TEMPORADA 2 DE LA NOVELA "LA VIDA CON HOMBRES BESTIAS ES MUY CANDENTE".
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CAPÍTULO 16
Yo crucé primero la puerta del balcón. Pero cuando él salió detrás de mí… me giré de repente.
Lo tomé completamente desprevenido.
Agarré su elegante ropa por el pecho y tiré de él hacia abajo, obligándolo a inclinarse hasta quedar casi a la altura de mi rostro.
Sus ojos verdes se abrieron con sorpresa bajo la luz de la luna.
—¿Qué…? —alcanzó a decir.
Pero yo lo interrumpí.
—¡Aethon! ¡Aethon! ¡Aethon! —dije, llamándolo con una seriedad completamente borracha—. ¡Me gustaaaaaas muchooooo!
Mi voz resonó por todo el balcón.
Él parpadeó.
Y antes de que pudiera reaccionar, solté lo que llevaba guardando en el corazón.
—¡Te amoooo!
Entonces lo solté y salté sobre él.
Enganché mis piernas alrededor de su cadera envolviendo mi brazo derecho sobre su cuello y con mi mano izquierda lo tome del rostro y lo besé.
Mi beso fue torpe, desordenado… completamente impulsivo.
Pero Aethon no me apartó.
Al contrario.
Después del primer segundo de sorpresa, su brazo izquierdo me rodeó las piernas con firmeza para evitar que cayera y con su mano derecha me tomó sobre el cabello, sujetándome. Y poco a poco comenzó a guiar el beso con una pasión que congeniaba con mi entusiasmo descontrolado.
Un escalofrío y calor recorrió todo mi cuerpo.
Cuando finalmente nos separamos un poco, ambos respirábamos con dificultad.
Nos miramos fijamente.
Sus ojos verdes brillaban intensamente, llenos de emoción… como si llevara demasiado tiempo esperando ese momento.
Entonces dijo, con voz baja y cargada de intensidad:
—Eres mía ahora. No puedes retractarte.
Su tono tenía pasión, incredulidad… y una felicidad que apenas podía controlar.
Yo negué con la cabeza de inmediato.
—¡No me voy a retractar! —protesté, aún colgada de él—. ¡Porque yo te amoooo desde hace mucho tiempo!
Sus ojos intentaron suavizarse sin éxito, su corazón latia fuertemente.
—¿Desde cuándo…?
—¡Desde el otro mundo! —dije sin pensar—. Pero nunca tuve la oportunidad de decírtelo… siempre había malentendidos… siempre pasaba algo en la guerra…
Bajé un poco la voz.
—Pero ahora que todo está claro… yo realmente quiero corresponderte…
No pude terminar la frase.
Porque Aethon me besó con aún más intensidad, con más pasión descontrolada.
Esta vez con toda la emoción que había estado conteniendo durante tanto tiempo.
Cuando finalmente nuestros rostros se separaron levemente, su expresión era completamente distinta a la calma habitual que siempre mostraba en público.
Estaba profundamente feliz y a la vez tenía una mirada que me hacía sentir desnuda.
Me apretó con más fuerza las piernas, pero sin lastimarme.
—No tienes idea de cuánto tiempo esperé escuchar eso —murmuró cerca de mi oído con un tono ipnotizante que me hacía derretirme.
Y así me llevó hacia el interior del castillo.
Los sirvientes no se atrevieron a levantar la mirada.
Nos dirigimos directamente a sus aposentos.
Yo nunca había estado allí antes.
La habitación era enorme, elegante… pero en ese momento no pude prestar atención a nada de eso.
Porque Aethon no parecía dispuesto a dejarme ver hacia otro lado que no fuera él.
Durante tres días consecutivos no salimos de la habitación.
Yo estaba realmente al límite casi le rogaba que me dejara descansar un momento. Ya no podía seguirle el ritmo. Aunque todo era muy placentero.
