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Bajo La Piel Del Látigo

Bajo La Piel Del Látigo

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Romance
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Catrina no nació cruel; la forjaron a golpes de desprecio y una traición devastadora de su tío, quien le arrebató las tierras de su padre y su inocencia. Hoy, es "La Generala", la mujer que gobierna el pueblo con puño de hierro y cuyo corazón parece de piedra volcánica.

​La paz armada de su mundo se altera con la llegada de Máximo, un joven heredero acostumbrado a los lujos de la capital y a que el mundo gire a sus pies. Castigado por su abuelo para "hacerse hombre" en la hacienda vecina, Máximo llega con arrogancia, pero se estrella contra la realidad de un pueblo que no le teme a su apellido. El destino los obliga a convivir cuando una amenaza externa pone en riesgo las tierras de ambos. Mientras Máximo descubre que la vida es más que fiestas, Catrina se enfrenta a un dilema: ¿puede el amor de un "niño mimado" sanar las cicatrices de una traición familiar, o terminará él siendo una víctima más de su sed de venganza?

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capitulo 16

​El sol de la mañana ya no caía sobre un valle resignado a la muerte. El estruendo de los helicópteros de la prensa había cesado, dejando tras de sí un silencio tenso, pero bajo ese silencio corría algo nuevo: el sonido del metal golpeando la piedra y el murmullo de hombres que trabajaban con un propósito.

​Máximo estaba en el centro de la actividad, con una tabla de notas en la mano y la camisa empapada de sudor. Sus botas, aquellas que alguna vez brillaron en los aeropuertos, estaban ahora cubiertas de una costra de barro seco que él ya ni siquiera se molestaba en limpiar. Estaba coordinando la construcción del sistema de riego compartido, un laberinto de tuberías y canales que conectaría el manantial alto de "El Renacer" con los potreros sedientos de su tía Elena en "La Esperanza".

​—¡Ajusten la válvula de presión en el sector cuatro! —gritó Máximo, señalando hacia el lindero—. Si el caudal sube demasiado rápido, los sellos de goma no aguantarán la fricción.

​Los peones, hombres que semanas atrás se reían a sus espaldas llamándolo "el principito", obedecieron sin dudar. Había algo en la forma en que Máximo se movía —una mezcla de precisión técnica y una voluntad que no se doblegaba ante el calor— que se había ganado un respeto silencioso. Ya no lo veían como un turista; lo veían como el hombre que había descifrado los contratos del banco y que ahora estaba devolviendo la vida a la tierra.

​El Agua como Alianza

​Catrina observaba desde lo alto de un montículo, montada sobre su semental. Sus dedos jugaban con las riendas, pero sus ojos estaban fijos en Máximo. Sentía una punzada de extrañeza en el pecho. Durante años, "El Renacer" había sido un reino absoluto donde su palabra era la única ley y su fuerza la única protección. Ver a un extraño —a ese extraño— moviendo a su gente y rediseñando la geografía de su herencia le provocaba un vértigo desconocido.

​Sin embargo, cuando vio cómo el primer chorro de agua cristalina brotaba de una tubería en las tierras de la tía Elena, bañando los surcos agrietados, Catrina sintió que un peso de plomo se levantaba de sus hombros.

​Bajó del caballo y caminó hacia donde Máximo revisaba un manómetro. Al sentirla cerca, él se enderezó. Sus ojos se encontraron y, por un segundo, el recuerdo del beso en el despacho flotó entre ellos como una descarga eléctrica. Máximo fue el primero en romper la tensión con una sonrisa cansada pero orgullosa.

​—El flujo es constante, Catrina —dijo él, señalando el valle—. En una semana, el pasto volverá a ser verde. Elías ya no puede chantajearte con la sed de tus animales. Hemos creado un circuito cerrado que nos hace independientes del cauce principal durante tres meses.

​—Lo hiciste —respondió ella. Su voz era baja, despojada de su habitual aspereza—. Convenciste a los peones de trabajar doble turno y lograste que mi tía y yo firmáramos un acuerdo de tierras compartidas. Algo que mi padre nunca hubiera permitido.

