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Tu Nombre En Mi Pasado

Tu Nombre En Mi Pasado

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Amor prohibido
Popularitas:234
Nilai: 5
nombre de autor: Leo Rg

Tu nombre en mi pasado
En la ciudad de Vareth, donde el poder se mueve en silencio y la lealtad se paga con sangre, Adrián Voss vive atrapado en un pasado que nunca logró enterrar.
Años después de la muerte de su padre, una sola pista aparece de la nada: un nombre que no debería existir… Elena Rivas.
Ella es todo lo que no encaja en su mundo: tranquila, normal, aparentemente ajena a la oscuridad que domina la ciudad. Pero en Vareth, nadie es inocente… y nadie aparece por casualidad.
Mientras Adrián se acerca a ella buscando respuestas, lo que encuentra es algo mucho más peligroso: una conexión que no entiende, una atracción que no puede controlar… y un secreto que podría destruirlos a los dos.
Porque alguien más ya los está observando.
Y esta vez…
el pasado no viene a recordarse.
Viene a cobrarse.

NovelToon tiene autorización de Leo Rg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Nombres que pesan

La puerta terminó de ceder con un crujido seco.

Astillas de madera saltaron hacia dentro como si la casa misma estuviera escupiendo el peligro.

—¡Ahora! —ordenó el desconocido.

Adrián no dudó.

Agarró a Elena por la muñeca, firme pero sin lastimarla, y la guió hacia la parte trasera del apartamento. El pasillo estrecho parecía más largo de lo normal, las sombras más profundas, como si el lugar estuviera tratando de retenerlos.

Detrás…

pasos.

Más de uno.

Entraban.

—¿Por dónde? —preguntó Elena, con la respiración entrecortada.

—Cocina —respondió el hombre—. Hay una salida de servicio.

—¿Cómo sabes eso? —gruñó Adrián sin dejar de moverse.

—Porque no es la primera vez que entro aquí.

Esa respuesta quedó pendiente.

No había tiempo.

La cocina era pequeña, mal iluminada, con una bombilla amarillenta que parpadeaba como si estuviera a punto de morir. El olor a humedad y metal viejo se mezclaba con el de algo quemado de hacía días.

El hombre abrió un pequeño pestillo detrás de una puerta desgastada.

—Aquí.

Elena miró el espacio.

Oscuro.

Estrecho.

Una escalera de hierro que bajaba hacia lo que parecía un callejón trasero.

—No me gusta esto… —susurró.

—A nadie le gusta —respondió Adrián—. Muévete.

Ella lo miró un segundo.

Y obedeció.

El descenso fue rápido pero incómodo. Cada paso hacía crujir la estructura metálica, y el eco del sonido parecía amplificarse en ese túnel angosto.

Arriba…

gritos.

—¡Se fueron por atrás!

Demasiado tarde.

Cuando los tres tocaron el suelo, el aire era diferente.

Más frío.

Más real.

El callejón estaba apenas iluminado por una luz roja intermitente que salía de un cartel roto. Había basura acumulada, cajas mojadas, y el olor a lluvia vieja impregnando todo.

La ciudad de Vareth, en su lado más crudo.

—Por aquí —indicó el hombre, girando a la derecha.

Adrián lo detuvo un segundo, agarrándolo del brazo.

—Ni siquiera sé tu nombre.

El hombre lo miró.

Y por primera vez…

no sonrió.

—Mateo.

Silencio breve.

—Mateo… ¿qué? —insistió Adrián.

—Mateo no necesita apellido para esto.

Elena intervino.

—Pues a mí sí me gustaría saber con quién estoy corriendo.

Mateo la miró un segundo más de lo necesario.

—Mateo Kade.

Adrián soltó su brazo.

Ese nombre…

le sonaba.

—Trabajabas para los Virelli —dijo, casi como una afirmación.

Mateo levantó una ceja.

—Trabajaba.

