"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.
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Capítulo 16: Reflejo del sol
La entrada a Hanyang no fue el desfile sombrío que los ministros traidores esperaban. Fue un incendio de gloria. Miles de ciudadanos se agolpaban en las calles principales, desde la Gran Puerta del Sur hasta las faldas del palacio, observando con un silencio reverencial lo que parecía un milagro viviente. A la cabeza de la formación, montado sobre su semental negro, el Rey Jeon Youngjae avanzaba con la espalda recta y la mirada fija en el horizonte. Pero lo que mantenía al pueblo hechizado no era solo su presencia imponente, sino el hecho de que no cabalgaba solo.
Yo iba a su lado, montada en un caballo blanco adornado con sedas rojas. Ya no vestía el hanbok de una sirvienta, sino una túnica real de seda pesada, con bordados de hilos de oro que representaban al fénix, el símbolo de la Reina. El pueblo murmuraba, sus voces subiendo como el humo de una hoguera: "La mujer del futuro", "La estrella que salvó al Rey".
Pero lo más impactante para todos era la actitud de Youngjae. El hombre que antes caminaba como una sombra solitaria, ahora buscaba mi mirada a cada momento. Si yo sonreía al ver a un niño en la multitud, él suavizaba sus facciones. Si yo mostraba fatiga por el largo viaje, él ordenaba una pausa inmediata sin importarle el protocolo. El reino entero estaba siendo testigo de una transformación sin precedentes: el Rey de Sangre ahora vivía y respiraba a través de mí. Su poder ya no emanaba del miedo, sino de la devoción absoluta que sentía por la mujer que había sacrificado un milenio para estar a su lado.
Al llegar a las puertas del Palacio Gyeongbokgung, la atmósfera cambió. La guardia real se cuadró con un estrépito de lanzas, pero al fondo, en lo alto de las escaleras de mármol, nos esperaba la verdadera prueba: la Gran Reina Viuda, la abuela de Youngjae.
Ella era la personificación del viejo Joseon. Vestida con un hanbok púrpura oscuro que parecía pesar más que su propio cuerpo, se mantenía erguida, con las manos ocultas en sus mangas y una expresión que podría haber congelado el mar. A su lado, los ministros supervivientes que no habían sido parte de la rebelión de los Park observaban con ojos de halcón, esperando cualquier debilidad para atacar.
Youngjae desmontó con la agilidad de un depredador y, antes de saludar a su abuela, se acercó a mi caballo. Me tomó por la cintura para ayudarme a bajar, sus manos demorándose en mi cuerpo con una familiaridad que hizo que la Reina Viuda apretara los labios hasta convertirlos en una línea blanca.
—Quédate cerca de mí —me susurró Youngjae al oído, su aliento cálido dándome la fuerza que necesitaba—. Tú eres la única corona que reconozco hoy.
Caminamos juntos hacia arriba. El sonido de nuestras botas sobre el mármol era lo único que se escuchaba. Al llegar frente a la Reina Viuda, Youngjae hizo una reverencia formal, pero no soltó mi mano.
—Abuela —dijo él, su voz resonando con una autoridad que no admitía réplica—. He regresado de las cenizas. Y he traído conmigo a la mujer que ha salvado este trono de la extinción.
La Reina Viuda no miró a Youngjae. Sus ojos, nublados por los años pero afilados por el poder, se clavaron en mí. Me escaneó de arriba abajo, buscando el linaje que sabía que no encontraría, el rastro de nobleza que, según ella, solo la sangre podía otorgar.
—Un rey no regresa con una salvadora, Youngjae —sentenció ella, su voz era un siseo frío—. Un rey regresa con orden. Y lo que veo aquí es una violación a cada ley ancestral de nuestra estirpe. ¿Quién es esta mujer que osa vestir los colores del fénix sin tener un nombre que la respalde?
—Su nombre es Kang Yoona —respondió Youngjae, dando un paso adelante, ocultándome parcialmente con su cuerpo—. Y su linaje es el futuro. Ella ha vivido lo que nosotros solo podemos imaginar. Ella vio la traición de los Park antes de que ocurriera y me dio la victoria cuando todos me daban por muerto. Si buscas un nombre, abuela, dale el mío. Porque a partir de hoy, ella es la Reina de Joseon.
Un jadeo colectivo recorrió a los ministros. La Reina Viuda dio un paso hacia mí, rompiendo el protocolo de distancia.
—Dices que vienes de un tiempo que no existe —dijo, hablándome directamente por primera vez—. Dices que eres especial. Pero en este palacio, las mujeres sin raíces son como flores cortadas: hermosas por un día, marchitas al siguiente. ¿Qué crees que pasará cuando el pueblo se canse de tus historias de "magia" y exija una reina que entienda el peso del sacrificio y la tradición?
Me solté suavemente del agarre de Youngjae y di un paso al frente. No bajé la mirada. Recordé a mis padres, recordé mi soledad en el siglo XXI y recordé la noche en que decidí que Youngjae era mi único destino.
