Sydney Brown, una joven asocial desafortunada se ve forzada a trabajar en los baños de un templo.
Unos baños que cargan con una maldición que acecha desde los rincones en una espiral de rencor y odio que parece no terminar jamás.
Donde deberá elegir si...
¿Ser una heroína?
¿Ayudar a la maldición?
¿O no hacer nada y observar como el rencor destruye a las personas de su alrededor?
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Capitulo #13: Aishi Nishida
Gracias a que Yoko era similar a mi mamá y no se callaba, no tuve que escuchar música para distraerme porque la tenía a ella contándome algunas de sus anécdotas.
—Hubieras visto a Tomoko, ella hablaba sola y no dejaba de gritar ¡¡Yoshimura-san!! ¡Yoshimura-san!. Me recordó un poco a nuestro verano cuando Reiko me compró un peluche y Tomoko gritaba ¡Reiko! ¡Reiko! Jaja
—N-no… N-no es-estás preocupada por tu her-hermano y-y Tomoko
—Me preocupan un poco, pero ellos siempre han sido extraños más mi hermano, él siempre fue raro más que… Mm… Aishi, mi otro hermano mayor
—¿T-Tienes o-otro hermano?
—Sí, y ash, él se la pasa todo el tiempo afuera con su novia influencer, no me acuerdo como se llamaba pero no le hablo mucho
—S-sí…
Debido al hambre que tenía me gruñó el estómago lo que llamó la atención de Yoko al momento, ella soltó una pequeña carcajada y al ver una tienda en la carretera se estacionó frente a ella sin pensar.
—Ven —se quitó el cinturón—. Vamos a comprar algo para desayunar
Debido a lo hambrienta que me encontraba y al terror que me daba quedarme sola, me bajé de la camioneta con ella. La agarré de la chaqueta y la seguí como si fuera un pollito persiguiendo a su mamá.
—¿Y qué es lo que vas a querer? Syd, unas galletas o… —Yoko eufórica agarró un pastel de chocolate—. ¡Un pastel de chocolate! ¡Y lo podemos compartir! —añadió de forma alegre—. Sabes mi mamá solía comprarme de estos cuando estaba viva
—S-sí —respondí con la cabeza agachada—.
Solo que debido a que ella se separó para ir al baño de la tienda, me quedé unos minutos sola en la tienda, cómo hacía de costumbre me puse música para relajarme.
—nananana —tarareé jugando con una de mis coletas, intentando no pensar en nada—.
Aunque esa relajación no duró mucho tiempo, pues vi a alguien de pie afuera de la tienda, volteando hacia él interior de la tienda, no sabía si me miraba a mí o alguien más pero su mirada, su forma de moverse me pusieron más nerviosa de lo que estaba.
No quería quedarme ahí, no quería… ¡No quería! Mis piernas se movieron solas, y retrocedieron para alejarse de ahí, creía que con eso estaría segura cuando noté que un hombre encapuchado dentro de la tienda también me estaba observando me quedé quieta jadeando y comencé a hiperventilar.
—P-por… por… por… —imploré jadeando con voz llorosa y con los ojos llorosos mientras abrazaba con fuerza el pastelito que Yoko me había comprado—.
—¿Syd? —dijo Yoko confundida mientras sujetaba mi hombro—.
Al sentir su mano pegué un saltó y solté un chillido similar al de una cobaya o rata, Yoko confundida soltó una pequeña carcajada al escucharme. Escucharla reírse me trajo una extraña calidez y tenerla de vuelta conmigo fue más que suficiente para de alguna manera me hizo sentir de nuevo segura.
Aún nerviosa volví a agarrarla de la chaqueta para seguirla en todo momento con la cabeza fija en Yoko. Por suerte lo siguiente que hicimos solo fue comprar el pastel y regresar a la camioneta, donde Yoko insistió en darme de comer en la boca.
No comprendía por qué quería darme de comer en la boca, también se me hacía raro la forma en la que me miraba, era… era como si fuera lo único que le importaba en ese momento, me incomodaba un poco su forma de verme debido a que era extraño.
Aún así, me gustaba su compañía, ella era una buena amiga así que no opuse resistencia a que me diera de comer en la boca.
Cuando terminé por comerme el pastel, Yoko limpió la mancha de chocolate que tenía en la mejilla y sin un motivo aparente se inclinó para besarme. No me quejé ni la aparté de mí, solo me quedé quieta intentando procesar el repentino salto, pero mientras intentaba procesar lo que pasaba, Yoko seguía besándome sin parar y se desplazaba al asiento del copiloto para subir poco a poco el nivel del momento íntimo.
