
Capítulo 17. El mejor método para relajarse
- ¿Qué está pasando? ¿Qué son todas esas luces\, la música y por qué carajos está vestida así?
Sabía que traer a Diego al departamento me metería en problemas con su padre, puedo apostar lo que sea, que se ha imaginado que he armado una fiesta mientras tengo a su hijo. Después de escuchar su pregunta, pongo los ojos en blanco, no sé si se deba al estúpido tono que usó o por la expresión de imbécil que ahora mismo tiene. Se ha atrevido a observarme sin ningún tapujo ni vergüenza.
Me doy la vuelta sin responder y comienzo a subir la escalera, espero que entienda la indirecta y se largue por donde vino, pero en vez de eso, cierra el portón y comienza a seguirme. ‘Probablemente debiste ser más directa cariño’, me regaño en mi mente.
Cuando abro la puerta, la imagen frente a mí me provoca una gran sonrisa, Diego continua brincado, agitando la cabeza y los brazos al ritmo de ‘Inmigrant song de Led Zeppelin’. Me doy la vuelta y le hago señas al Sr. Leblanc para que guarde silencio, él asoma la cabeza por la puerta con curiosidad.
- ¿Qué se supone que está haciendo? – Pregunta\, mientras yo lo observo como si fuera estúpido o ciego.
- La música Sr. Leblanc\, ayuda a equilibrar nuestros niveles de serotonina\, epinefrina\, oxitocina y otras más que no recuerdo ahora. En fin\, cuando eso pasa\, entramos en un estado de relajación\, la música también puede acabar con bloqueos emocionales y conflictos de ansiedad. No me pregunte qué está haciendo Diego\, ni siquiera se atreva preguntar cómo es qué sé todo eso\, por qué no mejor disfruta de ver esa hermosa sonrisa en el rostro de su hijo. Vamos\, no sea tan cascarrabias\, puede alterar su presión si continua haciendo corajes a su edad.
Lo veo entrecerrar los ojos tras mi comentario, solo fue una pequeña broma, el Sr. Leblanc no parece mayor de treinta años, aunque a veces actúa como un anciano amargado y eso es mucho decir considerando que mi abuelo es un amor de persona y con un carácter tan encantador a pesar de su edad. Tomo su mano para hacerlo pasar y que se siente en el sofá, mientras me uno a Diego.
Diego toma mis manos y continuamos brincando, hasta que se queja de dolor en el estómago.
- Vamos a descansar cariño\, hemos estado brincando y recién habíamos cenado. El dolor pasará en un momento. – Le dije mientras continuábamos parados.
Diego vio a su padre sentado en el sofá, lo observó un momento pero no quiso hablarle, no era bueno obligarlo, el entendería las razones por las que su padre no pudo estar con él antes.
- No quiero irme a casa\, quiero quedarme con Alessandra. – Le dijo a su padre haciendo un puchero.
- Bien\, puedo pedirle a Enrique que te traiga algo de ropa. – Respondió su padre.
- Eso no es necesario\, ¿qué hora cree que es? ¿Acaso ese pobre hombre no descansa? – Respondí molesta –Cariño\, si no te importa puedo buscar algo de ropa para ti\, entra al baño a tomar una ducha con agua caliente.
Acompañé a Diego a mi habitación y lo dejé hacer lo suyo en el baño mientras me puse a buscar alguna camisa que pudiera quedarle lo suficientemente larga a él. Puse sobre la cama una camisa negra de Kiss que Sherlyn me dio como recuerdo de uno de sus viajes de vacaciones.
- Diego\, voy a cerrar la cortina para que puedas cambiarte cuando salgas. Hay una camisa en la cama que puedes usar. – Le dije cerca de la puerta del baño.
Después de que Diego me respondiera, regresé a la sala con el Sr. Leblanc, lucía cansado, tenía los codos acomodados sobre sus piernas, con la cabeza baja.
- Es tarde\, será mejor que vaya a casa. Puede volver por él mañana y si le trae algo de ropa sería grandioso.
- ¿Al menos me dejarás darle las buenas noches a mi hijo? – Preguntó con sarcasmo.
- Por supuesto Sr. Leblanc\, ¿quiere una taza de café mientras espera? – Respondí en tono de burla.
- No es necesario\, él… ¿aceptó ponerse ese disfraz de Mario Bross?
- Bueno\, al principio no fue fácil. Cuando subí a su habitación con este traje puesto y este ridículo cabello\, lo encontré llorando. Él no quiere salir a pedir dulces porque es algo que recuerda haberlo hecho con su madre\, no quiere perder esos recuerdos.
- ¿Y entonces que hicieron si no salieron a pedir dulces?
- Fuimos a Player Space\, él estuvo jugando algunos videojuegos\, cenamos hamburguesa con papas fritas y… - dije alejándome para buscar algo en mi bolso – nos tomamos estas fotos
El Sr. Leblanc las observaba con una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios, parecía feliz de ver a su hija sonreír, Diego en verdad se había divertido.
