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El Hombre Equivocado

El Hombre Equivocado

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Qué hacer cuando se supone que el día más feliz de tu vida se convierte en un infierno?

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Lo que se rompe de verdad

Samira se envolvió la mano herida con una servilleta de tela, apretando los dientes por el dolor. Con la respiración agitada y tras buscar en vano un teléfono, intentó atrancar la puerta principal con una silla. Al ver que no era suficiente, corrió hacia la habitación de Dominic. Estaba cerrada, pero la manija cedió al primer intento. Estuvo a punto de refugiarse en la oscuridad del cuarto cuando el tintineo de la cerradura principal la paralizó; al escuchar la voz de Dominic acercándose, el pánico la hizo retroceder y buscar un escondite rápido en la sala.

Dominic logró abrir la puerta arrastrando los pies. La descubrió casi de inmediato, encogida y temerosa. Sus ojos, enrojecidos e hinchados, delataban horas de llanto ininterrumpido. El joven suspiró y caminó hacia la estufa con la pesadez de una jornada interminable en los hombros. Arrojó sus cosas al suelo y comenzó a encender el fuego. La frustración le tensaba la mandíbula; en ese momento, sentía que Samira era solo una carga, un peso muerto que le sumaba más trabajo en lugar de aliviarlo.

Aprovechando que él le daba la espalda, Samira se escabulló en absoluto silencio hacia su propia habitación. Dominic no hizo el intento de detenerla, cenó solo. Su orgullo y su agotamiento le dictaban que no debía llamarla; a sus ojos, no se había ganado esa comida. Al terminar, lavó su plato y se dirigió a su alcoba. Al encender la lámpara, el caos lo recibió de golpe: vidrios rotos esparcidos por el suelo y un rastro de gotas de sangre. Se frotó el rostro con ambas manos, exhalando un gruñido de pura exasperación.

Sin pensarlo más, sacó el botiquín y caminó hacia el cuarto de la chica. Golpeó la madera un par de veces antes de entrar. Samira yacía en la cama, hecha un ovillo. No reaccionó al escuchar sus pasos; la vergüenza, un sentimiento nuevo y punzante, la mantenía inmovilizada. Dominic se acercó y le tocó el brazo. Estaba helada, temblando mientras intentaba conservar algo de calor bajo su propio abrazo.

—Levántate —ordenó él con voz firme, pero sin alzar el tono.

Samira obedeció, sentándose al borde del colchón con la mirada clavada en el suelo, luciendo completamente rendida. Dominic se fijó de inmediato en su mano cubierta. Cuando intentó tomarla, ella instintivamente la apartó, pero él la sostuvo con firmeza y retiró la tela manchada. La herida era larga y, en uno de sus extremos, bastante profunda, aunque no ponía en riesgo su vida. Con movimientos precisos comenzó a limpiarla, extrayendo con cuidado un pequeño fragmento de cristal que aún seguía incrustado. Ella no emitió queja alguna; solo se aferró a la cobija con la mano sana y apretó los párpados para soportar el ardor.

—Ya quedó —murmuró Dominic, dando media vuelta para salir de la habitación.

Samira se quedó observando el impecable vendaje. Minutos después, él regresó llevando un plato con la cena. Fue entonces cuando ella reparó en las manos de Dominic: llenas de callos y ampollas, un testimonio mudo de su arduo trabajo. Una punzada de culpa la atravesó por no haber sido de ayuda, y negó lentamente con la cabeza.

—La comida se gana —susurró ella, con la voz quebrada.

Dominic ignoró su protesta y dejó el plato sobre la pequeña mesa junto a la cama.

—Te encargarás de hacer las compras —sentenció, mirándola a los ojos—. Mañana te enseñaré el camino al mercado y buscaré a alguien más para que me ayude en el campo.

Samira lo miró, desconcertada. No entendía por qué no la reprendía ni le gritaba por el desastre que había causado. El hombre al que hasta entonces había considerado un desgraciado y un interesado se revelaba ante ella como alguien honesto, amable y profundamente compasivo.

Dominic depositó una lámpara extra en la habitación, le tendió una cobija limpia y salió sin decir más. Sola en la penumbra, las lágrimas no tardaron en desbordarse por sus mejillas. Sabía que no merecía esa comida, pero allí estaba. Solo podía sentirse abrumadoramente avergonzada y agradecida. Ni siquiera sus propios padres habían tenido con ella la infinita paciencia que Dominic le acababa de demostrar.

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Eneida Acosta
para cuando los otros capítulos gracias
Andre
Hay contradicción. Primero habla del silencio en el despacho donde no se defendió de los golpes y luego de ella creyendo que no le hicieron nada
Yaya García: lo mejor de esta autora es que sus novelas están conectadas, y así se entera uno de la vida de los personajes secundarios.
por ejemplo la novela tropezando con el amor está vinculada con dinastía brekman, heredero enamorado y la nueva que es sediento de venganza🥰
total 1 replies
Susana Damiano
/Drool//Drool//Rose//Rose/
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