El día que cumplió dieciocho años debía ser una celebración.
Pero terminó siendo una sentencia.
Heredero de un apellido poderoso, su vida cambia cuando su padre —un CEO en decadencia— le revela la verdad: para salvar la empresa, ya ha sido prometido en matrimonio como moneda de cambio a la mafia más influyente del país. Un trato frío, cruel… y sin salida.
Lo que nadie esperaba era que el hombre que tomaría su mano no fuera el viejo y despiadado jefe de la mafia, sino su hijo: el verdadero heredero del imperio criminal. Un alfa temido, criado entre violencia y poder, que nunca quiso ese matrimonio tanto como él.
Ambos son alfas. Ambos se desprecian desde el primer encuentro.
Y ambos están atrapados en un vínculo que ninguno eligió.
Entre choques de orgullo, silencios cargados de odio y un destino que insiste en unirlos, descubrirán que el omegaverse no siempre sigue las reglas… y que incluso dos alfas pueden desafiar lo imposible.
Porque en un mundo donde el poder lo decide todo, amar p
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Que soy
Jean
Sentí una extraña sensación recorrer mi cuerpo, lenta… invasiva… desconocida. Era como si un calor suave naciera en mi pecho y se expandiera hacia mis extremidades, volviendo mis sentidos más sensibles, más despiertos… demasiado despiertos.
Mi aroma se volvió más fuerte.
Podía sentirlo incluso yo mismo… más dulce, más cálido, casi envolvente. Eso me puso nervioso.
¿Qué me está pasando…?
Respiré hondo, intentando calmar el temblor que comenzaba a recorrer mis manos, pero fue inútil. Mi cuerpo reaccionaba por su cuenta, traicionándome.
__Demon… gracias… —susurré sin apartarme de él.
Todo lo contrario.
Me pegué más a su cuerpo, aferrándome a su ropa como si fuera mi único punto de equilibrio. Aquello me molestaba. Me enfadaba sentirme así… débil… vulnerable… dependiente.
Yo no soy así.
No necesito a nadie…
Pero mi cuerpo no parecía escuchar a mi mente.
Mis dedos se cerraron con más fuerza sobre su camisa, negándose a soltarlo. Una ansiedad desconocida se instaló en mi pecho ante la sola idea de que pudiera alejarse.
No quería que se fuera.
No quería quedarme solo.
El aroma de sus feromonas de alfa me rodeaba con fuerza. Era intenso… dominante… pero, extrañamente, me relajaba. Sentía cómo calmaba el caos dentro de mí, cómo mi respiración se volvía más lenta cada vez que inhalaba su olor.
Apoyé el rostro contra su cuello sin siquiera darme cuenta de lo que hacía, buscando inconscientemente esa sensación de seguridad.
¿Por qué su olor me calma…?
¿Por qué siento que… pertenezco aquí…?
Un leve mareo me hizo cerrar los ojos. Mi piel ardía ligeramente, como si estuviera demasiado sensible al contacto.
—No… no entiendo qué me pasa… —murmuré con la voz quebrándose un poco, frustrado.
Demon
El cambio fue inmediato.
Lo sintió en cuanto Jean se aferró más a él… en cuanto su aroma comenzó a intensificarse de una forma imposible de ignorar.
Su mirada se endureció apenas.
Esto no es normal…
Su instinto reaccionó antes que su razón. Su cuerpo se tensó, volviéndose más alerta, más protector. Sus manos se deslizaron firmemente alrededor de la espalda de Jean, sosteniéndolo con seguridad mientras analizaba la situación.
El aroma del joven lo golpeaba directamente en los sentidos. Era suave, sí… pero tenía algo más. Algo inusual… algo que despertaba una respuesta instintiva en él que no le gustaba no comprender.
Jean se movió buscando su cuello… y Demon contuvo el aliento.
Su mandíbula se tensó mientras sus ojos se oscurecían ligeramente.
Esto es peligroso…
Para él… y para mí.
Pero aun así, no lo apartó.
Al contrario, una de sus manos subió hasta la nuca de Jean, sosteniéndolo con firmeza contra su pecho mientras su otra mano trazaba movimientos lentos y calmantes sobre su espalda.
—Jean… mírame —ordenó con voz baja, pero menos dura que de costumbre.
Esperó a que el joven reaccionara, observando el leve rubor en su rostro y el brillo confuso en sus ojos.
