—¿Si pudieras volver atrás... te enamorarías otra vez de mí? —le pregunté.
Dante no respondió enseguida.
Solo me miró con esa calma que siempre lograba desarmarme.
—La verdadera pregunta, Valeria... es si tú volverías a alejarte de mí.
No contesté.
Porque los dos conocíamos la respuesta.
Mi nombre es Valeria.
Durante mucho tiempo creí que las historias de amor estaban hechas para mujeres distintas a mí. Mujeres bonitas. Seguras de sí mismas. Mujeres que no tenían que vender su cuerpo para pagar el alquiler de un pequeño apartamento en Nueva York.
Entonces apareció Dante De Luca.
Un hombre del que todos hablaban, pero al que muy pocos conocían de verdad.
Yo pensaba que él sería el mayor problema de mi vida.
Qué equivocada estaba.
Porque enamorarme de Dante fue fácil.
Lo difícil fue sobrevivir a todo lo que llegó después.
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Capítulo 20 : Después del silencio
...DANTE...
Nunca imaginé que el silencio pudiera decir tanto.
La lluvia continuaba golpeando los ventanales con la misma intensidad que al comienzo de la noche, pero dentro del apartamento todo parecía suspendido en un tiempo distinto. El mundo seguía avanzando ahí fuera; sin embargo, entre aquellas cuatro paredes solo existía la calma que llega después de una tormenta.
Valeria descansaba entre mis brazos.
Su respiración, todavía ligeramente agitada, recuperaba poco a poco un ritmo sereno. Con los ojos cerrados y el rostro completamente relajado, parecía una mujer distinta a la que conocía en el club. Allí siempre llevaba una sonrisa cuidadosamente medida y una fortaleza que utilizaba para protegerse a sí misma y a las demás. Ahora no fingía nada. Era simplemente Valeria.
Deslicé los dedos por su cabello aún húmedo mientras intentaba comprender qué acababa de cambiar dentro de mí.
Había compartido mi cama con otras mujeres.
Ninguna había permanecido en ella hasta el amanecer.
Nunca lo permití.
Siempre existía una distancia cuidadosamente construida, una barrera invisible que levantaba antes de que alguien creyera tener un lugar en mi vida. Era más sencillo mantener el control cuando nadie esperaba quedarse.
Con Valeria había ocurrido justo lo contrario.
En ningún momento pensé en levantarme o pedirle que se marchara. Lo único que deseaba era seguir sintiendo el peso de su cuerpo apoyado contra el mío y memorizar aquella extraña sensación de paz que hacía años no experimentaba.
Ella se movió apenas unos centímetros y levantó lentamente la cabeza. Nuestros ojos volvieron a encontrarse sin necesidad de palabras. Había demasiadas cosas flotando entre nosotros para intentar explicarlas.
—¿Qué pasa? —preguntó con una voz suave, casi perdida entre el sonido de la lluvia.
Negué despacio.
—Nada.
Una sonrisa tímida apareció en sus labios.
—Eso no es verdad.
No pude evitar suspirar.
—Estoy intentando entender por qué siento que te conozco desde hace mucho más tiempo del que realmente hace.
Sus mejillas adquirieron un leve tono rosado. Bajó la mirada durante unos segundos antes de volver a buscar la mía.
—Yo también siento algo parecido.
El silencio regresó, pero ya no resultaba incómodo. Era cálido, tranquilo, el tipo de silencio que solo existe cuando dos personas dejan de sentirse obligadas a llenar cada espacio con palabras.
Valeria comenzó a recorrer distraídamente una de las líneas de mis tatuajes con la yema de sus dedos.
—Nunca pensé que alguien como tú pudiera ser así.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿Así cómo?
—Tranquilo.
Aquella respuesta consiguió arrancarme una sonrisa que ni siquiera intenté ocultar.
Hacía años que nadie utilizaba esa palabra para describirme.
—Creo que eres la única persona que piensa eso.
Ella negó con suavidad.
—No. Solo creo que nadie se ha quedado el tiempo suficiente para descubrirlo.
Sus palabras encontraron un lugar incómodo dentro de mí porque eran ciertas.
Nadie se había quedado.
Nunca había permitido que lo hicieran.
La observé unos instantes antes de apartar con cuidado un mechón de cabello de su rostro.
—Valeria...
Ella levantó la vista.
—A partir de hoy las cosas cambian.
La serenidad desapareció lentamente de su expresión.
—¿Por qué lo dices?
Sostuve su mirada antes de responder.
—Porque ya saben quién eres. El hombre que está detrás de todo esto no va a rendirse tan fácilmente.
Vi el miedo cruzar fugazmente por sus ojos, antes de que pudiera decir una sola palabra, tomé su mano entre las mías.
—Pero tampoco volverás a enfrentarlo sola.
Ella no respondió de inmediato. Solo entrelazó lentamente sus dedos con los míos. No era el gesto de alguien que buscaba refugio, sino el de una mujer que había decidido confiar.
Y esa confianza pesaba mucho más que cualquier promesa.
El sonido de un teléfono vibrando sobre la mesa de noche rompió la tranquilidad de la habitación.
Reconocí el tono al instante.
Lorenzo.
Durante unos segundos me limité a observar el aparato sin moverme. No quería contestar. Por primera vez en mucho tiempo deseaba ignorar todo lo que existía fuera de aquel apartamento.
Valeria siguió la dirección de mi mirada y sonrió con dulzura.
—Deberías responder.
Negué con una leve sonrisa.
—Ahora mismo solo hay una cosa que me importa.
Ella acarició suavemente el dorso de mi mano.
—Y seguirá aquí cuando termines. Ve.
Resoplé con resignación, tomé el teléfono y contesté.
—Habla.
La voz de Lorenzo sonó tensa desde el otro lado de la línea.
—Lo encontramos.
Sentí cómo todo mi cuerpo abandonaba de golpe la calma que había conseguido unos segundos antes.
—¿Dónde?
—Uno de los hombres que seguía a Valeria habló. Tenemos un nombre... y una dirección.
La tranquilidad de aquella noche desapareció por completo.
Levanté la vista hacia Valeria. Bastó que nuestros ojos se encontraran para que comprendiera que algo había cambiado.
—¿Qué ocurre? —preguntó en un susurro.
Guardé silencio unos segundos mientras dejaba el teléfono sobre la mesa.
Después respiré hondo.
—La persona que te está buscando acaba de cometer su primer error.
Valeria no apartó la mirada de la mía, yo tampoco, Porque ambos entendimos, sin necesidad de decirlo, que aquella noche había llegado a su fin y que la verdadera guerra apenas estaba por comenzar.