Nació gemelo, pero jamás fue tratado como tal. Marcado en el rostro, fue despojado de nombre, amor y humanidad. Mientras su hermano era criado como el elegido, él fue guardado como reemplazo, como ofrenda silenciosa. Cuando el prometido huye la noche del sacrificio, la familia no duda: no lo buscan… lo borran.
Y entonces lo entregan a él.
Traicionado por su propia sangre, ofrecido a un demonio que nunca aceptó el trato original, descubre que el pacto no exigía un hijo perfecto, sino uno roto. En un mundo donde el amor es una mentira y la familia es el primer verdugo, aprenderá que la verdadera monstruosidad no viene del infierno, sino de quienes sonríen mientras te sacrifican.
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Quería ser amado de forma diferente.
Verónica: Mi señor, cálmese. Mire cómo está, respire por favor.
Daniel: ¡No puedo, Verónica! —gritó—. ¿No entiendes que me duele? Quiero ir ahora mismo y sacarlo a golpes de allí. ¿Pero cuáles serían las consecuencias? ¿Que me ignore? ¿Que me golpee? ¿O que acabe con mi vida?
Mi pecho arde, mi corazón late con fuerza y mi cuerpo está a punto de colapsar. ¿Cómo me pides que me calme como si fuera tan fácil? Pues mira, lo intento… pero no puedo. Lo siento, no soy un demonio. Ahora déjame solo.
Verónica se quedó cerca de la puerta.
Daniel: ¡Verónica, vete! ¡Es una orden! —gritó.
Verónica, sin oponer resistencia, se marchó.
Llegó la hora del almuerzo. Todo estaba como siempre: la mesa bien puesta, comida exquisita, loza impecable, copas llenas. Las esposas de Azrael vestían como si asistieran a un baile de la realeza, y Azrael, en la cabecera, lucía impecable.
Pero el asiento de Daniel permanecía vacío.
Azrael: Verónica, ¿dónde está tu señor? —preguntó mientras comía.
Verónica: No se siente bien, mi amo.
Azrael: ¿Qué tiene? ¿Es grave?
Verónica: No, señor.
Azrael terminó de comer y se dirigió al harén, pero Verónica lo interceptó.
—Mi señor, no creo que sea un buen momento.
Azrael ya notaba que algo sucedía.
—¿Qué es lo que pasa? Y no omitas nada.
—Pues… el señor Daniel está muy enojado con usted. Si va ahora, amenazó con quitarse la vida.
—¿Cuántos años tiene? —dijo molesto—. ¿Qué es ese comportamiento infantil?
Sin importar las advertencias de Verónica, caminó hacia la habitación de Daniel. La puerta estaba cerrada, pero Azrael podía abrir la cerradura con facilidad.
Daniel estaba sentado al borde de la ventana, mirando la nada. Sus ojos hinchados sostenían el colgante que Drácula le había entregado en la ceremonia.
—¿Qué haces ahí? —dijo Azrael, mirando el colgante con desagrado.
Daniel no respondió. Permaneció inmóvil.
Azrael, ya enojado:
—¡Que respondas! —gritó.
Daniel se levantó, visiblemente cansado. Odiaba todo a su alrededor, cargaba un rencor tan denso que sentía que iba a explotar.
—Le dije a Verónica que si veía tu cara me mataría, pero veo que no te importa.
—¿Por qué actúas así, como un niño? Si algo te molesta, dilo. Si algo no te agrada, cámbialo. ¿Crees que encerrarte aquí y consumirte en tus pensamientos va a solucionar algo?
—Ese es el problema, Azrael: no puedo pensar como un adulto porque no lo soy.
Mírame, soy un adolescente. Pienso como tal, y aunque intente ser un adulto, no me da.
Ahora vete. No quiero verte.
Azrael intentó acercarse para tocarle las mejillas, pero Daniel retrocedió.
—No me tocarás con esas manos que acarician a alguien más.
—¿Qué? —dijo Azrael, furioso—. ¿Crees que puedes darme órdenes? Creo que he sido demasiado indulgente contigo; que te ha hecho olvidadar tu lugar.
