⚠️🔞🚫Un detective, hombre de acción, serio y dedicado. Su matrimonio con su esposa es más una sociedad de convivencia que una relación romántica. Él se siente vacío, pero es leal. La falta de hijos y de sexo ha convertido su hogar en una oficina más.
Un mafioso que no es el típico villano que quiere dinero. Quiere el control total sobre la única persona que se atrevió a perseguirlo. Su obsesión es física y psicológica. Al descubrir que el detective es un hombre insatisfecho, usa eso para tentarlo y quebrarlo.
Esto contiene maltrato físico y psicológico.🚫🔞⚠️
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Ya no buscaba justicia, buscaba venganza
El aire fresco de la noche golpeó el rostro de Ethan, pero él no lo sintió como libertad. Para él, el mundo exterior se había vuelto un escenario borroso, una película de la que no formaba parte. Lantz lo llevaba del brazo, guiándolo hacia el lujoso restaurante privado que había reservado para la reunión familiar.
Ethan vestía un traje a medida, negro como el carbón, que ocultaba las marcas de mordidas en sus hombros y los hematomas en sus costados. Sus sentidos estaban, tal como su captor quería, totalmente nublados. La combinación de la droga catalizadora, el aislamiento y el condicionamiento psicológico lo habían dejado en un estado de "trance operativo". Sus ojos, antes agudos y analíticos, ahora tenían una mirada fija. Solo reaccionaban cuando Lantz hablaba o cuando sentía la mano del mafioso en su nuca.
-Recuerda lo que practicamos en la tina.- Susurró el mafioso mientras entraban al establecimiento -Eres mío. No hablas a menos que yo te lo pida. No miras a nadie que no sea a mí o a mi hermano. Eres el silencio a mi lado.-
Ethan asintió mecánicamente. Su mente estaba programada: Lantz era el centro, el resto era ruido.
Franz ya estaba sentado a la mesa, bebiendo un vino tinto que parecía sangre bajo las luces de neón del lugar. Al ver entrar a la pareja, soltó una carcajada que hizo que los pocos meseros presentes, hombres de confianza de los Schwarz, bajaran la cabeza.
-Vaya, pero si el detective parece un príncipe.- se burló Franz, observando a Ethan con una mezcla de envidia y asco -¿Todavía sabe hablar o ya solo sabe gemir, hermano?-
Lantz sentó a Ethan a su derecha y le puso una mano sobre el muslo, apretando con una firmeza posesiva.
-Habla cuando es necesario. Pero hoy solo está aquí para acompañarnos. ¿Verdad, Ethan?-
-Sí, Dante.- Respondió Ethan. Su voz era plana, carente de cualquier matiz emocional. Parecía grabada.
Durante la cena, Franz no dejó de provocar. Lanzaba comentarios sobre la policía, sobre Ari, incluso sobre el ataque fallido de Martin. Pero Ethan no reaccionaba. Podían estar insultando a su madre y él seguiría mirando su plato vacío, esperando la orden de Lantz para comer o beber. Estaba totalmente anulado, convertido en una extensión de la voluntad de su captor.
En un momento, Ethan dejó caer un cuchillo cerca de la mano de Ethan, probando sus reflejos. El hombre ni siquiera parpadeó. Solo cuando Lantz tomó el cuchillo y se lo devolvió a su hermano, Ethan movió ligeramente los ojos.
-Es increíble.- Admitió Franz, bebiendo de un trago su copa -Realmente lo borraste. Es como una muñeca de cera.-
Al regresar a la mansión, Lantz estaba satisfecho. El experimento en público había sido un éxito. Como recompensa, decidió darle a Ethan esa "libertad" que le había prometido: le quitó la cadena del tobillo, pero lo que siguió fue una sesión diseñada para recordarle que su cuerpo siempre estaría encadenado por el deseo.
Lantz lo llevó al baño. Esta vez, el agua de la tina estaba tibia y llena de aceites esenciales. El alfa desvistió a Ethan con una lentitud desesperante, besando cada nueva marca que las correas del traje habían dejado en su piel sensible.
