Un joven general cuenta sus experiencias de vida que lo llevaron al punto en el que se encuentra. Errores del pasado se pagan con sangre en el presente.
Cuenta cómo su mundo cambió totalmente hace ya veintidós años cuando apenas tenía quince; cómo, por las guerras, ha perdido seres queridos y camaradas que espera volver a ver algún día en el otro mundo. Todo inicia con su padre, Oemirus, quien lideró el asalto a la ciudad de Palfidias y se convirtió en héroe. Pero un trágico malentendido diplomático sembró la semilla de una venganza brutal.En ese entonces, un ejército colosal arrasa el reino de Wilders con un solo objetivo: borrar del mapa el linaje y el pueblo de Oemirus.¿Podrá su hijo Mélon sobrevivir a la tormenta que desató su propio padre?
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La deuda
No podía apartar la mirada de ambos hermanos.
El vendedor continuaba anunciando su precio mientras varias personas observaban a los esclavos y discutían cuanto estaban dispuestos a pagar.
Entonces vi a un hombre acercarse, no me pareció que tuviera muy buenas intenciónes.
Observaba a la joven de una manera que me hizo comprénder que sus intenciónes no eran precisamente buenas. Se acercó al vendedor y comenzó a negóciar por ellos.
La joven bajó nuevamente la mirada.
Fue entonces cuando decidí intervenir.
—Quiero comprarlos.
El vendedor me miró sorprendido.
—Los vendo de a dos.
—Si, lo se.
El hombre que estaba negóciando con el me miró con molestia.
—Ya estaba negóciando yo por ellos.
Lo miré serio.
—Entonces tendrás que buscar otros.
El hombre apretó los dientes.
—No sabes cuanto estoy ofreciendo.
—No me importa.
Saqué parte del oro que Melos me había enviado y lo coloque frente al vendedor.
El hombre comenzó a revisar las monedas.
—Es mas que suficiente.
El otro comprador dio un paso hacia nosotros.
—Puedo pagar mas.
Kállos, Milena y Iséro se acercaron.
—Yo tambien- dije.
Volvi a sacar otro puñado de monedas.
El hombre finalmente negó con la cabeza y se alejo furioso.
El vendedor sonrió.
—Parece que tenemos un comprador.
No respondí, todo eso me parecía nefasto y cruel.
Solo quería sacar a los dos de alli.
Después de pagar, el vendedor retiro las cadenas que los mantenian unidos y me entregó las sogas que estaba atadas alrededor de sus muñecas.
La joven tenia una mirada de miedo y el hermano estaba agarrado a sus harápos con la poca movilidad que le quedaba en las manos.
—Vamos.
Ninguno se movio.
—No voy a hacerles daño.
La joven levantó lentamente la mirada.
—¿A dónde nos llevas?
—A mi casa.
Ella parecía todavia mas asustada.
No entendi por qué hasta que comenzamos a caminar.
Durante el trayecto no se separaron.
Podía notar que ambos estaban acostumbrados a desconfiar de cualquiera que se acercara a ellos.
Cuando llegamos abrí la puerta y ambos entraron, una ves alli les saque las sogas no me gusto para nada llevarlos como si fueran ganado.
Los dos se quedaron cerca de la entrada.
—Pueden estar tranquilos, no voy a hacerles daño.
La joven no respondío.
—¿Qué debemos hacer?-preguntó finalmente.
—Por ahora, nada.
El niño miraba todo a su alrededor.
La casa todavia no tenia demasiados muebles, pero era mucho mas comoda que cualquier lugar en el que hubieran estado durante los últimos días.
—Pueden descansar.
La joven negó lentamente con la cabeza.
—¿Qué quiere de nosotros?
La pregunta me dejo en silencio.
—Nada.
Ella parecía no creerme.
—Si nos compro, debe querer algo.
—No los compré para obtener algo de ustedes.
La joven bajó la mirada.
—Entonces... ¿Qué quiere que hagamos?
