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EL ANGEL DE LA MAFIA

EL ANGEL DE LA MAFIA

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:992
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

SIN ESPOILER

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA MENTIRA MÁS CRUEL

La tarde había caído lentamente sobre la casa.

Lia llevaba horas esperando.

Horas mirando hacia la puerta.

Horas intentando convencerse de que Brayan regresaría con su hijo.

Cada vez que escuchaba un automóvil pasar por la calle, levantaba la cabeza.

Cada vez que escuchaba pasos a lo lejos, pensaba que podía ser él.

Pero la puerta continuaba cerrada.

Y su bebé seguía sin aparecer.

Lia estaba sentada sobre el colchón, completamente agotada.

Tenía los ojos hinchados de tanto llorar.

Una y otra vez repetía las mismas palabras.

—Va a regresar.

Se abrazó a sí misma.

—Va a regresar con mi bebé.

No quería pensar en otra posibilidad.

No podía.

Entonces escuchó la puerta.

Lia levantó la cabeza inmediatamente.

El corazón comenzó a latirle con fuerza.

—Brayan…

Se levantó como pudo y salió de la habitación.

La puerta se abrió.

Brayan entró.

Pero venía solo.

Lia miró detrás de él.

Nada.

Sus ojos buscaron desesperadamente al bebé.

—¿Dónde está?

Brayan cerró la puerta.

—Lia…

Ella se acercó.

—¿Dónde está mi hijo?

Brayan no respondió.

Lia sintió que algo dentro de ella comenzaba a hundirse.

—¿Dónde está?

Él bajó la mirada.

—Tenemos que hablar.

—No.

Lia negó rápidamente.

—Primero dime dónde está.

Brayan permaneció callado.

—¡Dime dónde está!

Su voz se quebró.

Brayan respiró profundamente.

—El bebé…

Hizo una pausa.

—No sobrevivió.

Lia se quedó completamente inmóvil.

Durante unos segundos pareció no entender las palabras.

—¿Qué?

—Mvr1ø.

El mundo pareció detenerse.

Lia abrió los ojos.

—No.

Brayan no dijo nada.

—No.

Ella negó nuevamente.

—No puede ser.

—Lo siento.

—¡No!

Lia retrocedió.

—¡No me mientas!

Brayan mantuvo una expresión fría.

—No te estoy mintiendo.

—¡Yo lo vi!

Las lágrimas comenzaron a caer.

—Estaba vivo.

—Estaba muy débil.

—¡Pero estaba vivo!

Lia llevó ambas manos hacia su pecho.

—¿Qué pasó?

—Se puso peor.

—¿Dónde lo llevaste?

Brayan evitó su mirada.

—No pude hacer nada.

—¿A qué lugar lo llevaste?

—Lia…

—¡Dime dónde!

Brayan guardó silencio.

Ella lo miró desesperada.

—Quiero verlo.

Él negó.

—No.

—Quiero despedirme.

—No tiene sentido.

—¡Es mi hijo!

La voz de Lia resonó por toda la casa.

Brayan la observó.

—Ya no puedes hacer nada.

Lia comenzó a llorar desconsoladamente.

—No…

Se llevó una mano a la boca.

—No puede estar mv3rtø

Se dejó caer lentamente sobre el colchón.

—No puede…

Brayan permaneció de pie.

Y entonces, en lugar de consolarla, pronunció las palabras que llevaba tiempo queriendo decir.

—Ni siquiera pudiste darle un hijo sano.

Lia levantó la cabeza.

Su rostro estaba cubierto de lágrimas.

—¿Qué?

—Lo escuchaste.

Brayan cruzó los brazos.

—Ni siquiera pudiste hacer eso bien.

Lia lo miró incrédula.

—Yo no elegí que naciera débil.

—Pero era tu responsabilidad.

—¡Yo estaba sola!

—Y aun así no pudiste.

Lia sintió que aquellas palabras le atravesaban el corazón.

—Yo hice todo lo que pude.

—No fue suficiente.

—¡Era mi bebé!

—Y ahora está mv3rtø

Lia cerró los ojos.

Aquella palabra volvió a repetirse en su cabeza.

Mv3rtø.

Mu3rtø.

Mu3rtø.

Pero una parte de ella se negaba a aceptarlo.

Recordaba perfectamente el momento en que lo sostuvo.

Su pequeño cuerpo.

Su llanto débil.

La sensación de tenerlo cerca.

—Él estaba conmigo…

Lia comenzó a llorar otra vez.

—Lo abracé.

Su voz temblaba.

—Le dije que lo quería.

