"El Vuelo de la Libélula"
Un matrimonio por contrato. Un enemigo en la cama. Una venganza que no admite piedad.
Cuando el prometido de Alessa Rossi huye horas antes de la boda, su destino queda en manos de un misterioso sustituto: Máximo. Atractivo, impecable y protector, parece el salvador que su familia mafiosa necesita para mantener el poder.
Lo que Alessa no sabe es que ha dejado entrar al lobo en el redil. Máximo es el único superviviente de un clan que los Rossi exterminaron años atrás, y ha regresado con una sola misión: destruir a sus enemigos desde adentro. Su plan es perfecto: fingir ser el esposo ideal, ganar el corazón de la inocente Alessa y usar sus secretos para aniquilar su imperio.
Pero el odio tiene un punto débil. Entre besos fingidos y manipulaciones crueles, Máximo empieza a dudar: ¿Podrá ejecutar su venganza cuando la mujer que debe destruir es la única que ha logrado darle paz?
En este juego de traición y deseo, el amor es el arma más peligrosa de todo
NovelToon tiene autorización de SherlyBlanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22: El Silencio de las Ruinas
...Este capítulo marca el colapso de las últimas lealtades de Máximo y el inicio del derrumbe total de Giacomo, quien ahora corre contra un reloj que no puede detener...
...***************...
...****************...
Máximo se encontraba en la penumbra de su apartamento en Milán, rodeado de botellas vacías y los papeles del divorcio que seguían sin su firma. La arrogancia que una vez lo definió se había convertido en una depresión pesada, una bruma que no lo dejaba ver más allá de su propio fracaso. Para él, firmar esos papeles era aceptar que Alessa ya no era su propiedad, y su mente se negaba a procesar esa pérdida.
Bianca entró en la sala, vestida con sencillez pero con una tristeza evidente en los ojos.
—Máximo, por favor... firma eso. Libérate tú también. No puedes seguir viviendo en este limbo —le suplicó, pero él ni siquiera giró la cabeza. La ignoró como si fuera parte de los muebles, sirviéndose otro trago con manos temblorosas.
—Hoy tengo la cita médica importante, Máximo —continuó ella, con la voz quebrada—. Es la ecografía. ¿Podrías acompañarme? Necesito saber que estás aquí, con nosotros.
Máximo no respondió. El silencio fue su única respuesta. Bianca, con el corazón hecho pedazos, salió del apartamento sola.
El Regreso del Padre
Al llegar a la clínica, Bianca se llevó una sorpresa. Su padre, el Sr. Lacomet, la esperaba en la sala de espera. Aunque seguía profundamente molesto por la traición de su hija al apoyar a un hombre como Máximo, su instinto protector fue más fuerte.
—No voy a dejar que pases por esto sola, aunque no esté de acuerdo con tus decisiones —dijo con voz severa pero cargada de afecto.
Dentro del consultorio, el ambiente cambió. El monitor mostró la figura nítida de una nueva vida.
—Felicidades —dijo el médico con una sonrisa—. Es un niño. Está sano y fuerte.
Bianca lloró, una mezcla de alegría por su hijo y dolor por el padre ausente. Al salir, su padre la tomó de los hombros.
—Vuelve a casa, Bianca. Deja a ese hombre. Te perdonaré todo, te recibiré con los brazos abiertos. No críes a mi nieto en esa miseria emocional.
—No puedo dejarlo todavía, papá. Mi lugar está con él... pero necesito saber la verdad —respondió ella con firmeza—. Ayúdame. Averigua si la información que Alessa envió sobre Giacomo y Sofía es real. Si Máximo vive una mentira, necesito saberlo para sacarlo de ahí.
El Sr. Lacomet asintió con gravedad. —Lo haré. Pero prométeme que si es verdad, no mirarás atrás.
La Despedida Silenciosa
Cuando Bianca regresó al apartamento, intentó un último gesto de amor. Preparó una cena especial y se acercó a Máximo con una ilusión frágil.
—Máximo, tengo una noticia maravillosa. Cenemos juntos, por favor.
Él se levantó, se sirvió un vaso de whisky puro y caminó hacia la habitación sin decir una sola palabra, cerrando la puerta tras de sí. Fue el golpe final. Bianca comprendió que no se puede salvar a quien no quiere ser rescatado.
Con manos firmes, dejó una caja decorada sobre la mesa del comedor. Dentro estaba la ecografía, unos patucos azules y una carta:
"Máximo, es un niño. Tu hijo es un niño. No te abandono por falta de amor, sino por amor propio. Me voy a casa de mi padre. Decide qué quieres para tu vida, porque yo ya he decidido qué quiero para la de mi hijo. Cuando estés listo para ser un padre y no un fantasma, búscame."
Bianca salió del apartamento con su maleta, dejando a Máximo sumido en su propia oscuridad, mientras su padre ya activaba todos sus contactos para verificar el fraude de los Vanzetti.
La Carrera de Giacomo
Mientras tanto, la furia de Giacomo en el manicomio era volcánica. Al encontrar la celda de Renata vacía, su primer instinto fue la supervivencia.
—¡Traición! ¡Alguien me ha traicionado! —gritaba mientras subía a su coche, quemando neumáticos en dirección a la costa.
Su mente volaba a mil por hora. Si Renata estaba fuera, su mayor moneda de cambio había desaparecido. Solo le quedaba Zafiro. Tenía que llegar a la casa de la costa, llevarse a su hija y desaparecer antes de que los Rossi o la justicia lo alcanzaran.
Giacomo sudaba frío, apretando el volante con tal fuerza que sus nudillos estaban blancos. No sabía que, a pocos kilómetros de allí, el equipo de Dante ya tenía la casa rodeada. El depredador estaba corriendo directamente hacia la trampa que él mismo había ayudado a construir durante veinte años de mentiras.