Ante la insertidumbre de la hambruna y la guerra, nosotros unos campesinos que viven cerca de la frontera, debimos huir en busca de un futuro mejor, tanto nuestra familia como nuestros vecinos, emprendimos un viaje con la esperanza de encontrar un lugar tranquilo para vivir
Acompañenos a ver esta aventura de sobrevivir en caravana
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Cap 21. ¿Crees estar bien?
Al principio me odiaron por ello
Escuché insultos a mis espaldas mientras organizaba las provisiones. “Aprovechada” “Fría” “Carroñera”. Tal vez sea cierto, pero cuando el hambre aparece, las personas dejan de pensar en bondad y empiezan a pensar en sobrevivir… ahora debemos vivir de esta manera, hasta que
Una mujer joven fue la primera en aceptar, me entregó un collar de plata ennegrecida a cambio de pan y un poco de carne seca, sus manos temblaban sosteniendo el collar, se notaba a simple vista que era un objeto bastante preciado
-Era un recuerdo de mi madre
Dijo la chica casi en un tono muy ligero que se oía como un susurro, tomé el collar envolviéndolo en una tela y le entregué la bolsa de comida
-De esta manera te servirá aún más, no te sientas mal, ella te lo dio con la esperanza de que la recuerdes, ahora lo estás usando para sobrevivir, créeme que ella no se enfadará
Me miraba sin responder y solo asintió con la cabeza, luego se alejó abrazando la comida contra su pecho
Después eso, los demás comenzaron a llegar
Un hombre ofreció reparar ruedas, un chico se ofreció para vigilar durante la noche, algunos intercambiaban herramientas inútiles; otros simplemente trabajaban por una ración extra.
Poco a poco, las personas dejaron de protestar y empezaron a dar soluciones
Seguía habiendo tristeza, claro, eso no pasa de un día para el otro. El dolor no desaparecía tan fácilmente. Pero ahora había reglas, y las reglas mantenían unido al grupo mejor que la compasión
Esa noche me senté junto a Alan estuvimos frente a la fogata por bastante tiempo, el clima ya había cambiado y otoño se hizo presente, el frío siempre se sentía como si traspasara la ropa y calara en los huesos; en momentos así, solo el fuego podía ayudar a mantenernos calientes y con la mente despejada, ya habíamos contando las provisiones restantes, todavía quedaba suficiente para el resto del viaje, pero había algo que ya se había acabado y sería difícil de recuperar… la humanidad
-¿Crees estar bien?
Levanté la mirada, pude notar un pequeño destello en los ojos de Alan, aún tenía esperanza en que todo se podía solucionar, anteriormente habíamos conversado sobre cómo vivirán en el Este, su familia nunca había estado allí, estaban curiosos por lo que podrían encontrar, por la gente, en qué podrían trabajar, sus costumbres… por todo…
-Debemos estar bien, aguantaremos hasta llegar a nuestro destino
Miré hacia el Este
-¿Te preocupa algo?
Preguntó Alan
-No es preocupación, sólo… me pregunto cómo será nuestra vida de casados
-Eso
No lo habíamos conversado del todo, aunque el afecto mutuo era evidente, las muestras de cariño estaban presentes, pero… nos centramos tanto en sobrevivir que nos olvidamos de nuestra situación
-Puede que el momento no sea el adecuado, pero si me lo permites… quisiera que aumentemos nuestro contacto
Simplemente asentí, no sentía presión ni nada, solamente había algo que nos impedía avanzar, y eso era la comunicación. Estaba claro que no podemos descuidarnos demasiado, bien dicen que hasta en la guerra puede nacer un bebé, aunque tampoco pensaba llegar tan lejos mientras no haya un lugar fijo donde quedarse
Esa noche parecía pasar más lento de lo normal, el clima colaboraba con ello, anochece más temprano y no se diferenciaba la hora de la salida del sol, solo andábamos al momento en que el cielo aclaraba
Esta mañana todos estaban con un humor extraño, comparado con otros días, esta vez comenzaron a estar más animosos
-¿No falta mucho?
Mencionó una señora mayor, estaba apilando las cacerolas en
-Oí del jefe que en dos días más llegaremos a un pueblo
-¿En serio? ¿no decían que faltaba más días?
Ellos mismos preguntaban y entre ellos se respondían, la respuesta a eso estaba en el mapa, ayer cuando estuve vendiendo algunos sacos de arroz, le comenté al jefe sobre la cercanía de un pueblo, ese lugar podría usarse como refugio provisional. Aunque ahora estaban a salvo, nada aseguraba que permaneciera de esa manera por mucho tiempo, esa sería el primer y único lugar donde podríamos descansar o reabastecernos
Continuamos nuestro camino siendo guiados por el viento con olor a ceniza. El polvo se alzaba cada vez que aceleramos el paso
Este no era el momento para detenernos, así que simplemente seguimos andando sin saltarnos la hora de dormir, aunque parecía una mala decisión, todos estaban desesperados por llegar a ese pueblo, yo me incluyo
Lástima que los animales no están configurados para trabajar sin descanso
El ganado se cansaba muy rápido, querían beber agua y comer algo para poder avanzar, pero si un descanso apropiado, su andar se volvió más lento. No era para menos, estaban andando a un ritmo acelerado para intentar acortar la llegada lo máximo posible, provocando inconvenientes en el camino
Nuestra llegada al nuevo pueblo se tuvo que retrasar medio día, faltaba poco por llegar, pero los animales no daban más, por lo que varias personas fueron caminando, su idea fue conversar con el jefe de ese pueblo para que puedan aceptarnos
-Espero que puedan conseguir el permiso para quedarnos un tiempo
-¿Un tiempo? Deberíamos quedarnos fijos ahí
-No es bueno importunar a los demás
Algunos querían quedarse de manera permanente en ese lugar, y otros en cambio, solo querían descansar un tiempo, recuperar fuerzas, conseguir más alimento y seguir con el plan original
He de suponer que con esto el grupo se divide y que solo iremos al destino planteado unos pocos, aunque haya menos personas puede ser beneficioso para evitar posibles discusiones, también significaría menos personas que puedan ayudar a patrullar las cosas… supongo que tendremos que buscar alguna solución para ello
-Vamos, ya casi llegamos, solo debemos avanzar un poco más
-Ya puedo ver la entrada del pueblo
Éramos un grupo desesperado por encontrar un lugar donde descansar. Se notaba a simple vista, aunque manteníamos algo de fuerza, nuestros rostros estaban demacrados… no es de extrañar que las personas de ese pueblo se sorprendieran al vernos, a tal punto de gritar diciendo que éramos almas en pena