Valentina Ruiz, de 29 años, se casa con Alejandro Montesinos en una ceremonia de ensueño, pero apenas después del matrimonio, él tiene que viajar a Estados Unidos por un largo viaje de negocios. Mientras él está ausente, la familia de Alejandro – su madre doña Elena, su hermana Carolina y su tío Javier – la trata con indiferencia, desprecio y hasta humillaciones.
Cuando Valentina descubre que Alejandro le es infiel con su antigua novia, decide callarlo todo para proteger el matrimonio que tanto soñó y porque cree que su amor puede cambiar las cosas.
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Capitulo 16
Valentina esperó tres días para que Alejandro la llamara de nuevo. Los teléfonos anteriores habían durado menos de dos minutos, pero esta vez el timbre sonó a las nueve de la noche, y cuando cogió el auricular, sintió cómo su corazón daba un salto de esperanza.
—¡Ale! —dijo, con voz más animada de lo que se sentía—. Por fin te he podido hablar.
—Hola, amor —respondió su voz por el otro lado, pero sonaba distante, como si estuviera en un lugar con mucho ruido de fondo—. Lo siento por no llamar antes, he estado atrapado en reuniones interminables.
—No importa —dijo Valentina, apretándose el auricular contra la oreja—. Solo quería saber cómo te va. Y... bueno, quería preguntarte algo.
—Después, amor, por favor —lo interrumpió él, con un suspiro cansado—. Primero te tengo que decir algo: el contrato que estábamos cerrando en Nueva York se ha extendido. Tendré que quedarme un mes más, tal vez incluso seis semanas. Necesito cerrar algunos detalles más y... y atender algunos asuntos pendientes.
Valentina sintió cómo se le hundía el corazón, pero siguió hablando con calma:
—Está bien, entiendo. El trabajo es importante. Solo... solo quería preguntarte sobre Sofía. La vi en la casa hace unos días, dijo que venía a buscar cosas antiguas.
Hubo un silencio largo por el otro lado, tan solo el ruido de unas voces lejanas y luego la voz de Alejandro, más seria:
—Sofía... es una vieja amiga, Valentina. Solo vino a devolver algunas cosas que le presté antes de conocerte. No tienes por qué preocuparte por nada, es solo una cuestión de negocios y recuerdos del pasado.
—Pero ella dijo que... —intentó decir Valentina, pero él la cortó de nuevo.
—No tienes que preocuparte, amor —intervino con firmeza—. Estoy aquí por el trabajo, y cuando vuelva, todo será como antes. Más aún, mejor. Ahora tengo que colgar, llega una nueva reunión con los inversionistas. Te quiero.
La llamada se cortó antes de que pudiera responder. Valentina dejó el auricular sobre la base del teléfono y se quedó mirando el vacío. Sabía que no había sido solo una amiga, que las palabras de Sofía no eran solo recuerdos. Pero cerró los ojos, respiró hondo y decidió guardar esta nueva decepción también. Porque aún así, esperaba que cuando regresara, las cosas cambiarían. De verdad esta vez.
Al día siguiente, Valentina encontró una nota en la mesa de la cocina – Carolina la había dejado ahí: "Alejandro llamó esta mañana. Dijo que está contento con cómo va el proyecto, pero que necesita más tiempo para cerrar todo. Ya verás que cuando regrese, entenderá que tú no eres la persona adecuada para él."
Valentina la leyó y la guardó en el cajón del tocador, junto con el diario. Se sentó en la mesa y cogió la pluma que usaba para escribir en su cuaderno, pero esta vez no escribió nada. Solo miró por la ventana al jardín, donde los árboles comenzaban a perder sus hojas con el cambio de estación.
Se acordó de las palabras de su madre cuando se casó: "Elige bien, mija. Porque el amor no siempre es suficiente." Ahora entendía lo que quería decir. Pero aún así, cuando el teléfono sonó y vio que era Alejandro, se secó las manos y lo contestó con una voz tranquila:
—Hola, amor. ¿Cómo estás?
—Estoy bien, muy ocupado —dijo él, con prisa—. Ya te dije que me quedaré más tiempo, ¿verdad? No te preocupes por mí.
—No me preocupo —respondió Valentina, cerrando los ojos—. Estaré esperando. Cuídate mucho.
Cuando colgó, se fue a su habitación y sacó el diario. Escribió solo una línea: "Otro mes más de silencio. Pero ya no sé cuánto más puedo aguantar."
Valentina cerró el diario y lo guardó en su lugar seguro, luego se fue al comedor donde doña Elena estaba revisando unas facturas de la casa.
—Señora —dijo, con voz baja—. Alejandro me dijo que se quedará más tiempo en Estados Unidos. Ya he organizado la ropa de cama para cuando vuelva, y he limpiado bien su estudio.
Doña Elena levantó la vista brevemente y asintió con la cabeza: "Bien, Valentina. Eso es lo importante – mantener la casa en orden para cuando él regrese. Aunque... quizás sería bueno que empezaras a aprender sobre los negocios de la empresa. Para cuando vuelva, así podrás ayudarle de verdad".
Valentina asintió sin responder, pero en su interior sabía que no habría manera de que la familia la dejara cerca de los asuntos importantes. Se fue a la cocina a preparar el café de la tarde, y mientras hervía el agua, pensó en todas las veces que había callado sus miedos, sus dudas, su dolor.
De repente, sintió cómo las lágrimas le rodaban por las mejillas sin poder detenerlas. Se apoyó en el fregadero, cerrando los ojos, y por un instante permitió que el llanto saliera libremente. Pero cuando oyó los pasos de Carolina acercándose, se secó las mejillas con los puños y volvió a poner cara de serenidad.
—¿Estás preparando el café? —preguntó Carolina, entrando en la cocina—. Mi madre dice que le gusta fuerte. Y no olvides que mañana vendrán más clientes importantes – tienes que estar lista antes de las cinco.
Valentina asintió con la cabeza, sin decir nada. Cuando Carolina se fue, miró por la ventana de la cocina al jardín, donde el sol se ponía lentamente, y pensó que quizás cuando Alejandro regresara, ella ya no estaría ahí. Pero luego sacó su diario de nuevo y escribió una última línea para ese día: "Aún espero. Porque aún amo."