—Respira… despacio —indicó, guiándolo con su propia respiración controlada.
Por dentro, su mente trabajaba rápido.
Esto no parece una enfermedad…
Ni una herida…
Es algo biológico…
Su mirada se volvió más seria.
—¿Desde cuándo te sientes así? —preguntó, manteniendo el tono firme, aunque su pulgar comenzó a moverse inconscientemente en círculos suaves sobre la espalda del joven, intentando tranquilizarlo.
Jean tembló otra vez… y Demon sintió cómo su instinto protector se volvía más fuerte, casi posesivo.
No entendía el motivo.
Y eso lo irritaba.
Pero una cosa sí tenía clara.
—No voy a dejar que te pase nada… —murmuró más para sí mismo que para Jean, acercándolo apenas más a su cuerpo.
Su mirada se endureció mientras pensaba en una única solución.
Necesito llamar al médico…
Ahora.
Jean
El calor no desaparecía.
Al contrario… aumentaba.
Sentía mi piel arder como si tuviera fiebre, como si mi propio cuerpo estuviera luchando contra algo que no entendía. Mi respiración se volvió irregular mientras me aferraba con más fuerza a Demon, intentando mantenerme estable.
Pero cada segundo se volvía más difícil.
—Tengo… calor… —murmuré con la voz entrecortada.
Mi frente se apoyó contra su pecho. Podía sentir cómo mi cabeza giraba ligeramente, cómo un mareo extraño me hacía perder el equilibrio. Mi corazón latía demasiado rápido, golpeando contra mis costillas como si quisiera escapar.
Algo está mal…
Muy mal…
Mis manos comenzaron a temblar.
—Demon… —susurré, sintiendo el miedo crecer en mi pecho— creo que… me estoy enfermando…
El calor subió aún más, haciéndome jadear. Mi piel se volvió demasiado sensible; incluso el roce de su ropa contra la mía me hacía estremecer. Un leve gemido escapó de mis labios sin que pudiera evitarlo, lo que me avergonzó inmediatamente.
¿Qué me pasa…?
¿Por qué mi cuerpo reacciona así…?
Mi visión se nubló por un momento. Sentí gotas de sudor deslizarse por mi sien mientras mis piernas flaqueaban completamente, obligándome a sostenerme casi por completo de él.
El miedo comenzó a dominarme.
—No quiero… sentirme así… —murmuré, con un leve temblor en la voz.
Demon
Su expresión cambió en el instante en que sintió la temperatura del cuerpo de Jean subir aún más.
Maldita sea…
Su mano subió rápidamente hasta la frente del joven. Estaba ardiendo.
Su mandíbula se tensó.
—Tranquilo… —ordenó en voz baja, aunque la preocupación se filtró en su tono.
Sin dudarlo, lo levantó en brazos y caminó con paso firme hacia el sofá más cercano, acomodándolo con cuidado. Sus movimientos eran seguros, controlados… pero su mente trabajaba con rapidez, evaluando cada síntoma.
El aroma de Jean seguía intensificándose.
Eso no me gusta…
Sacó su teléfono y marcó un número sin apartar la mirada del joven.
—Quiero al médico aquí. Ahora —ordenó con frialdad mortal antes de cortar la llamada sin esperar respuesta.
Volvió su atención a Jean, quien parecía cada vez más desorientado.
Una de sus manos sostuvo suavemente su nuca, obligándolo a apoyarse contra él para mantenerlo estable.
—Respira… Jean… concéntrate en mi voz —indicó con firmeza.
Pero cuando Jean volvió a estremecerse entre sus brazos, algo dentro de Demon se tensó peligrosamente.
Esto no es solo fiebre…
Jean
El tiempo comenzó a volverse confuso.
No sabía cuánto había pasado cuando escuché pasos apresurados y el sonido de la puerta abrirse. Apenas pude girar la cabeza cuando una figura desconocida entró en la habitación.
El médico.
El miedo me golpeó de golpe.
—¿Qué… me pasa…? —pregunté con dificultad, sintiendo que mi voz sonaba débil y quebrada.
Intenté incorporarme, pero un nuevo mareo me obligó a sujetarme del brazo de Demon.
—Mi cuerpo… no responde… —susurré, sintiendo un nudo formarse en mi garganta— tengo miedo…
No quería decirlo.
No quería verme débil frente a nadie.
Pero no podía evitarlo.