Brayan no respondió.

—Me prometí que lo protegería.

Lia apretó las manos.

—Y fallé.

Brayan la miró con indiferencia.

—Sí.

Lia levantó la mirada.

Aquella respuesta la destrozó.

—No vuelvas a decir eso.

—Es la verdad.

—¡No!

Por primera vez, Lia gritó.

—¡No tienes derecho!

Brayan frunció el ceño.

—Cálmate.

—¡Tú te lo llevaste!

—Porque estaba enfermo.

—¡Pero yo quería estar con él!

—¿Para qué?

Lia se quedó sin palabras.

—No habrías podido hacer nada.

—¡Era mi hijo!

Brayan dio un paso hacia ella.

—Y yo fui quien tuvo que encargarse.

Lia lo miró.

—¿Dónde está?

—Ya te dije.

—Quiero saber dónde está.

—No necesitas saberlo.

Ella negó con la cabeza.

—No te creo.

Brayan se quedó callado.

—No te creo —repitió Lia.

Algo en su interior comenzaba a decirle que había algo extraño.

Si el bebé había muerto…

¿Por qué Brayan no le explicaba dónde?

¿Por qué no la había llevado a verlo?

¿Por qué había regresado solo?

Pero el dolor era demasiado grande para pensar con claridad.

Lia se abrazó a sí misma.

—Quiero a mi hijo.

Brayan la observó.

—Tienes que aceptar que se fue.

Lia cerró los ojos.

—No.

—Lia.

—No.

Su voz era apenas un susurro.

—No voy a aceptar que mvr1ø

Brayan negó con la cabeza.

—Haz lo que quieras.

Se dio la vuelta.

Lia lo miró alejarse.

—Brayan.

Él se detuvo.

—¿Qué?

—Si estás mintiendo…

Brayan la miró por encima del hombro.

Lia tenía lágrimas en los ojos.

—Nunca te lo voy a perdonar.

Por un instante, algo cambió en la expresión de Brayan.

Pero desapareció rápidamente.

—Descansa.

Y se marchó.

---

Cuando la puerta se cerró, Lia quedó completamente sola.

Se acostó lentamente.

Su cuerpo estaba agotado.

Pero su mente no podía detenerse.

Recordaba a su bebé.

Recordaba haberlo sostenido.

Recordaba haberle hablado.

—Mi niño…

Las lágrimas volvieron.

—Perdóname.

Apretó una almohada contra su pecho.

—Perdóname por no haber podido protegerte.

Pero entonces recordó algo.

La última vez que había visto a Brayan antes de quedarse dormida, el bebé estaba vivo.

Brayan había llegado después.

Se lo había llevado.

Y luego había regresado sin él.

Lia abrió los ojos.

Una duda apareció en su mente.

Una duda pequeña.

Pero persistente.

—¿Y si está mintiendo?

La idea la hizo incorporarse.

Respiró profundamente.

—No.

Intentó convencerse.

Pero la sospecha ya estaba allí.

---

Muy lejos de aquella casa, Brayan se encontraba en otro lugar.

Una mujer abrió la puerta.

Era su novia.

Ella miró inmediatamente al bebé que Brayan llevaba en brazos.

—¿Cómo está?

—Débil.

La mujer se acercó.

—Tenemos que llevarlo a un médico.

Brayan asintió.

—Lo sé.

Ella miró al pequeño con preocupación.

—¿Y Lia?

Brayan permaneció en silencio unos segundos.

—Le dije que mvr1ø

La mujer abrió los ojos.

—¿Qué?

—No podía dejarlo con ella.

—Pero es su madre.

—No me importa.

La mujer miró al bebé.

—Esto puede meterte en problemas.

Brayan respondió con frialdad.

—Nadie va a encontrarlo.

La mujer no parecía convencida.

—Brayan…

—Dije que nadie lo encontrará.

El bebé volvió a emitir un sonido débil.

La expresión de Brayan cambió por un instante.

—Necesita atención.

—Entonces vamos.

La mujer tomó las llaves.

Ambos se prepararon para salir.

Mientras tanto, Lia seguía en la casa.

Llorando por un hijo que creía muerto.

Sin saber que estaba vivo.

Sin saber que Brayan le había mentido.

Sin saber dónde se encontraba.

Y sin imaginar que algún día descubriría la verdad.

Pero aquella mentira no permanecería oculta para siempre.

Porque el bebé seguía con vida.

Y mientras Lia lloraba su supuesta pérdida…

su pequeño hijo continuaba luchando por sobrevivir.

La historia todavía no había terminado.

Ni mucho menos.

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