—¡Nada! Perdón solo quiero que esten tranquilos.
La muchacha permanecio en silencio.
Entonces me fije mejor en ellos, sus ropas estaban sucias y gastadas. Tenian el rostro cansado y podían verse algunas marcas en sus brazos.
Habían pasado por mucho.
—Primero necesitan bañarse.
La joven me miró confundida.
—¿Bañarnos?
—Sí.
Fui a buscar a Kállos y Milena, ambas aceptaron ayudarme.
Poco despues conseguimos agua caliente y ropa limpia.
Kállos se encargo de conseguir prendas adecuadas mientras Milena ayudaba a preparar todo.
Cuando los hermanos terminaron de bañarse parecían otras personas.
El niño se veía mucho mas tranquilo y la joven, aunque todavía desconfiaba, parecía menos tensa.
—También conseguimos algo para que coman- les dije.
Los lleve hasta la mesa, había frutas, pan, carne y agua.
El niño miró la comida durante varios segundos.
—¿Podemos comer?
—Claro es para ustedes.
No esperó una segunda invitación.
Comenzo a comer rapidamente.
Su hermana tambien comenzó a hacerlo, al principio intento comer despacio hasta el hambre se apodero de ella.
Después de unos minutos compréndi que hacia mucho tiempo no comian algo asi.
El niño terminó de comer y levantó la mirada.
—Gracias.
Sonrei.
—No tienes nada que agradecer.
La joven dejo los cubiertos sobre la mesa.
—Me llamo Emira.
Señalo al pequeño.
—Y él es mi hermano, Priemo.
—Yo soy Mélon.
Priemo sonrió timidamente.
—Gracias, Mélon.
En ese momento se me partió el corazon, cuando miré a Kállos ella tambien se encontraba con una mirada de lastima.
Después terminar de comer, los lleve hasta una de las habitaciónes.
—Pueden dormir lo que deseen.
Emira observó la habitación.
—¿Los dos?
—Si, es suya.
—¿Por cuanto tiempo?
—El que ustedes quieran.
Ella me miró sin comprénder.
—Esta casa es mia puede estar y hacer lo que quieran, utilicen la habitación mientras lo necesiten.
Después de eso los deje descansar.
Aquella noche me fui a dormir sin pensar demasiado en lo ocurrido.
No sabía que los hermanos pasarían varias horas hablando entre ellos, aunque mucho despues Emira me lo contaria.
Ella permanecia sentada junto a su hermano.
—No entiendo por qué hizo esto.
Priemo la miró.
—Dijo que no quería nada.
—Eso es lo que me preocupa.
—¿Crees que nos hará daño?
Emira negó lentamente.
—No lo se.
Ambos habían aprendido a desconfiar incluso de las buenas acciones, para ellos alguien que pagaba por unos esclavos debia tener alguna intención detras.
Por eso mientras todos dormian, Emira decidíó averiguarlo por si misma.
Se levantó y caminó hasta mi habitación.
Abrí los ojos al escuchar la puerta.
—¿Emira?
Ella entró lentamente.
—Perdon.
Me incorporé.
—¿Qué sucede?
No respondió, se acercó a la cama y comenzó a quitarse parte de la ropa.
La detuve inmediatamente.
—Espera.
Ella se quedo quieta.
—¿Qué estás haciendo?
—Quiero pagar nuestra deuda.
—No tienen ninguna deuda conmigo.
—Nos compraste.
—Para ayudarlos.
—Pero...
—Emira, no nesecitas hacer esto.
Ella me miró confundida.
—¿Por qué?
—Porque no los compré para aprovecharme de ustedes, ya se los dije antes.
Permaneció en silencio.
—Solo quería ayudarlos. Eso es todo.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
—Nunca nadie hizo algo asi por nosotros.
No supe que responder, solo la abracé para calmarla.
—Vuelve con tu hermano. Descansa.
Emira asintió lentamente.
Antes de salir, se detuvo.