- ¿Por qué haces todo esto? – Preguntó el Sr. Leblanc – ¿Por qué te tomas todas esas molestias con Diego?
- No son molestias Sr. Leblanc\, Diego me preocupa\, no sé cómo ni por qué razón\, pero Diego es importante para mí y lo quiero. – Respondí.
- ‘Diego es importante para ti’\, ‘lo quieres’ – repitió mis palabras - ¿TIES Corporate es la razón por la cual no aceptaste regresar a mi empresa?
La mirada del Sr. Leblanc tenía un toque extraño, comenzó a acercarse a mí, cada paso que yo daba hacia atrás, él lo igualaba.
- No Sr. Leblanc\, usted fue la razón por la cual no acepté regresar. Piensa que después de la forma en que me gritó y humilló frente al Sr. Evans y la Lic. Bratxon\, ¿yo iba a regresar como si nada hubiese pasado? Cuando llegué a la oficina\, era obvio que todos ya sabían sobre lo que estaba pasando\, todos me observaban con desprecio e inclusive el Sr. Matías lo hizo. Quedé frente a todos como una mentirosa oportunista\, a diferencia de usted\, TIES Corporate\, solo me ha dado una oportunidad.
- ¿Qué quieres que haga? Dime\, lo que sea que pidas lo haré con tal de que regreses a la empresa.
- No tiene que hacer nada, no regresaré. Rob Peterson es amigo mío, además ya he hablado con mi padre, no necesita usar todo su arsenal de convencimiento conmigo. Ahh… y no se preocupe, si lo que teme es que mi padre rompa el convenio con Leblanc Enterprise, pierda cuidado. Mi padre nunca involucra sus asuntos personales con los negocios.
Sin darme cuenta, había quedado atrapada entre la puerta del departamento y el Sr. Leblanc, intenté moverme para regresar a la habitación, con la esperanza de que Diego ya hubiese terminado y su padre pudiera marcharse al fin. Pero antes de poder avanzar, él se acercó aún más a mí, abrí los ojos con sorpresa cuando su rostro estaba a escasos centímetros del mío, bajó su cabeza y comenzó a rozar su nariz con la mía.
- Sr. Leblanc\, ¿qué carajos cree que está…?
Sentí sus labios sobre los míos, no esperaba que Thiago Leblanc hiciera tal cosa, su beso era tierno, el suave movimiento de sus labios sobre los míos me hacía sentir un extraño sentimiento en el estómago. Sostuvo mi rostro en sus manos sin dejar de besarme, continuaba con el mismo ritmo, presiento que intentaba no espantarme o simplemente se estaba controlando para no ir demasiado rápido.
- Sr. Leblanc…. Diego… puede vernos. – Dije entre besos.
- Solo Thiago… no necesitas hablarme con tanta formalidad.
Comenzó a acariciar mis mejillas y cuello, mientras continuaba con sus movimientos suaves en mi boca, podía sentir su respiración agitada, escuchaba sus fuertes exhalaciones y yo comenzaba a sentir una ligera sensación en mi vientre que no podía explicar. Puse mis manos sobre su pecho y lo alejé bruscamente, debí hacerlo desde el principio, no debí corresponder a su beso, ahora todo era confuso.
Podía ver su pecho subir y bajar agitadamente, él observaba fijamente mis labios, como si aún quisiera continuar besándolos.
- ¿Por qué hizo eso? – Susurré\, mientras limpiaba la comisura de mis labios.
- Besar ayuda a liberar dopamina y oxitocina\, no preguntes cómo sé eso\, pero además de bailar\, ésta es otra forma de relajarse\, y… yo disfruto más de este método. – Sonrío cínicamente.
- Escuche Sr. Leblanc\, si está haciendo esto solo por Diego será mejor que no continúe\, no estoy dispuesta a ser parte de sus estúpidos juegos.
Lo empujé hacia atrás para mantener distancia entre los dos, él curvó sus cejas, mis palabras lo hicieron perder la calma.
- Me gustas Alessandra\, ¿es eso lo que querías saber?
Me quedé callada, no sabía cómo responder a eso, no era lo que esperaba. Antes de poder gesticular una sola palabra, Diego salió a mi rescate.
- Pensé que ya te habías ido papá. – Le dijo Diego cuando lo vio de pie en la sala.
- Quería darte las buenas noches hijo, por eso esperé a que terminaras. Alessandra y yo – abrí los ojos ansiosa por lo que fuera a decir – ella me estuvo contando lo que hicieron hoy, me da gusto saber que te divertiste. – Se agachó un poco y le dio un beso en la mejilla a Diego. - ¡Buenas noches cariño!
- ¡Buenas noches papá! – Diego lo abrazó por el cuello y le devolvió el beso.
- Vengo temprano\, y ya duérmete por favor\, es demasiado tarde. – Le dijo a Diego. – Alessandra\, ¿me acompañas? – Yo abrí los ojos nerviosa.
- No es necesario Sr. Leblanc, puede cerrar la reja cuando salga.
