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Destinos Entrelazados

Destinos Entrelazados

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:389
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

una revelación inesperada

La llamada con Alejandro se extendió mucho más de lo habitual aquella noche.

Hablaron de temas sencillos.

De trabajo.

De libros.

De la exposición.

Y de los pequeños detalles que habían comenzado a formar parte de su rutina.

Sin embargo, incluso después de despedirse, Valentina permaneció despierta durante largo rato.

Las palabras de Camila seguían rondando su mente.

"Creo que él está empezando a enamorarse de ti."

Cada vez que recordaba aquella frase, sentía que el corazón se aceleraba.

Porque una parte de ella deseaba que fuera verdad.

Y otra parte tenía miedo de descubrir cuánto le importaba ya Alejandro.

A la mañana siguiente, la ciudad amaneció cubierta por una fina llovizna.

Valentina llegó a la revista con una taza de café en una mano y su cámara en la otra.

Laura ya estaba allí.

Y algo en su expresión llamó inmediatamente la atención de la fotógrafa.

—¿Qué ocurre?

Laura levantó la vista.

—Necesito hablar contigo.

—Eso nunca es una buena señal.

—Depende.

Valentina dejó sus cosas sobre el escritorio.

—Ahora sí me preocupaste.

Laura respiró profundamente.

—Recibimos una propuesta importante para la exposición.

—¿Y eso es malo?

—No.

—Entonces dime qué pasa.

Laura deslizó una carpeta sobre la mesa.

—Uno de los principales patrocinadores quiere financiar una gira nacional para tu trabajo.

Los ojos de Valentina se abrieron.

—¿Qué?

—Exactamente lo que escuchaste.

Aquello era enorme.

Mucho más de lo que había imaginado.

Una oportunidad capaz de cambiar por completo su carrera.

—¿Quién es el patrocinador?

Laura dudó unos segundos.

Y entonces respondió.

—Montenegro Holdings.

Valentina quedó inmóvil.

La empresa de la familia de Alejandro.

Mientras tanto, Alejandro acababa de llegar a la oficina cuando recibió una visita inesperada.

Su padre.

Roberto Montenegro.

El hombre entró sin pedir permiso.

Como siempre.

Alto.

Elegante.

Imponente.

Y con la misma expresión severa que había acompañado gran parte de la vida de Alejandro.

—Buenos días.

—Depende de la razón por la que estés aquí.

Roberto tomó asiento frente al escritorio.

—Necesitamos hablar.

—Otra vez.

—Sí.

Alejandro ya estaba cansado de aquellas conversaciones.

Especialmente porque siempre terminaban igual.

Críticas.

Presión.

Expectativas imposibles.

—Habla.

Su padre lo observó detenidamente.

—Escuché que estás saliendo con una fotógrafa.

Alejandro sintió inmediatamente cómo se tensaban sus músculos.

—No es asunto tuyo.

—Todo lo relacionado con esta familia es asunto mío.

—Ese es precisamente el problema.

El silencio que siguió fue incómodo.

Pesado.

Lleno de años de conflictos sin resolver.

—Camila era una mejor opción.

La frase cayó como una piedra.

Alejandro apretó la mandíbula.

—No vuelvas a compararlas.

—Estoy siendo realista.

—No.

Alejandro se puso de pie.

—Estás intentando controlar algo que no te corresponde.

Roberto también se levantó.

—Solo intento evitar que cometas otro error.

—El error fue escucharte durante tantos años.

Aquellas palabras dejaron la habitación en absoluto silencio.

Porque nunca antes Alejandro había sido tan directo.

Tan firme.

Tan decidido.

Y por primera vez, Roberto pareció quedarse sin argumentos.

—Esta conversación terminó.

Su padre lo observó unos segundos.

Luego tomó su chaqueta.

—Todavía no entiendes lo que estás haciendo.

—Lo entiendo perfectamente.

Roberto abandonó la oficina sin añadir nada más.

Pero Alejandro sabía que aquello estaba lejos de terminar.

Aquella tarde, Valentina decidió visitar a su madre.

Necesitaba hablar con alguien.

Procesar la propuesta que había recibido.

Y también todo lo que estaba ocurriendo con Alejandro.

—¿Una gira nacional?

Su madre parecía sorprendida.

—Sí.

—Eso es increíble.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué tienes esa cara?

Valentina sonrió débilmente.

Porque su madre siempre lograba descubrir cuando algo la preocupaba.

—Porque la propuesta viene de la empresa de Alejandro.

—Entiendo.

—Y no quiero que nadie piense que estoy aprovechándome de él.

Su madre tomó una de sus manos.

—¿Confías en él?

—Sí.

—¿Confías en tu talento?

Valentina dudó apenas un instante.

—Sí.

—Entonces deja de complicarte.

Aquella respuesta la hizo reír.

Porque era exactamente el tipo de consejo que su madre siempre daba.

Simple.

Directo.

Y generalmente correcto.

Esa noche, Alejandro pasó a buscarla.

Cuando la vio salir del edificio, sintió que todas las preocupaciones del día desaparecían.

Era algo que comenzaba a ocurrir con demasiada frecuencia.

Y, sorprendentemente, no le molestaba.

—Hola.

—Hola.

Valentina subió al automóvil.

—Tuviste un día difícil.

Alejandro la miró sorprendido.

—¿Cómo lo sabes?

—Tu mirada.

Él soltó una pequeña risa.

—Empiezas a conocerme demasiado bien.

—¿Eso es malo?

—No.

Su respuesta fue inmediata.

—Es una de mis cosas favoritas.

El corazón de Valentina dio un pequeño salto.

Y decidió mirar por la ventana para ocultar la sonrisa.

Más tarde caminaron por un parque iluminado por pequeñas luces decorativas.

La noche era tranquila.

Perfecta.

Y durante unos minutos olvidaron todos los problemas.

Hasta que Valentina decidió contarle sobre la propuesta.

Alejandro escuchó atentamente.

—¿Y qué piensas hacer?

—No lo sé.

—¿Por qué?

—Porque no quiero que parezca un favor.

Alejandro se detuvo.

—Valentina.

Ella levantó la vista.

—¿Sí?

—Si la empresa hizo esa propuesta es porque cree en tu trabajo.

—Pero...

—No.

Alejandro negó suavemente.

—Tu talento abrió esa puerta.

No yo.

Las palabras fueron tan sinceras que lograron disipar gran parte de sus dudas.

—Gracias.

—No me agradezcas por decir la verdad.

Continuaron caminando lentamente.

Y entonces ocurrió algo inesperado.

El teléfono de Alejandro vibró.

Miró la pantalla.

Y su expresión cambió inmediatamente.

Valentina lo notó.

—¿Qué pasa?

Alejandro permaneció inmóvil.

Leyendo el mensaje.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Finalmente levantó la vista.

Y por primera vez en mucho tiempo parecía verdaderamente sorprendido.

—No puede ser.

—¿Qué ocurre?

Alejandro tragó saliva.

Como si estuviera intentando procesar la información.

—Es sobre mi padre.

—¿Qué pasó?

El silencio duró varios segundos.

Hasta que finalmente respondió.

—Acaba de sufrir un accidente.

Las palabras dejaron a Valentina sin aliento.

Y en ese instante comprendieron que todo estaba a punto de cambiar.

Porque algunas noticias tienen el poder de transformar vidas.

Y aquella era una de ellas.

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