—Majestad —dije, mi voz clara y firme—, vengo de un tiempo donde los sacrificios no se miden en sangre, sino en elecciones. He elegido este siglo. He elegido a este hombre. Y si busca tradición, sepa que la mayor tradición de un reino es la supervivencia. Yo no traigo magia; traigo la verdad de que este Rey es más humano y más grande de lo que cualquiera de sus leyes ha permitido ver. Si ser reina significa protegerlo de las sombras, incluso de las sombras de su propia familia, entonces acepto el título con orgullo.
La Reina Viuda entrecerró los ojos. Por un segundo, creí ver un destello de respeto en su mirada, rápidamente reemplazado por la rigidez de su posición.
—Las palabras son baratas, extranjera —respondió ella—. Veremos si tu "fuego del futuro" puede soportar las intrigas de esta corte. Youngjae, te daré la bienvenida al palacio, pero no esperes que esta unión sea bendecida por el Consejo hasta que ella demuestre que su vientre puede dar un heredero y su mente puede jugar el juego de los tronos.
—No necesito bendiciones, abuela —replicó Youngjae, tomándome de nuevo del brazo—. Necesito que sepas que ella es mi vida. Si ella cae, Joseon arderá conmigo.
Esa noche, el banquete de bienvenida fue una batalla silenciosa. Los platos de porcelana fina se llenaban de manjares, pero el veneno estaba en las conversaciones. Yoona se sentaba al lado del Rey, un lugar prohibido para cualquier mujer que no fuera la Reina oficial. Youngjae no ocultaba su devoción; me servía la comida personalmente, probaba mis platos para asegurar que no hubiera veneno y me hablaba en voz baja, ignorando a los diplomáticos que intentaban ganar su favor.
—Te están devorando con la mirada —me susurró, su mano apretando mi muslo bajo la mesa de madera—. Lady Ha-eun y su facción están planeando algo. Puedo sentirlo.
—Déjalos que miren —respondí, bebiendo un poco de vino de arroz—. Tienen miedo, Youngjae. Tienen miedo de lo que no pueden controlar.
Al terminar el banquete, Youngjae me llevó a los jardines secretos del palacio, el único lugar donde los ojos de la Reina Viuda no llegaban. La luna de plata brillaba sobre el estanque de los lotos. El Rey se despojó de su túnica formal y me atrajo hacia él con una urgencia que me hizo comprender que la presión del día había agotado su paciencia.
—No puedo más con este teatro —gruñó, hundiendo su rostro en mi cuello—. Odio este lugar. Odio que te miren como si fueras una intrusa.
—Soy una intrusa, Youngjae —reí suavemente, rodeando su cuello con mis brazos—. Pero soy tu intrusa.
—Eres mi todo —corregió él.
Me levantó en brazos y me llevó hacia el pequeño pabellón de madera que daba al agua. Allí, entre las sombras de los sauces y el perfume de las flores nocturnas, el erotismo y el romance volvieron a estallar con una fuerza renovada. Youngjae me despojó de la pesada seda real con una mezcla de rudeza y adoración. Sus manos recorrían mi cuerpo como si estuviera memorizando cada curva, cada cicatriz invisible del tiempo.
—Esta noche —susurró, su boca bajando por mi pecho—, quiero que olvides que eres una Reina. Quiero que seas solo Yoona. Mi Yoona.
El encuentro fue duro y apasionado. Youngjae me tomó contra una de las columnas del pabellón, sus estocadas rítmicas y profundas marcando el ritmo de un deseo que no conocía límites. Me sentía viva, vibrante, conectada a él por un hilo que atravesaba los milenios. Mis gemidos se perdían en el aire de la noche, una música prohibida que desafiaba a la Gran Reina Viuda y a todos los que dudaban de nosotros.
Era un acto de posesión y de entrega. Youngjae me reclamaba no solo como su mujer, sino como su ancla en la realidad. Cada vez que él se hundía en mí, sentía que Joseon entero temblaba. Éramos el sol y la luna chocando, creando un eclipse que dejaría a todos ciegos.
—Quédate conmigo siempre —me pidió, mientras llegábamos juntos al éxtasis, abrazados bajo el cielo estrellado—. No importa cuántos enemigos surjan de las sombras. Mientras respire a través de ti, nadie podrá vencernos.
—Me quedaré —prometí, besando sus labios salados—. Porque mi futuro siempre fue este momento.
Mientras regresábamos a los aposentos, ignorando las miradas furtivas de los eunucos, supimos que la guerra real apenas comenzaba. La Reina Viuda ya estaba moviendo sus piezas, pero no contaba con una cosa: el Rey de Sangre ya no peleaba por una corona, peleaba por el amor de una mujer que conocía el final de la historia.
Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.
Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.
Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.
Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?
👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.
— GIA 💞