Una historia de amor y realeza 👑
NovelToon tiene autorización de Sheyla.FF para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14: Lo que casi se pierde
El sonido del combate comenzó a desvanecerse poco a poco, pero el aire seguía cargado de tensión. Algunos hombres yacían en el suelo, otros huían entre los árboles, y los guardias del reino permanecían alerta, asegurándose de que ningún atacante quedara oculto entre la maleza. El viento soplaba con fuerza, arrastrando hojas y polvo, como si el mismo bosque hubiera sido testigo del peligro que acababa de rozarlos.
Polet no se movía.
Seguía aferrada a Elliot.
Su respiración era irregular, entrecortada, y sus manos temblaban sin que pudiera controlarlo. El miedo no se había ido, seguía ahí, instalado en su pecho, latiendo con fuerza.
Elliot lo notó.
Bajó ligeramente la mirada hacia ella, sin soltarla aún.
—Ya pasó —dijo en voz baja, firme, pero sin dureza.
Polet no respondió de inmediato. Sus dedos seguían sujetando la tela de su ropa como si, al soltarla, todo pudiera volver a ocurrir.
—No… —murmuró finalmente— no pasó…
Elliot frunció apenas el ceño.
—Se fueron.
—Pero estaban aquí… —su voz tembló— estaban tan cerca…
Elliot guardó silencio unos segundos. Sabía que no podía contradecir lo que ella había sentido. Para alguien que nunca había vivido algo así, aquello no era un simple incidente.
Era un antes y un después.
—Mírame —repitió, esta vez con un tono más suave.
Polet dudó, pero finalmente levantó la mirada. Sus ojos estaban ligeramente húmedos, no por debilidad, sino por la intensidad del momento.
—No voy a permitir que te pase nada —dijo él con claridad.
No fue una promesa ligera.
Fue algo más firme.
Más personal.
Polet lo observó sin saber qué responder. Había algo en la forma en que lo dijo que hizo que su miedo, aunque no desapareciera, dejara de dominarla por completo.
Asintió lentamente.
Elliot soltó el aire con discreción y finalmente aflojó el agarre, aunque no se alejó del todo.
—Majestad —interrumpió uno de los guardias acercándose—, hemos asegurado la zona. Algunos escaparon, pero no representan amenaza inmediata.
—¿Heridos?
—Dos hombres con lesiones leves. Nada grave.
Elliot asintió.
—Mantengan vigilancia. Esto no fue casualidad.
El guardia inclinó la cabeza y se retiró.
Polet escuchó esas palabras y el miedo volvió a asomarse.
—¿No fue casualidad?
Elliot no respondió de inmediato. Observó el bosque unos segundos antes de hablar.
—No atacan así sin información previa. Sabían que pasaríamos por aquí.
Polet sintió un escalofrío.
—¿Entonces… nos estaban esperando?
—Sí.
El silencio volvió entre ellos, pero ahora era más pesado, más difícil de ignorar.
Polet miró a su alrededor, como si de pronto todo fuera distinto. El camino, los árboles, el aire… todo parecía menos seguro.
—Esto es por el viaje, ¿verdad? —preguntó en voz baja— por el otro reino…
Elliot no lo negó.
—Es lo más probable.
Polet bajó la mirada.
—Entonces… esto apenas comienza…
Elliot la observó unos segundos.
—Sí.
La sinceridad en su respuesta fue lo que más la impactó. No había consuelo falso, no había palabras para suavizar la realidad. Solo la verdad.
Y, de alguna forma, eso le dio más claridad.
Los guardias comenzaron a reorganizarse, algunos retirando los cuerpos, otros revisando el área. El carruaje seguía en su lugar, intacto, pero el ambiente ya no era el mismo que antes del ataque.
Polet respiró hondo, intentando recuperar la calma.
—Yo… lo siento.
Elliot la miró, confundido.
—¿Por qué?
—Me quedé paralizada… si no hubieras reaccionado…
Elliot negó ligeramente.
—Es normal.
—No lo es —insistió ella— pude haber empeorado todo.
—No lo hiciste.
Polet guardó silencio, pero no parecía convencida.
Elliot dio un pequeño paso hacia ella.
—Escucha bien esto —dijo con firmeza—, no espero que sepas reaccionar como un soldado. No es tu papel.
Polet lo miró.
—Entonces… ¿cuál es?
Elliot sostuvo su mirada.
—Confiar en mí cuando no puedas reaccionar.
Las palabras la tomaron por sorpresa.
No era una orden.
Era algo distinto.
Polet sintió que su corazón latía con fuerza, pero esta vez no era solo por el miedo.
—Eso suena… demasiado fácil.
—No lo es —respondió Elliot—, pero es suficiente.
Hubo un pequeño silencio después de eso. Uno distinto, más profundo.
Polet asintió lentamente.
—Está bien…
Los guardias anunciaron que podían continuar. El camino había sido asegurado, al menos por el momento. Elliot hizo un gesto y ambos se dirigieron nuevamente al carruaje.
Esta vez, Polet dudó antes de subir.
Miró el bosque una última vez.
—¿Van a volver?
Elliot la observó.
—Probablemente.
Polet apretó ligeramente los labios, pero no dijo nada más. Subió al carruaje con más cuidado que antes, como si ahora fuera consciente de cada detalle.
Elliot subió después.
El interior parecía el mismo, pero ya no se sentía igual. El silencio regresó, pero no era tranquilo, era un silencio lleno de lo que acababan de vivir.
El carruaje comenzó a avanzar nuevamente.
Durante varios minutos, ninguno habló.
Polet mantenía la mirada baja, repasando una y otra vez lo ocurrido. La flecha, los hombres, el momento en que no pudo moverse…
Y luego…
El instante en que Elliot la sostuvo.
Apretó ligeramente sus manos.
—Gracias…
La palabra salió casi en un susurro.
Elliot la escuchó.
—No tienes que agradecer.
—Sí tengo.
Elliot no respondió.
Polet levantó un poco la mirada.
—Si no hubieras estado…
Se detuvo.
No quiso terminar la frase.
Elliot la observó en silencio, entendiendo perfectamente lo que no dijo.
—Estoy aquí —respondió simplemente.
Y, por alguna razón, esas palabras pesaron más que cualquier otra cosa.
Polet asintió.
El viaje continuó, pero algo había cambiado de forma definitiva. Ya no era solo una misión, ni una estrategia, ni un acuerdo entre familias.
Ahora había peligro real.
Y también…
Algo más difícil de ignorar.
Porque en medio del miedo, de la incertidumbre y del riesgo…
La distancia entre ellos se había roto por completo.
Y ninguno de los dos parecía dispuesto a reconstruirla.