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Vidas Cruzadas

Vidas Cruzadas

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Un solo segundo bastó para cambiarlo todo. Un segundo y una mirada que nunca debió ocurrir. Cuando nos conocimos, ambos teníamos la vida resuelta: metas trazadas, rutinas intactas y alianzas selladas con un anillo. Ninguno buscaba nada. Sin embargo, la atracción fue inmediata, inevitable y devastadora. Estábamos casados con otras personas, pero el destino insistía en cruzarnos una y otra vez. ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona correcta en el momento equivocado? Una historia de deseo prohibido, lealtades puestas a prueba y dos vidas unidas por un hilo invisible.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El divorcio

El sol de la fría mañana de octubre iluminaba la imponente fachada de cristal del edificio corporativo donde trabajaba Alejandro.

Sofía cruzó las puertas giratorias con una calma que a ella misma le sorprendía. No había rastro de la mujer llena de dudas, temerosa y cargada de culpas que había deambulado por los pasillos semanas atrás. Llevaba puesto un traje sastre de líneas limpias en tono gris plomo, unos tacones finos que resonaban con autoridad sobre el mármol y, dentro de su maletín de cuero, una carpeta perfectamente organizada que contenía el documento definitivo: la demanda de divorcio, redactada por sus abogados y firmada de su puño y letra la noche anterior.

En la recepción de la planta ejecutiva, las asistentes levantaron la vista al verla llegar. Sin embargo, antes de que ninguna pudiera atreverse a formular una pregunta o levantar el teléfono para anunciar su visita, el instinto de subordinación hizo efecto. Nadie se atrevía a detener a la señora Ferrer; para el personal del corporativo, ella seguía siendo la impecable y respetada esposa del alto directivo.

—Buenos días, licenciada —saludó la recepcionista con una reverencia automática.

—Buenos días —respondió Sofía con voz serena, avanzando sin detener el paso por el pasillo privado.

Al doblar hacia el despacho principal de su esposo, notó un detalle que le facilitó las cosas: el escritorio de Valeria, la secretaria personal, estaba completamente vacío. No había tazas de café humeantes, ni llamadas en espera, ni rastro de su presencia.

Sin darle la más mínima importancia a la ausencia de la joven, Sofía continuó su camino directo hacia la imponente puerta de madera doble de la oficina de Alejandro. Sabía que él se encontraba adentro, pues había visto su vehículo estacionado en el área privada del subterráneo.

No tocó a la puerta. No consideró necesario guardar las formas con un hombre que había convertido su vida en una mentira sistemática.

Giró el picaporte con firmeza y empujó el pesado madero hacia adentro.

La escena que se proyectó ante sus ojos fue tan cruda y descarada que, por un segundo, el tiempo pareció detenerse. Sobre el amplio escritorio de nogal, con los papeles corporativos tirados por el suelo y en una actitud de desenfreno absoluto, Alejandro y Valeria se encontraban inmersos en una intimidad vulgar y grosera, aprovechando la supuesta privacidad de la oficina a plena luz del día.

El contraste entre la elegancia del despacho y la bajeza de la escena fue absoluto.

En lugar de sentir el desgarrador dolor en el pecho que habría esperado semanas atrás, una ola de asco profundo, viscoso y helado recorrió todo el cuerpo de Sofía. Sintió repulsión no solo por la infidelidad explícita, sino por haber compartido años de su vida con un hombre tan cínico, hueco y carente de principios.

Pero ese asco, lejos de quebrarla, se transformó de manera instantánea en una descarga de poder puro. Una fuerza inquebrantable le encendió la sangre, dándole el valor definitivo para aplastar los restos de su pasado.

Un ruido seco al cerrar la puerta tras de sí hizo que ambos se sobresaltaran.

Alejandro giró la cabeza con desesperación. Al ver a Sofía de pie junto al umbral, con la mirada fría y calculadora clavada en él, se quedó pálido como un cadaver. Se apartó de Valeria de un tropezón, intentando arreglarse la ropa y abotonarse la camisa con manos temblorosas, mientras la joven secretaria se reincorporaba avergonzada, recogiendo su blusa con torpeza.

—Sofía... yo... esto no es lo que parece... —balbuceó Alejandro, perdiendo por completo la imponente compostura que solía presumir ante el mundo.

Sofía no alzó la voz. No gritó, ni lloró, ni hizo el desplante que cualquier otra mujer habría protagonizado en su lugar. Caminó con paso firme y pausado hacia el centro de la oficina, mirándolos con una lástima tan evidente que hirió el orgullo de Alejandro mucho más que un insulto.

Se detuvo frente al escritorio, abrió su maletín de cuero con lentitud y extrajo los folios perfectamente ordenados.

Sin pronunciar una sola palabra de reproche, deslizó los papeles sobre la madera, justo al lado del desorden que acababan de dejar.

—Guarda tus explicaciones, Alejandro. No me interesan las mentiras de un cobarde —dijo Sofía con una voz tan gélida y filosa que hizo eco en las paredes del despacho—. No vine a armar un escándalo en tu oficina. Vine a facilitarte las cosas.

Alejandro bajó la vista hacia los documentos con los ojos abiertos de par en par. En la parte inferior de la última página, la firma de Sofía destacaba con tinta negra, clara e irrevocable.

—¿Qué es esto? —preguntó él en un hilo de voz, con el terror pintado en el rostro al comprender las implicaciones legales de lo que tenía enfrente.

—Es tu libertad... y la mía —respondió Sofía, dándose media vuelta con una elegancia impecable, lista para cruzar la puerta hacia su nueva vida—. Mis abogados se pondrán en contacto contigo esta misma tarde. No te preocupes por el patrimonio ni por las apariencias; quédate con tu mundo de mentiras. Yo prefiero empezar de cero.

Sin mirar atrás, con la cabeza en alto y el corazón latiendo desbocado pero libre por fin de cadenas, Sofía salió de la oficina, dejando a su exesposo paralizado entre los escombros de su propio imperio de cristal.

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Rocio Raymundo
que matrimonio sin nada de amor que horror
Mirtha Van Meegroot
no pueden publicar novelas que no tienen final..... es muy malo!!!!!!..
Yolanda Beatriz Contreras Giménez
QUE PASA ESCRITORA QUE NO ACTUALIZAS ESTA HERMOSA NOVELA SE PIERDE EL ENTUSIASMO Y YO TE LEO MUCHO
Alexandra Ortiz Posada
Amo este hombre, que lindo es con ella🥰
Alexandra Ortiz Posada
Que bien, sin secretos y sin renunciar a ese gran amor 🥰
Alexandra Ortiz Posada
Por favor, que esto no los separe😞
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕gracias
Alexandra Ortiz Posada
Así es que se trata a esos desgraciados, sin darles ninguna importancia
Isela Aguirre
excelente inicio autora 👏saludos
Ysabel Correa: Gracias 🥰
total 1 replies
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