⚠️➕21 no denunciar ⚠️, ZAIRO y RUBÍ, una pareja de sicarios independientes, que cobran millones por cada trabajo bien realizado...
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13: celos que se convierten en fuego
Zairo intentaba fingir que los celos ya no le quemaban por dentro, pero su rostro lo traicionaba. Tenía la mandíbula tensa, los ojos entrecerrados y los movimientos un poco más bruscos de lo normal. Se había quitado la camisa y estaba sentado en el borde de la cama, revisando la tablet con los pocos datos que habían obtenido de Diego: dirección aproximada de la mansión de Víctor Salazar, número de guardias y posibles puntos débiles. Pero su mente volvía una y otra vez a la escena de Rubí.
Rubí salió del baño envuelta solo en una bata de baño blanca del hotel, el cabello todavía húmedo y cayendo sobre sus hombros. Al verlo sin camisa, bajo la luz suave de la lámpara, sonrió con ternura. Sabía exactamente lo que le pasaba.
Se acercó en silencio, le quitó la tablet de las manos con suavidad y la dejó sobre el buró. Zairo levantó la mirada, sorprendido.
—Rubí…
Ella no dijo nada al principio. Se inclinó y lo besó con calma, un beso lento y consolador, como si quisiera borrar con sus labios toda la frustración acumulada. Sus manos acariciaron su pecho desnudo, sintiendo el calor de su piel.
—Sé que todavía estás molesto —susurró contra su boca—. Y me gusta… me gusta verte celoso. Me recuerda que soy importante para ti.
Zairo soltó un suspiro entrecortado. Rubí se arrodilló frente a él con elegancia, desatando el nudo de su pantalón. Sacó su masculinidad ya semierecta y la besó con cariño al principio, labios suaves rozando la punta. Luego la acarició con la mano, subiendo y bajando con movimientos lentos mientras lo miraba desde abajo.
—Me excita cuando te pones así… cuando sabes que otros me desean, pero solo tú puedes tenerme —murmuró antes de lamerlo desde la base hasta la cabeza, trazando círculos con la lengua.
Zairo la observó con intensidad. Una sonrisa pequeña y maliciosa apareció en sus labios. Rubí la reconoció al instante: era la señal de que él quería tomar el control. Sin esperar más, ella abrió la boca y lo acogió, envolviéndolo con calor húmedo.
Zairo empujó suavemente su cabeza hacia adelante, obligándola a tomarlo más profundo. Pronto el ritmo cambió. Él sostuvo su cabello con una mano y empezó a follarle la boca con embestidas firmes y profundas. Rubí apoyó las manos sobre los músculos tensos de sus muslo, chupando y succionando mientras él entraba y salía. Los sonidos húmedos llenaban la habitación, mezclados con los gemidos graves de Zairo.
—Así… buena chica —gruñó él, empujando más fuerte, sintiendo cómo su garganta lo apretaba.
Rubí mantuvo el contacto visual, los ojos llorosos por la profundidad pero llenos de deseo. Cuando Zairo llegó al clímax, se corrió con fuerza dentro de su boca, soltando un gemido largo y ronco. Ella tragó todo sin derramar una gota, luego se pasó la lengua por los labios y se saboreó con una sonrisa satisfecha.
Se puso de pie lentamente y dejó caer la bata al suelo, quedando completamente desnuda frente a él. Zairo no perdió tiempo. La tomó por la cintura con ambas manos y la levantó con facilidad, acostándola en la cama. Rubí abrió las piernas de inmediato, invitándolo, su cuerpo ya listo y húmedo.
Él se quitó los pantalones y se acomodó entre sus muslos. Entró en ella de un solo movimiento profundo, arrancándole un gemido fuerte. Rubí se aferró al soporte de la cama con las manos mientras él empezaba a embestirla con pasión intensa. Sus pechos rebotaban al ritmo de cada choque de caderas, los pezones endurecidos por la excitación.
Zairo le subió las piernas hasta sus hombros, doblándola casi en dos para entrar más profundo. Cada embestida era fuerte, posesiva, como si quisiera marcarla de nuevo después de haberla visto con otro hombre. Rubí gemía sin control, el placer recorriéndole el cuerpo entero.