​—Tu padre vivía en un mundo de fronteras, Catrina. Pero Elías es un enemigo que no respeta cercas. La única forma de vencerlo es borrando esas líneas —Máximo dio un paso hacia ella, bajando el tono—. No estás perdiendo el mando. Estás ganando una fortaleza.

​La Carga Compartida

​Catrina desvió la mirada hacia los hombres que celebraban la llegada del agua. Uno de sus capataces más antiguos se acercó a Máximo, dándole una palmada en el hombro y ofreciéndole un trago de agua de su cantimplora. Fue un gesto de camaradería que Catrina nunca había visto hacia un forastero.

​Sintió una oleada de vulnerabilidad. Durante tanto tiempo había llevado el peso de la hacienda, el odio de su tío y la supervivencia de su apellido como una armadura que la asfixiaba. Siempre pensó que si cedía un milímetro del control, todo se derrumbaría. Pero allí estaba Máximo, manejando la logística, las finanzas y la ingeniería, permitiéndole a ella simplemente... respirar.

​—Me asusta —confesó ella de repente. Sus manos, usualmente cerradas en puños, descansaban relajadas a los costados—. Me asusta que este lugar ya no me necesite de la misma forma.

​Máximo dejó la tabla de notas sobre un poste de la cerca y la miró con una seriedad que la desarmó.

​—Este lugar siempre te va a necesitar, Jefa. Eres el corazón de esta tierra. Pero incluso un corazón necesita que el resto del cuerpo trabaje. Déjame ser el resto del cuerpo por un tiempo. Déjame llevar la carga administrativa y técnica mientras tú te encargas de que Elías no cruce la línea.

​Ella asintió lentamente. Por primera vez en su vida adulta, la soledad del mando se sentía menos pesada. Ya no era ella contra el mundo; eran ellos contra la injusticia.

​El Respeto del Pueblo

​Por la tarde, mientras caminaban de regreso a la casona, la gente del pueblo que trabajaba en las tierras vecinas se quitaba el sombrero al paso de Máximo.

​—Buenas tardes, Don Máximo —decían, con una sinceridad que no tenía el tinte del miedo que solían mostrar ante Catrina.

​—¿"Don Máximo"? —se burló ella, aunque sus ojos brillaban con una diversión contenida—. Parece que el "niño de seda" se ha convertido en el patrón del valle.

​—Solo soy el hombre que sabe dónde poner los tubos, Catrina —rio él—. Pero no te preocupes, sé que la verdadera Jefa sigue usando espuelas de plata.

​Esa noche, el ambiente en la hacienda era de celebración contenida. El agua fluía, las cuentas estaban claras y el sistema de riego era una realidad. Catrina, sentada en el porche, observaba a Máximo discutir los planes de siembra para el próximo mes con la tía Elena. Vio cómo su tía le acariciaba el cabello con ternura y cómo Máximo le explicaba algo sobre fertilizantes orgánicos con una paciencia infinita.

​Catrina comprendió que el resurgir de la hacienda no era solo una cuestión de agua y tuberías. Era el resurgir de la esperanza en un lugar que solo conocía la guerra. Y mientras el sonido del agua corriendo llenaba el aire nocturno, ella aceptó que compartir la carga no era una debilidad, sino la mayor de las fortalezas. Máximo ya no era un invitado; era parte del engranaje de su vida. Y por primera vez en años, Catrina no sintió la necesidad de empuñar su arma para sentirse segura. La seguridad estaba allí, sentada a la mesa, descifrando el futuro con una pluma y un plano.

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valeska garay campos
se lee interesante 🤔👀
Silvia Chena
ES BUENÍSIMA LA NOVELA
Lobelia ❣️
👍👏
Silvia Chena
Algún problema va a traer, esa mina
Lobelia ❣️
muy bueno 👍👍
Lobelia ❣️
☺️👍👍🥰
Lobelia ❣️
me gusta sigues 👍👍
Celina Espinoza
gracias por compartir tu historia 🥰
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