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Bajo El Hechizo De La Sirena Bipolar

Bajo El Hechizo De La Sirena Bipolar

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Romance
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Salvatore Falcó

Sebastián lo tenía todo: un reino próspero, un cabello pelirrojo que era la envidia de la nobleza y una lengua tan afilada que podía humillar a un mago en tres segundos. Pero el exceso de sarcasmo tiene un precio. Tras insultar al hechicero equivocado, Sebastián despierta convertido en un cangrejo y es arrojado a las profundidades del océano.
Su suerte no mejora cuando es capturado por Rubí, la princesa del Reino Marino. Llamada así por sus hipnotizantes ojos rojos, Rubí es una sirena de una belleza letal y una personalidad... impredecible. Un momento es un ángel dulce que acaricia tus pinzas, y al siguiente está picando perejil mientras decide si te prefiere hervido o a la plancha.
Atrapado en una jaula de cristal y bajo la vigilancia de una "loca" con cambios de humor extremos, Sebastián deberá encontrar la forma de romper su hechizo antes de convertirse en el almuerzo real.

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capítulo 21

La capital del Reino Marino, un prodigio de arquitectura orgánica hecha de nácar, coral de fuego y cristales abisales, se extendía ante los ojos de **Sebastián** como un sueño febril. Sin embargo, el príncipe no tenía tiempo para admirar las cúpulas translúcidas ni los jardines de anémonas que bailaban al ritmo de las corrientes cálidas. Tras ser escupido por la Corriente de la Memoria y lograr que **Pipo**, el pez globo, finalmente cerrara la boca indicándole los aposentos privados de la heredera, Sebastián se infiltró en el palacio con la sigilo de un espía y la furia de un acreedor.

Evitó a las patrullas de caballitos de mar armados con lanzas de obsidiana y se deslizó por las grietas de los muros de mármol marino hasta que, finalmente, la encontró.

**Rubí** estaba en su balcón privado de coral negro, observando la inmensidad del abismo. No llevaba su vestido de seda de la superficie; ahora vestía una túnica de escamas de dragón marino que cambiaba de color entre el carmesí y el violeta. Se veía más imponente, más etérea y, para desgracia del ego de Sebastián, insultantemente hermosa.

El príncipe-cangrejo no esperó a que ella lo viera. Salió de las sombras de una estatua de Tritón y comenzó a golpear el suelo de cristal con sus pinzas, produciendo un sonido metálico y rítmico que rompió la paz del lugar.

—¡Tú! —chirrió Sebastián, su voz resonando con una autoridad que obligó a Rubí a dar un respingo y girarse bruscamente—. ¡No te atrevas a moverte ni un milímetro, mujer demente! ¡He cruzado medio océano, he esquivado las mandíbulas de bestias sin modales y he sobrevivido a la verborrea de un pez globo con delirios de comediante solo para decirte esto a la cara!

Rubí parpadeó, incrédula. Se inclinó sobre el suelo, sus ojos rojos dilatándose al reconocer la pequeña figura roja y enojada que gesticulaba frente a ella.

—¿Cangrejito? —susurró ella, su voz mezclando la sorpresa con una pizca de esa diversión maliciosa que Sebastián tanto odiaba—. ¿Cómo... cómo has llegado hasta aquí? ¿Has caminado desde la superficie? ¡Buaaaaaa! ¡Es lo más patético y tierno que he visto en mi vida!

—¡No uses ese tono de lástima conmigo! —rugió Sebastián, alzando sus dos pinzas hacia el techo como si invocara a los dioses—. ¡Y no llores tus lágrimas de teatro! He venido aquí porque estoy convencido, tras un análisis exhaustivo de mis facultades mentales, de que me has echado una maldición. ¡Brujería! ¡Eso es lo que es!

Rubí se cruzó de brazos, sentándose en un diván de esponja mientras una sonrisa ladeada aparecía en su rostro.

—¿Brujería, Sebastián? ¿De qué hablas ahora, mi pequeño monarca de jardín?

—¡Hablo de que no puedo sacarte de mi mente! —exclamó él, caminando de un lado a otro con una agitación frenética—. Desde que te fuiste con esa nota ridícula y ese naga con complejo de héroe, mi cabeza no ha hecho más que proyectar tu imagen. Te veo en las nubes, te veo en las sombras de mis cortinas, ¡hasta el maldito puré de Aurelia me recordaba al color de tus labios! Es un hechizo de vinculación abisal, estoy seguro. Has usado alguna clase de magia prohibida para que mi intelecto superior se vea degradado a pensar en tus arrebatos de locura cada cinco segundos. ¡Confiesa ahora mismo!

Rubí soltó una carcajada que resonó en toda la recámara, una risa que ya no era de burla, sino de una alegría genuina y algo salvaje.

—¿Así que el gran Príncipe Sebastián no puede dejar de pensar en mí? —dijo ella, inclinándose hasta que su rostro estuvo a pocos centímetros del cangrejo—. ¿Y tu conclusión es que te hice brujería? No podrías simplemente aceptar que... me extrañas, ¿verdad? Sería demasiado humillante para tu orgullo de porcelana aceptar que la "sirena intensa" te dejó un vacío que no puedes llenar con tus pedestales.

