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Destinos Cruzados

Destinos Cruzados

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Aventura / Completas
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Jairy Erismar Ramirez

Elena busca el orden y la perfección; Julián vive bajo sus propias reglas. Cuando sus caminos se crucen en la academia, descubrirán que el destino tiene un plan completamente diferente para los dos. ¿Podrá el amor romper sus defensas?

NovelToon tiene autorización de Jairy Erismar Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El reencuentro y un legado de amor

Habían pasado tres largos años desde aquella dolorosa mañana en que el señor Arturo tocó fondo, abandonando su antigua vida y enfrentándose a la crudeza del mundo. Tres años de reconstruirse desde el fango, de aprender a sobrevivir paso a paso y de luchar en silencio contra el peso de la ausencia de su hijo Julián. Contra todo pronóstico, gracias a su innegable astucia para el mundo empresarial y su resiliencia, Arturo había logrado ponerse en pie nuevamente. No era el mismo hombre arrogante del pasado; ahora la humildad guiaba sus pasos, pero su mente brillante para las finanzas seguía intacta, lo que le permitió recuperar gran parte de su estatus y sus negocios.

​Por cuestiones laborales y el cierre de un importante contrato internacional, el destino lo trajo de regreso a la ciudad que alguna vez llamó hogar. El señor Arturo caminó por los pasillos de la imponente empresa con un andar firme pero tranquilo, observando el movimiento de los empleados. A pesar de los lujos que volvían a rodearlo, en su corazón siempre había un vacío que nada podía llenar: el recuerdo de su hijo.

​Mientras revisaba unos documentos en la recepción principal antes de entrar a una reunión, las puertas de cristal de la entrada se abrieron. Arturo levantó la vista casualmente y se quedó petrificado. Su corazón dio un vuelco violento en su pecho.

​Caminando con elegancia y una carpeta en sus manos, Elena apareció en la empresa.

​Se veía hermosa, más madura, pero con esa misma mirada noble que siempre la había caracterizado. Elena se había presentado en el lugar para postularse a una vacante en el área administrativa, buscando una mejor oportunidad para salir adelante. Al cruzar miradas con el señor Arturo, ella también se detuvo en seco, abriendo los ojos de par en par por la sorpresa. Ninguno de los dos imaginaba encontrarse en ese lugar después de tanto tiempo y de tantas tragedias compartidas.

​Tras el impacto inicial, el señor Arturo no pudo evitar acercarse a ella. Aunque al principio hubo tensión y recuerdos dolorosos del pasado, el tiempo había limado las asperezas. Arturo, movido por la culpa y el deseo de enmendar los errores de antaño, decidió contratarla de inmediato.

​Al principio, su relación en la empresa era estrictamente profesional, llena de un respeto silencioso. Sin embargo, al paso de los meses y compartiendo el día a día en la oficina, la confianza fue regresando poco a poco. Arturo notaba que Elena a veces se distraía mirando el reloj por las tardes, mostrando una prisa inusual por salir a tiempo, y una ternura en su rostro que antes no tenía.

​La verdad no tardó en salir a la luz. Una tarde de lluvia, Elena tuvo una emergencia y no tuvo más remedio que pedirle permiso al señor Arturo para llevar a alguien a la oficina por un par de horas antes de que cerraran la empresa. Arturo aceptó de inmediato, sin imaginarse lo que estaba por suceder.

​Minutos después, la puerta de la oficina se abrió y Elena entró sosteniendo de la mano a un pequeño niño de unos dos años y medio. El niño tenía unos rizos rebeldes, unas mejillas sonrosadas y unos ojos brillantes que al señor Arturo le resultaron dolorosamente familiares.

​—Señor Arturo, le presento a mi hijo —dijo Elena con una sonrisa tímida, pero llena de orgullo maternal.

​El señor Arturo se levantó lentamente de su silla, sintiendo que las piernas le temblaban. Se agachó a la altura del pequeño, quien lo miraba con total inocencia y una chispa de alegría. Fue en ese preciso instante de revelación cuando el rompecabezas se armó en su mente. Las fechas, los ojos del niño, la mirada de Elena... todo encajaba.

​Con el corazón latiéndole a mil por hora y los ojos inundados de lágrimas, Arturo descubrió la verdad más hermosa de su vida: era abuelo de ese hermoso niño.

​—¿Cómo se llama? —preguntó Arturo con la voz completamente rota por la emoción, temiendo que el aire se le escapara de los pulmones.

​Elena miró al niño con infinito amor, luego fijó sus ojos en el anciano y respondió con suavidad:

​—Se llama Julián... Como su papá.

​Al escuchar ese nombre, las lágrimas del señor Arturo rodaron libres por sus mejillas. El dolor que había cargado durante tres años pareció aligerarse de golpe. Julián no se había ido del todo; había dejado un pedazo de su alma en ese hermoso niño. Arturo extendió sus manos temblorosas y, con el permiso de Elena, abrazó fuertemente a su nieto, prometiéndose a sí mismo en silencio que jamás volvería a dejarlos solos y que protegería el legado de su hijo con su propia vida.

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