Los sirvientes avergonzados por los ruidos provenientes de la habitación, por supuesto, entendían perfectamente lo que estaba ocurriendo.
Nadie se atrevió a molestarnos.
Incluso mantuvieron a los niños lejos de esa ala del castillo durante ese tiempo.
Cuando finalmente salimos de la habitación… el castillo parecía extrañamente silencioso.
Yo caminaba al lado de Aethon intentando caminar lo más normal posible, aunque en realidad estaba completamente adolorida y agotada. Apenas podía mantener los ojos abiertos.
¡Este hombre no tuvo ninguna piedad de mi!
Y Aethon, en cambio, caminaba con una tranquilidad irritantemente elegante, como si nada hubiera pasado mientras parecía más reluciente de lo habitual.
Aunque yo podía notar la pequeña sonrisa satisfecha que trataba de ocultar.
Los sirvientes que pasaban cerca inclinaban la cabeza respetuosamente… pero algunos no podían evitar sonreír con discreción.
Otros simplemente evitaban mirarnos directamente.
Yo sentía cómo mi cara se calentaba de vergüenza.
—Aethon… —murmuré en voz baja—. Todos saben…
—Por supuesto que saben —respondió con calma.
Eso no ayudó en absoluto.
Pero antes de que pudiera quejarme más…
Escuchamos pasos rápidos corriendo por el pasillo.
—¡Mamá!
—¡Papi!
Mis dos cachorros aparecieron corriendo por el corredor.
El pequeño Fenrael llegó primero, deteniéndose frente a nosotros con los ojos muy abiertos.
La pequeña Naevira llegó justo detrás, observándonos con una expresión llena de curiosidad.
Ambos nos miraban como si estuviéramos escondiendo el mayor secreto del mundo.
—¿Dónde estaban? —preguntó el pequeño Fenrael.
—¡Tres días! —añadió Naevira moviendo disque sus dedos de sus patita—. ¡Tres días completos!
Yo me quedé congelada.
No tenía absolutamente ninguna respuesta preparada.
Aethon tampoco respondió inmediatamente.
Los niños azotaron su colita exactamente al mismo tiempo.
—Los buscamos en todas partes —continuó Naevira con tono serio—. Pero los sirvientes dijeron que no podíamos ir a esa parte del castillo.
El pequeño Fenrael entrecerró los ojos con sospecha.
—Dijeron que estaban… ocupados.
El silencio se volvió pesado.
Yo quería desaparecer.
Aethon, en cambio, simplemente suspiró con calma.
Luego colocó una mano sobre la cabeza de cada uno y despeinó suavemente su pelaje.
—Los adultos a veces necesitan tiempo para hablar de cosas importantes.
Los dos niños lo miraron.
Luego me miraron a mí.
Después volvieron a mirar a Aethon.
El pequeño Fenrael inclinó la cabeza.
—¿Tres días hablando?
Naevira frunció el ceño.
—Eso suena muy aburrido.
Yo no sabía si reír o morir de vergüenza.
Pero entonces la pequeña Naevira caminó hacia mí y me observó con atención.
Luego sonrió.
—Pero ahora huelen igual.
Me quedé completamente rígida.
—¿Eh…?
Ella asintió con mucha seguridad.
—¡Sí! Antes no tenían el mismo aroma.
El pequeño Fenrael se acercó también y olfateó el aire.
—¡Es verdad!
Aethon soltó una pequeña risa.
Yo estaba convencida de que iba a explotar de vergüenza.
—Bueno —dijo él con naturalidad—. Eso es porque ahora nos convertimos oficialmente familia.
Los dos niños se miraron entre ellos.
Luego sus rostros se iluminaron al mismo tiempo.
—¡¿DE VERDAD?!
—¡¿Entonces es nuestro papá oficial ahora?!
Aethon me miró de reojo con una sonrisa tranquila… claramente disfrutando mi reacción.
—Si ella lo acepta~
Los dos cachorros me miraron con ojos enormes llenos de esperanza.