—Syd… no sabes cuánto te extrañe —jadeó entre beso y beso—.
Me incomodaba un poco la idea de tener ese tipo de intimidad en el coche de un policía, debido a que podían vernos, aunque no la detuve debido a que realmente necesitaba distraerme de todo, al menos por un tiempo.
Sin embargo, mientras Yoko me tocaba con sus manos que parecían mágicas pude ver como llegaban mensajes de un número desconocido a mi celular.
Mi celular no dejaba de vibrar, al principio no le presté tanta atención o al menos trate de no hacerlo hasta que terminara de disfrutar de las caricias de Yoko.
—¿Estás bien? Cariño —no le respondí y seguí mirando mi celular—. Solo… —Yoko agarró mi celular para lanzarlo a los asientos traseros y agarró mis manos para ponerlas en sus pechos—. Solo enfócate en mí ¿sí?
No quería que se terminara pero por desgracia tuve que despedirme de ella cuando me dejó frente al templo, y a diferencia cuando nos despedimos le correspondi el beso con un pequeño abrazo.
—Adiós… Senpai —susurró Yoko risueña en mis labios mientras rompía nuestro beso de despedida—.
—A-adiós —jadeé buscando consuelo en su mirada y en sus labios—.
Subí las escaleras con una mano en mi boca y viendo como Yoko se iba en la camioneta de su hermano. Mi tranquilidad no duró mucho en mi rostro, pues al encender mi celular me detuve de forma abrupta.
—¿Qué? —susurré—
Aquel acosador me había enviado una foto donde se veía nuestras siluetas en medio de nuestro momento juntas en la camioneta. Junto a esa foto había un mensaje que decía:
“Te lo advertí… ahora tu noviecito Reiko pagará las consecuencias”
Preocupada y asustada por el bienestar de Reiko intenté contactar de nuevo con él pero a diferencia de antes quien contestó no fue Yoko, sino que fue el propio Horu.
—¿Te divertiste mucho? ¿Él te hizo sentir bien? —preguntó—. Es mejor que me esperes… porque iré a verte y al igual que ese infeliz de Reiko… te haré el amor hasta hacerte mi mujer
Quería responderle… confrontarlo pero simplemente no me salió la voz para hacerlo, por lo que temblando y en pánico tan solo colgué para después subir corriendo las escaleras del templo.
Por alguna razón que desconocía, tan solo poner un pie en los baños me hizo sentir agotada, volví a sentir una presión en mi pecho y un frío que dolía con cada segundo.
Estaba tan agotada que por primera vez en meses en los que trabajé ahí, fui envuelta en un sueño profundo.
Los clientes parecieron no notarlo, ya que ninguno de ellos fue capaz de despertarme, todo lo contrario me dejaron dormir y se atendieron solos o alguien más los atendió por mí, no lo sé, lo único que sé es que me desperté por el gritó de un chico.
Preocupada por los clientes entré al baño de los hombres para ver qué sucedía, el baño estaba lleno de clientes que parecían estar en su burbuja, y en el fondo de los baños pude ver a Horu en el suelo paralizado del miedo, frente a una de las tinas.
Me quedé quieta mirándolo ya no con miedo sino con odio… no entendía cómo ni porqué pero todo ese miedo que sentía se tornó en simple rencor, uno que alimentó a algo más… poderoso. También la presión en mi pecho y la sensación de frío se hizo más intensa.
Unas manos pálidas salieron de la tina, Horu aterrado gritó con todas sus fuerzas por ayuda. Pero… nadie… ni siquiera los clientes a su alrededor lo ayudaron, aquella mujer salió de la tina arrastrándose y gateo hacia Horu al mismo tiempo que emitía un grito ahogado.
—Por… por… ¡¡Por favor!!
Se levantó del suelo e intentó correr hacia mi pero el rasposo cabello negro lo sujetó de la pierna para tirar de él. Haciéndolo caer al suelo con un golpe seco.
—¡¡Ayuda!! ¡¡Amor!! ¡¡Por favor!! ¡¡Miely!! ¡¡Miely!! —gritó desesperado esperando que lo ayudara—.
La mujer lo sujetó de las piernas para arrastrarlo hacia la tina, Horu pataleó e intentó escapar, solo que el cabello negro comenzó a rodear su cuerpo en un capullo. En un último intento por sobrevivir, cuando estuvo sumergido en la tina se sujetó con fuerza a la orilla de la tina.
Cegada por el rencor aplaste sus dedos con pisotón para que terminara por ser arrastrado hacia el infierno por aquella mujer…
—Horu… —susurré con la mirada perdida en el fondo de la tina mientras veía flotar el celular del detective—.