- Es mejor si lo haces tú\, no me iría tranquilo sabiendo que el seguro de la reja no está bien puesto.
Esperaba que pudiera sentir el filo de mi mirada, me sentía molesta pues solo me estaba tomando por tonta, obviamente no era necesario que yo bajara. Él abrió la puerta del departamento y después de despedirse de Diego con un movimiento de su mano, bajó la escalera. Yo iba caminando atrás de él, antes de poder llegar al último escalón, se dio vuelta de golpe y sujetó mi cintura con ambas manos.
- ¿Vas a responder Alessandra? He dicho que me gustas y tú has permanecido en silencio.
- ¿Qué espera que le diga? Me ha tomado por sorpresa\, unos minutos antes había pensado que era un imbécil y la verdad me caía mal. ¿Espera que con un beso yo cambie de opinión fácilmente? – Me burlé.
- Es cierto\, debería trabajar más para cambiar la imagen que tienes de mí. ¡Si supieras cuán celoso me siento de mi propio hijo!
- Ya es tarde Sr. Leblanc\, debería irse. – Me di la vuelta para subir la escalera pero él sujetó mi mano haciéndome girar de nuevo.
- Buenas noches Alessandra. – Dio un breve beso a mis labios.
Thiago Leblanc subió a su auto con una enorme sonrisa en su rostro, una que no había visto antes, al menos no desde que lo conocí. Siempre tenía el ceño fruncido, una apariencia dura en su rostro y sus movimientos, todos parecían planificados, era frío e indiferente a la vez.
Después de que Diego se metiera a la cama, entré al baño para tomar una ducha, ya era tarde, pero debía lavar mi cabello para quitar toda la laca que había puesto para poder recrear el peinado de la princesa Peach. Cuando salí, Diego se había quedado dormido, me acerqué para cubrirlo con la manta y le di un beso en la frente, lucía tan tierno mientras dormía.
Me senté un momento cerca de la ventana para secar mi cabello, no quería usar la secadora en ese momento pues temía interrumpir el sueño de Diego. Tan pronto me senté, en el silencio y tranquilidad de la habitación, comencé a recordar lo que había pasado con Thiago Leblanc. Su beso, su forma de tratarme y hablarme, que me haya dicho que yo le gusto, todo me tenía confundida, yo aún no había podido sacar de mi corazón a Matteo Palmieri, bueno, ahora no estaba segura de eso, porque no podía negar que ese beso había movido sentimientos que nunca antes había sentido, ni siquiera cuando Matteo y yo nos dimos nuestro primer beso, fue tierno y lleno de pasión, nada más.
Pero con Thiago Leblanc, su beso no solo había despertado un sentimiento de necesidad en mí, yo igual deseaba seguir besándolo, pero me contuve por miedo a que Diego nos sorprendiera. Además, me dio una sensación de bienestar y seguridad.
‘Maldita sea’, grité en mi mente; ahora no podía conciliar el sueño, no podía sacarme de la cabeza su estúpido rostro. Quizás, todo este tiempo había evitado fijarme en él, por miedo a hacerme ilusiones, porque no quería arruinar mi relación con Diego, ese hombre de piel bronceada, cabello castaño oscuro, barba bien definida y sus hermosos ojos color azul, era demasiado atractivo como para pasar de alto.
Solté un fuerte suspiro mientras despertaba de mis recuerdos y me fui a la cama a intentar descansar. Ni siquiera supe a qué hora me quedé dormida, pero estaba demasiado cansada como para notarlo.
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Thiago Leblanc
Mamá ya estaba dormida cuando llegué a la casa, eso era bueno, pues me iba a evitar todas sus preguntas cuestionando por qué había tardado en regresar o qué hice mientras estuve en el departamento de Alessandra.
Fui directo a mi habitación a tomar una ducha, la necesitaba urgentemente para intentar calmarme, era la primera vez que besaba de nuevo a una mujer después de la muerte de mi esposa y debo admitir que se sintió demasiado bien, tan bien que no quería que se detuviera, quería seguir besando sus suaves y rosados labios, Alessandra es una mujer hermosa, Diego tenía mucha razón.
Pero estaba inquieto, porque no sé en qué momento comenzó a interesarme, este sentimiento que ahora me invadía me provocaba ansiedad, temor, ella aún era muy joven, sin embargo, parecía ser una mujer lo suficientemente madura e independiente. Ahora mismo solo quería amarla, protegerla y ayudarla a sanar todas las heridas que tiene en su corazón. Sé que su renuencia se debe a eso, simplemente está evitando que la lastimen de nuevo, con amor y paciencia puedo ayudarla a confiar en mí, en que sepa que mis sentimientos e intenciones son verdaderos.
Salí del baño con mi pijama, me recosté en la cama con los brazos bajo mi cabeza, recordando nuestro beso. En verdad envidiaba a mi propio hijo en este momento, él podía dormir a su lado, quizás ahora mismo estaba en sus brazos, disfrutando de su calidez y cariño.