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La Frecuencia Del Barro

La Frecuencia Del Barro

Status: En proceso
Genre:Apoyo mutuo / Mundo de fantasía / Polos opuestos enfrentados / Sci-Fi
Popularitas:122
Nilai: 5
nombre de autor: Pluma Magna

Ji-Hoon Kang, un genio de la acústica de Seúl, vive atrapado en una corporación que produce buen sonido. Se cansa del mundo frío y artificial de León, Nicaragua, y vive en un universo diferente que está vivo, es imperfecto y está lleno de recuerdos de estos lugares y de cada uno de ellos. Allí Xiomara Aguilar, arquitecta que lidia con su memoria emocional de los espacios, y tanto ella como Ji-Hoon lo ayudan a reconstruir el Teatro de la Merced, un lugar donde el barro y la madera forman un sonido fantástico. Pero su antigua corporación quiere usar esa esencia para comercializarla. Entre los viejos túneles y el poder de la tierra, Ji-Hoon debe decidir qué camino elegir: regresar a lo artificial o quedarse como el "Ingeniero de Barro" y proteger una frecuencia que puede cambiar la forma en que el mundo escucha la vida.

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CAPÍTULO 16: El Latido del Hierro y el Viento Negro

La paz en León siempre tiene un matiz de azufre. Apenas una semana después de que llegara el regalo del Director Kang, el cielo sobre los Maribios decidió cambiar de color. No era el naranja habitual del atardecer, sino un gris denso, casi sólido, que bajaba desde el volcán Telica.

Ji-Hoon estaba en el techo del teatro, ajustando uno de los pararrayos que también servía como antena de captación de frecuencias atmosféricas. Sintió el cambio en la presión antes de verlo. Sus sensores, aquellos que había diseñado para detectar la vibración de una cuerda de violín, empezaron a registrar un zumbido infrasónico: el rugido sordo de la tierra moviéndose a kilómetros de profundidad.

—¡Ji-Hoon! ¡Bajate de ahí ahora mismo! —el grito de Xiomara llegó desde el patio central.

Él bajó con la agilidad que le habían dado dos años de subir y bajar andamios. Al llegar al suelo, encontró a Xiomara sosteniéndose el vientre con una mano y señalando hacia el horizonte con la otra. Una columna de ceniza fina empezaba a llover sobre la ciudad.

—El Telica está despertando, chele. Y no es una "fumarola de cortesía". Viene ceniza pesada.

La Amenaza SilenciosaPara un ingeniero acústico, la ceniza volcánica es una pesadilla. Es un material abrasivo, cargado de estática, que se mete en los circuitos y, lo peor de todo, altera la porosidad de las superficies. Si la ceniza cubría las paredes de adobe del teatro, el sonido que tanto habían cuidado se volvería opaco, como si alguien hubiera envuelto el edificio en algodón sucio.

—Tenemos que sellar los tragaluces y los ductos de ventilación natural —dijo Ji-Hoon, entrando en modo de crisis—. Si esa ceniza entra en el foso de resonancia, destruirá la piedra pómez y los sensores de ámbar.

—No tenemos lonas suficientes, Ji-Hoon —respondió Xiomara, con una calma tensa—. Y los muchachos del conservatorio están asustados. Los estudiantes coreanos nunca han visto una erupción. Creen que es el fin del mundo.

El Pánico de los InvitadosEn el salón principal, los seis estudiantes de Seúl estaban en medio de un caos contenido. Min-Ho, el más joven, intentaba empacar su violonchelo con manos temblorosas.

—¡Seonsaengnim! —gritó al ver a Ji-Hoon—. Las noticias dicen que hay alerta amarilla. ¡Tenemos que evacuar a Managua! El aire se está volviendo ácido.

Ji-Hoon se puso en medio del salón. Su voz, entrenada para proyectarse sin esfuerzo en la acústica del teatro, se impuso sobre el murmullo.

—¡Escuchen! León ha convivido con estos volcanes por quinientos años. No nos vamos a ir. Si nos vamos, el teatro muere. La ceniza es como la cal: si no se limpia a tiempo, se petrifica. Min-Ho, deja de empacar y ayúdame a traer las mantas húmedas de la bodega. Los estudiantes locales ya saben qué hacer. ¡Sigan su ejemplo!

Los estudiantes nicaragüenses, liderados por el primo de Xiomara, ya estaban mojando sábanas y sacos de yute. Sabían que el agua atrapaba la ceniza antes de que se convirtiera en polvo volátil.

