El día de nuestra boda había llegado, ahora era la señora Lennox, a Travis Lennox no le importaba que su madre la gran señora Renata Lennox no me aceptara para ser la esposa de su único hijo, y el heredero del imperio INNÓVATE SOLUTIONS, heredado por su padre, pero para guardar toda apariencia quedó en acuerdo, la peor pesadilla que pude tener durante poco más de cinco años, después de que Travis tenía que irse al extranjero, ahí empezó mi verdadero calvario.
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Gran sorpresa
Kenda tenía una linda sonrisa en sus labios. Le parecía muy conmovedor. De pronto Nico fijó su mirada en ella.
— Kenda, nunca nos haz hablado nada de tu familia. Bueno excepto del padre de tu hijo.
— No tengo familia, nunca supe de una. - suspiró vivi entre albergues casas de acogida de menores, así que no se si tenga , jamás he sabido si alguien me ha buscado. Posiblemente mis padres no me quisieron. - dijo con un tono triste.
Nico la rodeó con sus brazos cariñosamente, uniéndosele Sergio.
— Ya tienes una. - le recordó Nico y Sergio, sin soltarle.
— Chicos no se que hubiera hecho sin ustedes. - se entristeció de nuevo.
— Nada de melancolías. Recuerda que el bebé persive todo, mejor arréglate vamos a ir al ginecólogo. - les recordó, apenas tienes ocho semanas y tu vientre está hinchado para el periodo que tienes.
— ¿Será que son gemelos?
— Kenda abrió los ojos. Era cierto para dos meses y si barriga ya estaba llena.
Si vamos para que te hagan un eco. Presiento que aquí hay más que un bebé. - le tocó el vientre Sergio.
Mientras los tres se dirigían a la clínica del obstetra, Renata sentada en una silla giratoria arrugaba con sus manos una ecografía.
— ¿Si de verdad creíste que serías parte de esta familia? te equivocaste rat4, no dejaré que seas tú quien arruine mis planes.
Tomó su teléfono para llamar a Amara.
— ¿Qué pasa? - porque no te haz comunicado?
— Tu hijo no me toma en cuenta. Ni siquiera voltea a verme. - dijo con frustración la mujer.
— No importa tú simplemente síguelo a donde vaya. - solo basta con tu presencia cerca de él. Ya los rumores están surgiendo efectos. ¿Sabes de qué me acabo de enterar? - ¡esa bastarda está embarazada! Si Travis se entera, no va haber poder humano para hacer nada más.
— ¡Esa mujer! - apretó los puños Amara.
— No te preocupes. Siempre tengo un pie adelante de ellos. Esa atrevida no es digna de llevar a un nieto mío.
— No deberías confiarte demasiado, Travis no es estúpido, sólo no cree que puedas llegar a tanto, porque a pesar de todo, eres su madre.
— Precisamente porque lo soy hago lo que hago, no dejaré que arruine su vida por una huérfana insignificante.
— ¿Y que vas hacer ahora?
— Por el momento la tengo vigilada.
CASA MAXWELL.
— No se ustedes pero yo he notado algo extraño. - mencionó Nico sin voltear de más.
— ¿A qué te refieres? - contestó su novio.
— Hay un auto en la calle, tengo viéndolo desde hace unas semanas.
— Dios mío. - esa mujer no tiene límites.
— Porque asumes que es ella?
— ¿Quien más? Nunca aceptó que su hijo me haya elegido como esposa.
— Qué mujer tan enferma.
— ¿Qué hacemos? - inquirió Sergio,
— Dejemos que nos siga, yo sé cómo perderlo, así me aseguraré que de verdad nos están vigilando.
Se metió en un lavado de autos que les quedaba enseguida y como había mucho tráfico se perdieron para el auto que los seguía. Se quedaron por unos minutos para cerciorarse que los habían perdido. Y después siguieron su camino.
— Creo que sería mejor que nos mudemos a la casa del lago. - sugirió Nico, es espaciosa y la zona es tranquila. Creo que te vendría mejor.
— ¿Tienen una casa con un lago?
— La compré cuando recién llegué a New York.
— ¿Porque no se quedaron ahí?
— Porque estaba demasiado lejos del trabajo. Y mi querido novio es muy dormilón. - sonrió, así que nos mudamos mas cerca.
— Hay no por mi culpa ahora…
— Nada de culparse, ¡piensen! no te hubiéramos encontrado.
Kenda sintió escalofríos, que hubiera sido de ella si sus ángeles no estuvieran cerca.
— Gracias chicos. - exclamó Kenda agradecida.
— Hemos llegado. - anunció Sergio.
El edificio estaba frente a ellos.
— ¿Crees que no nos siguieron?
— No lo creo, se perdieron y no creo qué supieran a dónde nos dirigíamos.
Dejaron el auto en un estacionamiento publico. Bajando los tres juntos. En la recepción ya estaba el nombre de Kenda, Sergio fue quien lo había registrado.
— Dr Sergio, pensé que estaba de guardia. - le saludó una enfermera,
— Hasta mi regreso, tengo toda la semana de descanso, de guardia me quedo hasta después de mi descanso.
— Gusto en verlo doctor. - se despidió sonriéndoles.
Unos minutos después, llamaron a Kenda.
— Estaremos contigo.
— No esperaba menos, por supuesto, serán los padrinos.
Todos entraron.
El ginecólogo los saludó, conocía bien a la pareja.
— Hola señora. — miró su registro en la pantalla señora Lennox, una enfermera le mostrara qué hacer para poder seguir.
Minutos después ya estaba boca arriba en la camilla frente a un monitor.
— Vamos a ver, esta un poco grande para el tiempo que tiene. - admitió el ginecólogo.
— Yo también lo creo. - concluyó Sergio, sentado junto a Nico.
El especialista empezó a pasar el duper por la barriga, siguiendo el camino del corazón, de pronto se detuvo, era un corazón.
Kenda al escuchar el latido, sus ojos no evitaron las lágrimas. Y los recuerdos de Travis invadieron su mente. Pero el doctor cada vez se volvía más sonriente, este es otro corazón.
— ¡Lo sabía, son dos! - exclamó emocionado Nico.
— ¡No!.. aquí hay otro más.
Las expresiones cambiaron a sorpresa.
— ¿Tres?…¡trillizos! - expresaron unánimes.
Pero la joven tenía una cara de preocupación. Sabía que alimentar tres pequeños, no iba hacer nada sencillo, necesitaba encontrar un empleo.
Nico se percató de la reacción de la chica. Incluso el doctor pues no estaba el padre y no quiso preguntar nada.
— Se lo que estás pensando. - expuso Nico, nosotros nos vamos a encargar de todo, ¿verdad cariño?
— Por supuesto. - contestó Sergio, tú solo debes de preocuparte por comer saludable para que nuestros ahijados nazcan fuertes.
Kenda volvió a llorar.
Los hombres volvieron a abrazarla. El ginecólogo se conmovió por la emoción.
— Yo también quiero aportar, al menos con tu cuidado sin costo.
Los hombres esbozaron una gran sonrisa.
— Gracias John.
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