—Eso no se deja así como así.

Mateo empezó a caminar otra vez.

—Tampoco se sobrevive mucho tiempo quedándose.

Esa frase llevaba historia.

Oscura.

Doblaron una esquina.

Luego otra.

El callejón dio paso a una calle más abierta, pero igual de vacía. Las farolas parpadeaban, y la niebla comenzaba a cubrir el asfalto como una sábana ligera.

Elena sentía el pulso en las sienes.

—Nos están siguiendo —dijo en voz baja.

Adrián no se giró.

—Lo sé.

Mateo sí lo hizo.

Rápido.

Preciso.

—Tres, tal vez cuatro —confirmó—. No vienen corriendo… vienen seguros.

—Eso significa que saben hacia dónde vamos —añadió Adrián.

Mateo lo miró.

—O que no les importa hacia dónde vayas.

Silencio.

Peor.

—Necesitamos un lugar —dijo Elena.

—Tengo uno —respondió Mateo.

Adrián negó.

—No.

Mateo frunció el ceño.

—¿No qué?

—No vamos a un lugar que tú elijas.

Mateo soltó una pequeña risa.

—Entonces dime tú uno mejor.

Silencio.

Adrián no respondió.

Porque no lo tenía.

Elena intervino.

—No tenemos tiempo para esto.

Ambos hombres se miraron.

Tensión.

Orgullo.

Desconfianza.

—Confía en mí —dijo Mateo.

Adrián dio un paso hacia él.

—Ese es exactamente el problema.

Silencio.

Elena respiró hondo.

—Si seguimos discutiendo, nos alcanzan.

Pausa.

—Y ahí sí no vamos a poder confiar en nadie.

Eso fue suficiente.

Adrián desvió la mirada.

—Guía.

Mateo asintió.

—Por aquí.

Caminaron más rápido ahora.

La ciudad empezaba a cambiar.

Menos abandono.

Más estructura.

Pero igual de vacía.

Hasta que finalmente…

llegaron.

Un edificio antiguo, de ladrillos oscuros, con ventanas altas y rotas en algunos puntos. Una puerta metálica al frente, marcada con grafitis y golpes de años.

—Bienvenidos —dijo Mateo— a lo que queda de mi pasado.

Elena lo miró.

—No suena muy tranquilizador.

—No lo es.

Mateo abrió la puerta.

El interior era amplio.

Oscuro.

Pero limpio.

Demasiado limpio para estar abandonado.

Adrián lo notó.

—Sigues viniendo aquí.

Mateo no respondió.

Eso ya era respuesta.

Una vez dentro, la puerta se cerró con un sonido pesado.

Seguro.

Por ahora.

El silencio volvió.

Pero este era distinto.

No había persecución inmediata.

Solo… pausa.

Elena se apoyó contra una pared, soltando el aire que llevaba reteniendo desde hacía minutos.

—Esto es una locura…

Adrián se acercó.

—Apenas está empezando.

Ella lo miró.

Y por un segundo…

todo lo demás desapareció.

—¿En qué nos metimos, Adrián?

Él no respondió de inmediato.

Miró el lugar.

Luego a Mateo.

Luego a ella.

—En algo que ya estaba en camino desde antes de conocernos.

Silencio.

Mateo se cruzó de brazos.

—Y ahora que ya están dentro…

Pausa.

—No hay salida limpia.

Elena cerró los ojos un segundo.

—Perfecto.

Adrián dio un paso más cerca de ella.

—No te voy a dejar sola en esto.

Ella lo miró.

Y por primera vez…

no respondió con miedo.

Sino con algo más profundo.

Más peligroso.

—Más te vale.

Afuera…

un carro se detuvo lentamente frente al edificio.

Luces apagadas.

Motor en marcha.

Esperando.

Porque en Vareth…

los nombres importan.

Las decisiones pesan.

Y los errores…

no se olvidan.

Se persiguen.

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