El Médico
El hombre se acercó con rapidez, manteniendo una expresión profesional mientras observaba el estado de Jean.
—Necesito revisarlo —dijo con respeto hacia Demon.
Demon asintió apenas, sin soltar completamente a Jean.
El médico tomó el pulso del joven, luego colocó su mano sobre su frente. Su ceño se frunció levemente.
Después revisó sus pupilas… su respiración… y finalmente pareció notar algo más. Algo que hizo que su mirada se detuviera un segundo más de lo normal.
Interesante…
Pero no dijo nada.
—Tiene fiebre alta —explicó con calma— y su organismo parece estar atravesando un cambio hormonal fuerte.
Jean abrió los ojos con dificultad.
—¿Cambio…?
El médico dudó un segundo antes de continuar.
—Puede ocurrir en algunos alfas jóvenes… en situaciones de estrés extremo o cambios biológicos repentinos.
Demon entrecerró los ojos.
Sabía que el médico estaba ocultando algo.
Pero no lo presionó… todavía.
El médico sacó una pequeña ampolla y preparó una inyección.
—Esto ayudará a estabilizar la temperatura y calmar los síntomas.
Jean se tensó al ver la aguja.
—No… —murmuré instintivamente, retrocediendo un poco— no quiero…
El miedo me invadía sin razón lógica. Mi cuerpo reaccionaba con una ansiedad que no podía controlar.
La mano de Demon se cerró suavemente alrededor de la mía, firme… cálida… estable.
—Jean… mírame —ordenó con su tono dominante, pero extrañamente calmante.
Levanté la mirada hacia él.
—Estoy aquí. No va a pasarte nada —afirmó con seguridad absoluta.
Su voz… me ancló.
Respiré hondo, intentando confiar, aunque el miedo seguía presente.
El médico aplicó la inyección con rapidez. Sentí un leve ardor… luego un cansancio repentino comenzó a invadir mi cuerpo.
Mis dedos se cerraron con más fuerza alrededor de la mano de Demon antes de que mis párpados comenzaran a pesar.
—No te vayas… —susurré casi dormido.
Demon
Sintió cómo Jean se relajaba lentamente contra él.
Su mirada se volvió oscura mientras observaba al médico.
—Quiero la verdad —dijo en voz baja, peligrosa—. Todo.
El médico lo observó un instante, midiendo sus palabras.
—Aún es pronto para afirmarlo… pero su biología no está reaccionando como la de un alfa común.
El silencio se volvió pesado.
Demon apretó la mandíbula.
—Explícate.
—Necesito hacer más estudios… —respondió el médico—. Pero será mejor que lo vigile de cerca. Lo que está experimentando… podría repetirse.
Demon bajó la mirada hacia Jean dormido en sus brazos.
Su expresión se endureció… aunque sus manos lo sostuvieron con más cuidado.
Entonces murmuró, casi como una promesa silenciosa:
—Nadie va a tocarlo…
Ni siquiera lo que esté pasando dentro de él… sin que yo lo entienda primero.
eso duele mas que mil palabras demon sabiendo que Jean es tan inestable inexperto a como debe actuar y sentirse verse descontrolado por algo que no sabe manejar y dices una cosa asi no es justo idiota /Scare//Scare//Scare//Scare//Scare/
jean tu significa de ancla para ti estabilidad lealtad compromiso verdadero te brinda seguridad apoyo firmeza te mantiene en tierra y tranquilo en medio de la tormenta emocional o en dificultades de la vida todo eso es para ti demon tu ancla la persona favorita en tu mundo /Scream//Scream/
pero por el otro lado jean también razón el decide sin tomarlo en cuenta ambos son culpables por no comunicarse y ser sinceros con el uno con el otro/Shy//Shy//Shy//Shy/
por que el creyó que lo habia arruinado sin ni siquiera tener algo /Sly//Sly//Sly//Sly//Sly/
y poder pensar con claridad y ordenar bien tus dudas y temores aunque
implique que demon se enoje por lo que acabas de hacer /Grievance//Whimper//Grievance//Whimper//Whimper//Grievance/
oh que sera!!!!! lo que le estara pasando /Doge//Doge//Doge//Doge/
o un enigma!❤!/Scream//Panic//Scream/
por jean tiene 18 no es como un adolescente destrozado emocionalmente no tiene experiencia en relaciónes con un padre que lo uso para su propia salvación /Scream//Scream//Scream//Scream/