—¡Absurdo! ¡Imposible! —replicó Sebastián, aunque sus patas traseras flaquearon un poco bajo la mirada intensa de Rubí—. Yo no extraño a nadie. Un soberano es autosuficiente. Si pienso en ti es por una irregularidad mágica en el flujo de mi conciencia. Has infiltrado tu esencia en mi palacio mental y exijo que retires el encantamiento. No puedo gobernar un reino de tierra si mi cerebro está inundado de agua salada y recuerdos de tus intentos de cocinarme.

Rubí extendió un dedo y, con una delicadeza que Sebastián no esperaba, acarició el borde de su caparazón. Él se tensó, pero no se alejó.

—No hay magia, Sebastián —murmuró ella, su voz volviéndose suave, casi peligrosa—. La única "brujería" que hubo fue que, por un minuto, en ese balcón de Helios, dejaste de ser un príncipe arrogante y fuiste un hombre que me sostuvo. Y parece que a tu corazón le gustó más eso que a tu lengua. Pero llegas tarde, ¿sabes? Aquí las cosas han cambiado. Baltazar es el héroe del reino. Mi padre lo adora. Y yo... yo ya me había hecho a la idea de que serías feliz con tu "pelos morados".

—Esa mujer es un mueble con peluca —escupió Sebastián con desdén—. Y Baltazar es una serpiente que sabe posar para las estatuas. He venido a decirte que no acepto tu adiós. No acepto que te vayas y dejes este... este desorden en mi cabeza. Has causado un caos diplomático en mi mente y tienes que arreglarlo.

—¿Y cómo quieres que lo arregle? —preguntó Rubí, sus ojos rojos brillando con un desafío juguetón—. ¿Quieres que regrese contigo a ser tu "comida" en una pecera? ¿Quieres que abandone mi hogar ahora que soy respetada aquí?

Sebastián guardó silencio un segundo. El orgullo luchaba contra la verdad, y por primera vez, el orgullo estaba perdiendo por goleada.

—Quiero que dejes de ser un fantasma —dijo finalmente, con una dignidad que logró que Rubí dejara de sonreír—. Quiero que me mires como lo hiciste cuando me salvaste del caldero, y no como a un ingrediente. Y si para eso tengo que enfrentar a tu naga de escaparate, lo haré. Porque nadie, ni siquiera el mar mismo, le quita algo a Sebastián de Helios sin mi consentimiento. Y tú, por muy demente que estés... eres mía. O al menos, mi hechizo me dice que así debe ser.

Rubí se quedó inmóvil, observando al pequeño ser que había desafiado al océano entero por un ataque de celos y supuesta brujería. Estaba a punto de decir algo, quizás una burla, quizás una confesión, cuando una sombra fría se proyectó sobre el balcón.

—Vaya, vaya —la voz de **Baltazar** resonó como el roce de piedras bajo el agua—. Parece que la plaga roja ha logrado llegar hasta el fondo. Rubí, ¿qué hace esta alimaña de la superficie en tus aposentos?

Sebastián no retrocedió. Giró sus ojos hacia el naga y castañeó sus pinzas con una furia renovada.

—¡Hablando del diablo y sus escamas de oferta! —exclamó Sebastián—. Prepárate, Baltazar. He venido a romper un hechizo, y si tengo que romperte la cara en el proceso, consideraré que es un beneficio adicional para la estética de este reino.

Rubí miró a uno y luego al otro, sintiendo que el caos que tanto amaba estaba de vuelta, pero esta vez, el centro de la tormenta era un cangrejo enojado que juraba que el amor era, en realidad, un malentendido mágico.

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🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
atrévete!! y veras como te va knfeliz /Determined/ te vuelvo a arañar!! no por nada somos animales cazadores desgraciado!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
esooo!!! 😭 pinche viejo feo!!! /Smug/ solo yo puedo amenazar la vida de mi dueño infeliz!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
siento la frustración de sombra!! /Speechless/
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
ya veras tu dominación desgraciado!!! 🙊🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
soberano mis polainas desgraciado!!! me dejaste con ese pulpo degenerado!!! 😭
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
por fin justicia!!!! 😭 por fin le clave los dientes ese infeliz abandonador de gatas!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
el unico que se acuerda de mi!!!! /Smug/ después que todoooossss me dejaron con ese pulpo lujuriento!!! 😭
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
hijo de tu!!! /Smug/ me estas dejando que me manosee un pulpo!!! soy un gato por el amor de dios!!! 😭 que mezcla mas extraña 🤣 pero te comere en venganza sebastian!!! te hare pagar por esta maniseada innecesaria!! 😭
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
ala madre 😶 eso es acoso!!! me manosean 🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
ay 🥺 estoy tan orgullosa de mi misma 🤧
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
velda que soy linda? 🥺 ese cangrejo feo que no se deja comer!!! que agradezca que lo quiero de cena!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
atrévete warro!! y veras como te va!! /Smug/ no sabrás ni quien te atropeyo infeliz!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
esoooo!! cometelo él lo pidió 🤣/Determined/
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esooo tu unica dueña soy yo!! /Proud/ okno!!! como se te ocurre dejar que maltraten mi pelaje!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
no seas chidmoso!!! /Smug/ dejenme comer en paz
scarlet
pobre cangrejo 🤣🤣🤣🤣
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esooo!! prefiere ser comido por mi!! 🤣
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hasta que lo reconoces!!! me amas demasiado cangrejo 🤣🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
espero que mientras me llevaban haya arañado las paredes!! 🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
te voy a comer sebastian /Curse//Curse/ no huyas!!! 🤣
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