La Batalla por la AcústicaDurante las siguientes cinco horas, el teatro se convirtió en una trinchera. Ji-Hoon y los estudiantes coreanos treparon a las alturas del "gallinero", cubriendo cada rendija con telas húmedas. El calor dentro del edificio se volvió sofocante al cerrar la ventilación, pero era la única forma de salvar el sistema.

Xiomara, a pesar de su embarazo, dirigía las operaciones desde el escenario, organizando raciones de comida y agua. De repente, un temblor de magnitud 4.2 sacudió el suelo. El teatro gimió. El adobe, diseñado para ser flexible, se movió con un crujido orgánico que aterrorizó a los visitantes.

—¡Se va a caer! —gritó una de las estudiantes coreanas, tirándose al suelo.

—¡No se va a caer! —rugió Ji-Hoon, aferrado a una viga—. ¡Sientan el edificio! Está bailando con la tierra. Si fuera de concreto, ya estaríamos bajo los escombros. ¡Confíen en el barro!

Ji-Hoon cerró los ojos y, por un momento, se conectó con los sensores que aún estaban activos. El sonido del terremoto pasando a través de los cimientos era una nota baja, una frecuencia de unos 5 Hz que hacía vibrar sus propios huesos. Era una música aterradora, pero magnífica. La tierra estaba afinando su propia orquesta.

Un Invitado Inesperado en la TormentaA medianoche, mientras la ceniza caía como nieve negra sobre las calles de León, alguien llamó con fuerza al portón de madera. Ji-Hoon, cubierto de hollín volcánico y sudor, abrió la mirilla.

Era un hombre joven, vestido con uniforme de mensajería internacional, pero con una máscara de protección industrial de alta gama.

—¿Ingeniero Ji-Hoon Kang? Traigo un envío urgente desde la terminal de carga de Managua. Dicen que es vital para la "preservación de activos".

Ji-Hoon abrió el portón. El mensajero entregó tres cajas metálicas pesadas con el logotipo de Kang Solutions. Ji-Hoon las abrió en medio del vestíbulo bajo la mirada curiosa de Xiomara y los estudiantes.

Dentro no había dinero. Había filtros de aire iónicos de última generación y selladores poliméricos biodegradables que el departamento de I+D de su padre acababa de desarrollar. Pero lo más sorprendente era una pequeña nota pegada a uno de los filtros:

"El cristal no soporta la ceniza, pero el silicio puede ayudar al barro. No dejes que se apague el sonido. Sería una mala inversión."

Ji-Hoon miró a Xiomara y sonrió con ironía.

—Parece que el Director Kang ha estado monitoreando el clima volcánico de Nicaragua desde su oficina en Seúl.

—Ese hombre es un caso serio —rio Xiomara, limpiándose una mancha de ceniza de la nariz—. Pero esos filtros nos van a salvar los pulmones, chele. Instalalos rápido, que el aire ya pica.

La Resonancia de la CenizaA las tres de la mañana, el volcán se calmó. La lluvia de ceniza cesó, dejando a León envuelto en un manto gris y silencioso. Ji-Hoon salió al balcón frontal. El silencio era absoluto; la ceniza actuaba como un aislante acústico natural, apagando incluso el sonido de los grillos.

Se sentó en el suelo, agotado. Xiomara llegó a su lado y le entregó una taza de té de jengibre.

—Sobrevivimos a la primera, ingeniero —dijo ella, tocándose el vientre—. Tu hijo va a nacer con pulmones de acero.

—Sobrevivimos porque aprendimos a no pelear contra la naturaleza, sino a cubrirnos con ella —respondió Ji-Hoon—. Xiomara, he estado pensando... Si la ceniza cambia el sonido de la ciudad, tenemos que crear una "Afinación Volcánica". Un conjunto de instrumentos que usen la piedra pómez del Telica como cajas de resonancia.

Xiomara lo miró con admiración. —Siempre encontrás la forma de convertir el desastre en música, ¿verdad?

—Es lo que León me enseñó. Aquí nada se desperdicia, ni siquiera el miedo.

En la penumbra del teatro, rodeados de filtros coreanos y sábanas nicaragüenses manchadas de ceniza, Ji-Hoon abrió un cuaderno nuevo. En la primera página escribió:

"Capítulo 16: El volcán nos puso a prueba y el barro no se quebró. La tecnología de mi padre ahora sirve al servicio de la tierra. Mañana recogeremos la ceniza y la usaremos para pulir la madera. El sonido del futuro no es limpio; es un sonido que ha sobrevivido al fuego."

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