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TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Atracción entre enemigos / Reencarnación
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.

El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.

Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.

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Primera Noche, Primer Tormento

El ambiente calmo de la habitación se basó en el ruido de los tacones de las doncellas y en el arrastre de los baúles que contenían las pertenencias más importantes de la prometida del heredero. Los murmullos continuaron resonando entre los pasillos, pero ya en ese momento, se había vuelto absurdo el tratar de ocultar lo inevitable, sobre todo cuando, de un momento a otro, se vio prohibido el ingreso a los aposentos del príncipe, a menos de que se tratara de las doncellas de Odette.

Ninguno de los dos hablaba. Sus miradas seguían a los movimientos ajenos, interesados en el volumen de pertenencias que tenía Odette a la mano. Baúles repletos de ropa, cajas llenas de joyas, remedios y cremas para el cuidado de su piel.

Elis se encontraba sentado en la silla de su escritorio, pero Julie podía notar desde su sitio la evidente molestia y arrepentimiento que se desbordaba desde esos ojos verdes. Desde la partida de sus padres, ninguno volvió a intercambiar palabras. Además, Julie continuaba teniendo aquellos malestares que empezaban a atormentarle la paz.

El vértigo la tenía anestesiada. La cabeza le pesaba y las extremidades no le respondían con facilidad. Aún llevaba las náuseas estancadas en la garganta, pero el agotamiento se sentía cien veces peor. Exhaló cuidadosamente, tratando de encontrar la postura correcta en la cama; sin embargo, una punzada fuerte le retorció los intestinos, haciéndola contorsionarse sobre su lugar.

—¡Milady!

El baúl cayó al suelo en un golpe seco. Las mujeres se olvidaron de aquello y se apresuraron a colocarse al costado de su señorita, con los ojos aguados porque Odette parecía estar sufriendo.

—¿Qué te duele?

El tono pacífico, pero preocupado, de Oriel apaciguó el ambiente casi de inmediato. Se colocó al otro costado de la cama y le secó el costado de la frente que le empezaba a empaparse. Un toque delicado que le provocó el pellizco de un escalofrío en la espalda.

—El estómago —respondió, soltando el aire—. Rojita, ¿puedes traerme agua, por favor?

La aludida se sobresaltó, brincando hacia atrás con las manos cubriendo su boca, mientras la otra miraba todo con los ojos pelados. Oriel aprovechó para subirse a la cama y acomodar la cabeza de la azabache sobre sus piernas, pero sin ignorar el hecho de que esas dos mujeres continuaban pasmadas.

—¿Qué esperan? ¡Traigan agua y paños para Odette!

Ambas respingaron por el tono agresivo, asintieron repetidamente y luego salieron corriendo de la habitación, dejando atrás a la pareja. Elis continuó secando la frente de Odette, manteniéndola quieta mientras ella parecía quejarse entre un sueño lúcido, mirando todo y nada a la vez.

—Esto no es normal, Julie.

—Ya lo sé, no tienes que decirlo —se quejó.

—¿Julie? —la llamó.

—¿Qué?

—¿No estarás pasando por un aborto?

Julie tragó fuerte. Alzó la mirada, encontrándose con la esmeralda de Oriel. En sus ojos se ahogaba un sentimiento que nunca había visto antes, ni en su otra vida. La tez de ese hombre se había enfermado tanto como la suya, y el mero pensamiento la hizo sentir que la sangre se le bajaba hasta los pies. El cuerpo, preso de su propia memoria, buscó el refugio que el otro le proporcionaba, así que, fuera de su completo buen juicio, Julie buscó la mano del otro para sujetarla con fuerza. Aunque las dudas no paraban de gritar en su cabeza como un grito ensordecedor.

—Milady, trajimos un remedio de Lord Sky que podría ayudarle.

La voz de Lili interrumpió la tensión del lugar. Ella y Ruby reverenciaron en la puerta cuando notaron el escenario; sin embargo, antes de que pudieran escapar, Oriel les hizo una seña con la mano libre para que entraran.

—¿Qué es eso? —interrogó.

—Es un té de yerbas medicinales con agua del manantial bendito —respondió Ruby.

—Es el mismo que les administró Lord Sky cuando estaban en coma por el veneno —agregó Lili.

Julie notó la duda en la mirada del otro. Aferró el agarre en sus manos y decidió intentarlo, levantándose de la cama para sentarse y aceptar la taza del menjurje. Ruby se acercó y extendió el traste hacia el rubio, permitiendo que él le ayudara a beberlo.

—Hazlo despacio —instruyó.

Odette asintió. Aceptó el plato y bebió con cuidado, sintiendo la mano ajena que se situaba en su espalda baja con firmeza; no obstante, el sabor amargo del té fue suficiente para olvidarlo y concentrarse en el trabajo de tener que tragarlo.

—Yo me encargo de ella a partir de ahora; ustedes vayan a sus dormitorios.

Ruby y Lili apretaron los labios, con las cejas arrugadas y las espaldas bien rectas. El orgullo herido fue evidente en sus rostros; sin embargo, ambas miraron a la azabache, esperando escuchar una orden contraria a la del heredero.

—Vayan a descansar —dijo Odette, sonriéndoles—. Muchas gracias por sus atenciones, pero no deben preocuparse, Oriel me cuidará bien —prometió.

Las mejillas ajenas se incendiaron en un vivaz tono rosado. Ambas asintieron sin mucho ánimo, girándose y saliendo en silencio de la habitación, dejando solo un suave clic como eco de su presencia llena de vida.

—Espero que esto funcione —murmuró Elis, con la taza en la mano—. Al menos, podemos estar tranquilos mientras no empieces a sangrar.

—Estaré bien, mientras no me jodas —respondió Julie, alejándose de él—. Los abortos y amenazas de aborto son principalmente a causa de los padres que someten a sus parejas a estrés y emociones demasiado altos.

—¿Cómo sabes tanto? —se interesó.

—Venimos del siglo XXI, no seas idiota —resopló, restregando las palmas en su rostro—. Si quieres, puedes dormir en tu cama; yo necesito tomar aire.

Julie se levantó, sin darle oportunidad a que el otro se lo impidiera. Caminó con el dolor menos agonizante hasta el ventanal de la habitación. Abrió la puerta y salió al balcón con el aire puro golpeándole el rostro.

Los dolores parecieron purificarse y las náuseas se limpiaron por completo con el aroma de la madrugada. Desde su sitio podía ver los enormes jardines, a los guardias nocturnos y a las ligeras antorchas que iluminaban los pasillos del palacio a su alrededor.

El menjurje tuvo buenos efectos. Los malestares habían desaparecido casi por completo; sin embargo, el pensamiento de un bebé y un posible riesgo de aborto la atormentaron en lo más profundo de su corazón. Se sentía temerosa, aunque el bebé ni siquiera fuera suyo de cierto modo. Aun así, su mano aterrizó suavemente hasta su abdomen plano, un toque ligero que no significó nada para el exterior, pero que en su pecho fue como la caricia de una promesa silenciosa entre ella y la criatura que empezaba a formarse en su interior.

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