-Te portaste tan bien...- Susurró, sumergiéndolo en el agua -Nadie se dio cuenta de que por dentro estás gritando por mí.-
El alfa comenzó a lavarlo, pero esta vez el lavado fue una provocación. Sus manos recorrían las zonas íntimas de Julián con una malicia suave, despertando el hambre carnal que la droga mantenía a flor de piel. Ethan jadeaba, aferrándose al borde de mármol de la tina, sintiendo cómo su programación se rompía para dar paso a la lujuria pura que Lantz le había inyectado en el alma.
-Por favor... Lantz...- Suplicó Ethan, con la voz quebrada.
El mafioso lo sacó del agua, dejándolo mojado y temblando sobre el suelo de mármol. Allí mismo, en la frialdad del baño, lo sometió. Fue un acto crudo, sucio, donde el sonido de la piel húmeda chocando contra el suelo y los jadeos de Ethan rebotaban en las paredes blancas. El mafioso lo penetró con una fuerza que buscaba reclamar cada centímetro de su ser, usando el agua y el jabón como un lubricante improvisado que ardía en la piel.
Ethan estaba en una posición de rodillas, con la cabeza apoyada en el borde de la tina. Lantz lo agarraba del cabello, tirando hacia atrás para obligarlo a mirar su propio reflejo en los espejos del baño.
-Mírate, Ethan.- gritaba el mafioso entre estocadas -Mira en lo que te convertí. Eres una mascota hambrienta. Eres mía.-
Ethan veía su propio rostro en el espejo: los labios hinchados por los besos violentos, los ojos nublados por el placer y el dolor, y la marca de la mordida en su cuello brillando bajo las luces. No se reconoció. El detective había muerto. Solo quedaba este ser que vibraba y gritaba bajo el mando del mafioso. El orgasmo llegó como una explosión de agonía, dejando a Ethan colapsado en el suelo húmedo, llorando de pura dependencia.
El alfa, con una ternura aterradora, lo secó con una toalla tibia, le aplicó pomada en los nuevos hematomas de las rodillas y lo llevó a la cama. Por primera vez, no le puso la cadena. Sabía que no era necesario. Ethan no se movería de ese lugar aunque las puertas estuvieran abiertas de par en par.
Mientras Ethan dormía un sueño inquieto, acurrucado contra el pecho del alfa, a kilómetros de allí, el plan de Martin entraba en su fase final.
El ex-policía estaba en un almacén clandestino, rodeado de cuatro hombres de aspecto rudo, mercenarios que no hacían preguntas mientras el dinero fuera bueno. Cecil estaba a su lado, revisando un monitor que mostraba los planos de la mansión Schwarz.
-Vieron salir a Lantz con alguien esta noche.- Dijo la chica, su voz llena de una amargura fría -Fueron a un restaurante. Los informantes dicen que Richter parecía un muerto viviente. Ni siquiera intentó pedir ayuda.-
Martin apretó los dientes, sintiendo un dolor fantasma en su pierna lisiada.
-No es él, Cecil. Ya te lo dije. Es la droga, es el trauma. Lo que vieron en esa cena fue una cáscara vacía.-
-¿Y si ya no quiere volver?- Preguntó uno de los mercenarios, cargando un fusil de asalto -Si el tipo está "programado", podría atacarnos a nosotros para proteger al jefe.-
Martin miró el mapa, marcando con una X roja la entrada de los túneles de ventilación que conectaban con el ala de las habitaciones.
-Si nos ataca, lo inmovilizan. Pero mi objetivo es Lantz Schwarz. Voy a sacarlo de esa cama y voy a hacer que vea cómo destruyo todo lo que construyó. Mañana por la noche entramos por debajo. No habrá avisos, no habrá negociaciones.-
La chica miró a Martin. Notó que su amigo ya no buscaba justicia, buscaba venganza. Y en esa búsqueda, temía que Ethan terminara siendo el daño colateral de una guerra que ya no entendía.
-Preparen el equipo de demolición.- Ordenó Martin -Muy pronto Hav va a arder, y nosotros seremos la chispa.-