—Te tomaré las veces que quiera —dijo, sosteniéndolo por las mejillas sin aplicar demasiada fuerza—. Te tendré cada vez que lo desee.
—¡No, no lo harás! —gritó Daniel, lleno de rabia, apartándose de Azrael—. No estaré con alguien que no siente nada, que solo se deja llevar por sus instintos. Te da igual una o la otra mientras despierten tus deseos, y luego vienes a mí como si nada, ofreciéndome un cariño que les das a todas. No sientes nada por nadie. Hoy puedes dormir en sus brazos y mañana, por capricho, puedes matarlas sin sentir nada.
Yo no soy así. Yo sí amo, yo sí me entrego. Sé que eres un demonio, pero podrías no comportarte como tal.
Daniel no supo en qué momento se acercó. Lo único que sintió fue una cachetada en el rostro que lo hizo caer de espaldas al suelo. Sus oídos zumbaban; el ardor era tan intenso que sus ojos se humedecieron.
—¿Quieres una relación humana? —dijo Azrael, conteniendo la rabia—. ¿Qué? ¿Crees que los humanos son leales? ¿Que existen los cuentos de hadas y los “felices para siempre”?
Soy un demonio y me muestro tal como soy. Pero dime, ¿crees que si te hubieras casado con un humano te sería fiel solo a ti? ¿Crees que no te mentiría? Cuando ustedes, los humanos, son expertos en mentir y engañar…
Daniel seguía en el suelo, con una mano en la mejilla, respirando hondo, intentando contener la rabia mientras las lágrimas caían en silencio.
—Me perteneces. Porque incluso si te casas conmigo, eres mi sacrificio. No tuviste una dote, no te pedí en matrimonio. Estás aquí para saldar una deuda. Eres un intercambio al que solo le puse valor.
Así que si te quieres matar, hazlo. Pero a mí no me amenazas.
—Además, solo llevamos meses de conocernos —continuó—. ¿En qué momento te enamoraste? Dime, ¿estás seguro de que es amor?
Se inclinó un poco, quedando sus rostros peligrosamente cerca.
—Lo que yo creo es que te has aferrado a mí porque soy lo único que te da seguridad. Soy la primera vez que alguien te muestra bondad. Te aferras a mí porque estabas cayendo en un abismo y tomaste lo único que encontraste. Y sabes que si te sueltas, caes.
¿A eso le llamas amor? Yo no lo creo. Lo que pasa es que tienes miedo de perder lo que te mantiene a salvo.
Esas palabras dolieron más que el golpe.
—Así que ahora te comportas y mantienes el lugar que te di, o te convertiré literalmente en mi sacrificio. Tú decides.
Azrael se marchó.
Daniel permaneció en el suelo, temblando de rabia. Mordía sus labios con tanta fuerza que comenzaron a sangrar. Los gritos se ahogaban en su garganta para no ser escuchado, mientras intentaba descargar, en silencio, toda su frustración.
Verónica escuchó el alboroto desde el otro lado. En cuanto salió, corrió hasta donde estaba Daniel e intentó ayudarlo a ponerse de pie, pero él se negó.
—Verónica… ¿cómo se atreve a decirme eso? —dijo con la voz quebrada—. Cuando literalmente me enfrenté a demonios por él.
Cuando, incluso sabiendo que mi cuerpo no resistía más, me entregué sin reservas. ¿Cómo puede confundir mi amor con necesidad?
Soltó una risa amarga.
—Debo verme estúpidamente patético… y tal vez tenga razón. Quizá, si me hubiera casado con un humano, también me habría engañado. Pero no entiende que lo que duele es que sea él. Yo no quiero que toque ni bese a nadie más.
Daniel apretó los puños en sus rodillas.
—Me da rabia pensar que alguien más lo toca. Que pueda mirar a otra mujer como me mira a mí. Que ellas despierten en él lo mismo que yo. Yo quería ser diferente… quería que me amara de una forma distinta, que sintiera rechazo ante cualquiera que no fuera yo tocándolo.
Su voz se apagó, rota.
—Pero lo único que recibí fue un golpe de realidad.
sería genial qué pasará eso, queda como que el plan que tenía se dio vuelta y no salió como esperaba
ahhh más más capítulos