—Entonces...quiero servirle.
—No hace falta.
—Quiero hacerlo.
—Emira... podemos hablarlo mañana.
—Por favor.
La miré durante un segundo.
—Haz lo que quieras, pero no porque me deban algo.
Ella asintió.
—Entendido.
Al día siguiente, cuando desperté encontré la casa completamente ordenada.
La comida estaba preparada y todo parecía estar en su lugar.
Emira estaba en la cocina.
Priemo barria una de las habitaciónes.
—¿Qué estan haciendo?
Emira se giró.
—Estamos ayudando.
—No necesitan hacerlo.
—Queremos hacerlo.
Intenté convencerlos varias veces durante los siguientes días.
Nunca funcionó.
Emira comenzó a encargarse de la cocina y de los mandados, mientras Priemo limpiaba y ayudaba con tareas de la casa.
Yo continuaba entrenando con las soldados durante el dia y, cuando regresaba, todo estaba listo.
Una noche decidí contarle todo a Kállos.
—Así que ahora tienes una joven viviendo en tu casa-dijo Kállos.
—Y a su hermano.
—Ya veo.
Noté algo extraño en su tono.
—¿Qué sucede?
—Nada.
—Kállos...
Ella tomó un gran sorbo de su bebida.
—Solo digo que parece que estás recibiendo bastante ayuda.
—No es lo que piensas.
—No he dicho que piense nada.
Milena soltó una pequeña risa.
—Claro que no.
Kállos la miró.
—Tu no te metas.
No pude evitar reir.
La conversación terminó poco despues.
A la mañana siguiente recibimos una llamada del rey.
Stelios nos esperaba en el castillo.
Cuando entramos, tambien estaban Kallias y algunos comandantes.
El rostro del rey era serio.
—Los Aserios han comenzado a marchar hacia Wilders.
Sentí que la tranquilidad de los últimos días desaparecía.
—¿Cuántos?-pregunté.
—Todavia no lo sabemos con exactitud. Pero sabemos que son miles y que vienen hacia nuestras tierras.
Kallias dio un paso al frente.
—Debemos interceptarlos antes de que alcancen los poblados.
Stelios asintió.
—Partirán mañana.
Sabía lo que eso significaba.
Otra vez tendría que abandonar Apameia y enfrentar en campo abierto a estos malditos.
Cuando regresé a casa esa tarde, encontré a Emira y Priemo preparando la cena.
Los observe durante unos segundos.
—Tengo que irme mañana.
Emira dejo lo que estaba haciendo.
—¿A dónde?
—A luchar contra los Aserios.
Priemo se quedo callado.
—¿Volverás?
—Eso espero.
Me acerque a ellos.
—Mientras no este, esta casa queda a su cargo.
Emira abrío los ojos.
—¿Nuestro?
—Sí.
—Pero...
—Solo cuidense.
Ella asintió.
—Lo haremos.
Esa noche Griseia nos visito y comio con nosotros.
—Quiero pedirte un favor.
—¿Qué sucede?
—Ellos dos viven aqui ahora, son hermanos y se llaman Emira y Priemo.
Le explique brevemente lo ocurrido.
—Quiero que vengas a verlos cuando tengas tiempo mientras no estoy.
La princesa sonrió.
—Claro que lo hare.
—Si necesitan algo, ayudalos.
—Puedes estar tranquilo.
—Muchas gracias.
Al día siguiente, antes de partir, me despedí de los dos hermanos.
Priemo me abrazó.
Emira simplemente nos miró e inclinó la cabeza levemente.
—Gracias por todo, Mélon.
Sonrei.
—Cuidense.
Salí de mi casa y miré una última vez hacia atras.
Había pasado poco tiempo desde que había comenzado a llamarla mia.
Ahora, por primera vez, sentí que realmente había algo alli que quería proteger.
Y mientras cabalgaba hacia la entrada para reunirme con el ejército, solo podía pensar en una cosa.
Los Aserios habían regresado.