Theo sabe exactamente cuándo perdió a Alex.
El problema es que no entiende por qué.
Alex no se defiende. No explica. Solo acepta el odio como si fuera algo que ya había previsto desde el principio.
Pero el desprecio es difícil de sostener cuando la mente empieza a recordar quién era Alex antes de la traición, y cuando las respuestas que faltan empiezan a doler más que la propia herida.
Porque hay personas que no traicionan por falta de amor.
Sino porque aprendieron a resolverlo todo solos, incluso lo imposible.
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Capítulo 15
Alex
—¿Sabes por qué se te mandó a llamar? —pregunto al CEO de la empresa de turismo que ha llamado la atención por la caída en sus utilidades.
—No tengo idea —responde mirándome directamente, casi retándome a decirle algo.
—¿Cuánto tiempo llevas en la empresa?
—Un año y medio.
—Un año y medio —repito—. ¿Seguro que no sabes por qué se te mandó a llamar?
—¿Por qué mentiría?
Lanzo la carpeta con sus estados financieros hacia el otro lado de mi escritorio.
—Revisa y explícame por qué las utilidades bajaron en un veinte por ciento durante el último semestre.
Él ni siquiera mira la carpeta antes de responder.
—Los costos subieron y la situación general del país ha provocado menos flujo de turistas nacionales.
Si su comportamiento es así, no me extraña que haya sido tan estúpido como para robarle a Benjamín.
—Revisa la tercera página de esa carpeta —digo, haciendo un gesto.
Finalmente baja la mirada y la abre en la página indicada.
Se pone pálido.
Ahí está la información financiera de todos sus familiares más cercanos y cómo sus cuentas aumentaron exponencialmente durante el último tiempo. Junto a cada nombre también aparece información personal: lugares de residencia, números de teléfono, números de seguridad social y mucho más.
—Eso corresponde a una empresa familiar —se defiende.
Asiento hacia la carpeta.
—Siguiente página.
Empieza a transpirar visiblemente cuando da vuelta la hoja.
En ella aparece información detallada de aquella empresa familiar, creada apenas unos meses antes de que las utilidades comenzaran a caer.
—Es una simple coincidencia —dice, levantando la mirada de golpe.
—Puede ser. Puede que no. El punto no es ese. El punto es que bajó el ingreso de dinero y al presidente no le gusta que bajen las utilidades.
Además, podría reconocer una empresa de lavado de activos a una milla de distancia.
—Puedo hacerlo mejor este semestre. Estoy seguro de que las condiciones mejorarán —se apresura a decir, quizá presintiendo que está en problemas.
—Debiste hacer que las condiciones mejoraran antes de ser llamado aquí.
—¿Qué... qué me va a pasar? —pregunta con cuidado.
Lo observo en silencio durante un momento, haciendo que se remueva incómodo en su asiento.
—Como dije, no importa si es robo, problemas de mercado o simple incompetencia. En las empresas Reid no se aceptan los gráficos que van hacia abajo.
Apunto hacia la carpeta.
—Se tomará todo el dinero que produjo esa empresa, junto con tus propiedades, para cubrir lo que falta.
—¿Qué? Tú no puedes...
—Serás despedido y además te verás impedido de ejercer cualquier puesto superior al de obrero. Nos encargaremos de eso.
—No. No puedes hacer eso. Puedo devolverte el dinero, pero mis bienes e incluso mi trabajo futuro...
Se queda mirando al frente, como si estuviera contemplando un futuro desolador.
—Los denunciaré.
Ladeo la cabeza.
—Puedes intentarlo.
Con esas palabras entiende algo que yo comprendí hace mucho tiempo.
Benjamín es demasiado poderoso como para que una denuncia lo derribe.
No cuando una llamada basta para poner fiscales a sus pies.
—Por favor —suplica entonces.
—Deberías considerar empezar de nuevo en otro país.
Es lo único que puedo ofrecerle.
Porque está condenado.
Y si no fuera yo quien toma esta decisión, sería alguien más.
—Thomas, acompáñalo a la salida.
—Por supuesto. Por aquí.
El CEO me mira con odio mientras se pone de pie.
Luego gira sobre sus talones y abandona la oficina.
Es un poco injusto que me odie.
Después de todo, acabo de salvarle la vida.
Otro en mi lugar habría sido mucho menos indulgente.
Pero al final no importa.
También estoy acostumbrado al odio.
Si Theo escuchara lo que acabo de hacer, probablemente también me miraría con odio.
Yo ya me odio lo suficiente por tener que jugar al heredero de alguien tan retorcido.
Sonrío con ironía.
Fui condenado en el momento en que nací.
Thomas regresa poco después y continuamos con el resto de la agenda.
Finalmente llegan las doce y aparece en mi puerta el director del Departamento de Seguridad Corporativa y Gestión de Riesgos.
El nombre elegante para todo lo relacionado con el control de los negocios ilegales.
Mason Taylor.
Un hombre duro.
Sin una gota de compasión en todo su cuerpo.
Se deja caer en la silla frente a mí.
—Director Taylor.
—Alexander —asiente.
Además de Oliver, es la persona que más tiempo lleva trabajando para mi abuelo.
—Thomas, espera afuera.
—Sí, señor.
Thomas sale inmediatamente.
Aunque el verdadero propósito de este departamento es un secreto a voces, muy pocos manejamos la información completa.
—Dime qué te trae por aquí —digo, ya que esto no aparecía en ninguna de las carpetas que me entregaron.
—Tenemos a una periodista de una revista digital investigando uno de nuestros negocios.
—¿Qué tanto sabe?
—Creemos que todavía no nos relaciona, pero es cuestión de tiempo antes de que se convierta en un problema.
—Ya veo.
Mason me entrega su celular.
En la pantalla aparece la fotografía de una mujer joven junto a su nombre completo.
Se ve buena persona.
Le devuelvo el teléfono.
Esta es una de las cosas más difíciles de trabajar para Benjamín.
Puedo lidiar con un CEO ladrón.
Pero resulta mucho más difícil cuando sabes que la otra persona es inocente.
—¿Quieres que la desaparezca? —pregunta como si estuviera hablando de comprar pan.
—No quiero que esto se vuelva más grande de lo que ya es —respondo mientras siento cómo analiza cada una de mis reacciones—. Encuentra a la persona más cercana. Hijos, si tiene. Saca fotografías de ellos y amenázala con eso. Si aun así quiere seguir investigando, puedes desaparecerla.
Mason asiente.
Se levanta.
Y se marcha sin añadir una sola palabra.
Miro hacia el exterior de mi oficina.
Cuando compruebo que nadie está observando, me permito una exhalación temblorosa.
Por experiencia sé que las amenazas suelen ser suficientes.
La mayoría retrocede.
Sobre todo cuando las denuncias desaparecen y nadie parece dispuesto a ayudarlos.
Pero temo el día en que alguien decida no obedecer.
Porque será el día en que tenga que cargar con otro accidente.
Después de unos segundos me recompongo y llamo a Thomas para continuar con el resto de la jornada.
pero continuemos a ver si la pego o es otra xosa😂😂😂