—Zairo… ¡ah! —jadeó, sosteniéndose sobre los codos, las manos apretando las sábanas con fuerza.
El sexo fue apasionado y crudo. Ambos lo disfrutaban plenamente: él desahogando los celos que aún le quedaban, ella entregándose por completo. Los cuerpos sudorosos se movían en sincronía, la cama crujiendo bajo ellos. Cambiaron de posición varias veces, pero siempre con esa intensidad que los caracterizaba. Rubí llegó primero, contrayéndose alrededor de él con un orgasmo que la hizo temblar y gritar su nombre. Zairo la siguió poco después, derramándose dentro de ella con embestidas finales profundas y temblorosas.
Se derrumbaron juntos sobre las sábanas, respirando agitados. Zairo la atrajo contra su pecho y la besó en la frente, ya más calmado.
—Te amo —murmuró.
—Y yo a ti —respondió ella, trazando líneas sobre su abdomen—. Aunque te pongas celoso como un loco.
Durmieron abrazados, exhaustos pero satisfechos.
Al día siguiente, la luz grisácea de Bogotá entraba por las cortinas cuando Zairo despertó primero. Rubí todavía dormía profundamente a su lado, con una expresión tranquila en el rostro. Él se levantó con cuidado, se puso un pantalón de chándal y salió a la sala de la suite para no despertarla.
Tomó el teléfono seguro y marcó el número encriptado de yatsuki Hiroshi . El japonés contestó al tercer timbre, con su voz calmada y educada de siempre.
—Señor Zairo, buenos días.
—yatsuki —respondió Zairo con tono firme pero respetuoso—. Las cosas se han complicado más de lo esperado. La katana ya no está en Las Vegas. La movieron a Colombia. Tuvimos que seguirla hasta aquí, lidiar con gente del cartel, seguridad extra… El riesgo ha aumentado considerablemente. La paga original ya no compensa el trabajo.
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea. Yatsuki Hiroshi Tanaka no parecía sorprendido.
—Entiendo. ¿Qué cantidad considera justa?
—Ochenta millones —dijo Zairo sin dudar—. eentregar la pieza intacta en Tokio.
El japonés tardó solo unos segundos en responder.
—Aceptado. Subiré la oferta a ochenta millones de dólares. Espero que esto motive un resultado rápido y limpio.
Zairo sonrió satisfecho, aunque Hiroshi no pudiera verlo.
—Así será. Le mantendremos informado.
Colgó la llamada y soltó un suspiro largo. Ochenta millones. El doble de lo original. Valía la pena el riesgo extra.
Regresó a la habitación. Rubí seguía dormida, respirando con calma. Zairo se acostó a su lado con cuidado y la atrajo suavemente contra su cuerpo. Ella se movió un poco pero no despertó, solo se acurrucó más cerca de él.
Ahora tenían más dinero en juego y una dirección concreta en La Calera. El siguiente paso sería estudiar la mansión de Víctor Salazar: planos, rutinas de seguridad y la mejor forma de entrar y salir sin dejar rastro.
Pero por el momento, Zairo se permitió disfrutar unos minutos más de la quietud, con su esposa dormida entre sus brazos y la certeza de que, juntos, conseguirían esa katana y cobrarían lo que les correspondía.
La ciudad de Bogotá despertaba afuera, pero dentro de la suite solo existía el calor de sus cuerpos y la promesa de un pago mucho más generoso.
me gusta la forma que describe cada personaje, la forma qué hace, qué el lector se imaginé esas escenas dónde él personaje vive ese momento de placer,angustia, desesperación y miedo todo eso me gusta sentir en las historias y si una historia no me atrapa con el título o la sinopsis, no la leo no es que sea exigente, pero creó que como lector quiero disfrutar de esa adrenalina o sentimiento que como escritores quieren transmitir le felicito por otra, historia y espero que puedan llegar a mas lectoras 👏👏💐💐
pero me quedo una duda 🤔🤔 que pasó con la traidora de Mariana, no me diga que piensa hacer una 2da historia 🤣🤣🤣 no creó pero si quiero saber si Mariana se fue a dormir con los peces 🤣🤣