Dentro de nosotros hay una batalla entre dos fuerzas. Unos le llaman el bien contra el mal. Otros en cambio le llaman destino. Pero para Saulo Di Ángelo de Abner esa eterna contienda estaba en las páginas gastadas de un antiguo libro. De pronto sentía el peso de todos sus ancestros a sus espaldas. Pedían sin voz que escuchará y estuviera quieto porque era el resultado del amor de miles antes que él.
¿Podrá cambiar lo que está escrito? ¿Quién triunfará en su alma? El bien, el mal... Acompañame en esta nueva obra y descubrirás si el destino puede torcerse.
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Un regalo inesperado
Camila estaba siendo acicalada y engalanada para la fiesta de cumpleaños de Saulito. El niño cumplía once años. Él y Gabriel habían llegado al palacio hacía dos días atrás de su viaje. El chico nada más bajarse de la carroza corrió a refugiarse en sus brazos. Su tío Saulo había fingido estar celoso y enfadado porque la saludaba a ella primero que a él. La risa alegre y divertida de Saulito flotaba en el ambiente como una cálida brisa de verano. Sus cabellos destellaban con los rayos del sol. Todo en él era luz, por lo que resultaba difícil asociarlo con el tenebroso ser nocturno de algunas noches. No obstante, viéndolo ahora así de tierno y vulnerable a Camila se le encogía el corazón. Quería salvar a este niño tan precioso y adorable, pero no sabía cómo. Pensó en contar a su tío y a Gabriel lo que estaba sucediendo, pero no tenía pruebas. Podrían pensar que ella estaba soñando.
No. Primero trataría de aclarar los tres misterios que parecían querer quemar las páginas de su cuaderno y encontraría suficiente evidencia de que algo extraño estaba sucediendo. No podía decir que el Príncipe era un ser bipolar. Difamar a la realeza se castigaba con la muerte y aunque ella era familia nunca se sabía. Lucía llegó a recogerla. Ella y su hermano Kai se habían hospedado dos días atrás en el palacio. Llegaron en horas de la tarde, después del Rey y el Príncipe heredero. Lucía y Kai eran huéspedes que junto a ella serían escoltados por la guardia real hasta el marquesado. Este era el motivo de su estancia en el Palacio. A Camila le colocaron una corona ligera en la cabeza para asistir al evento. Gabriel había insistido y ella no pudo negarse. Lucía le dijo que parecía una princesa de cuento de hadas y Camila le correspondió el cumplido con otro.
- Entonces tú eres la Reina de las hadas de ese cuento. - ambas rieron y así las encontró Kai. El chico estaba apuesto, con su eterno aire de poeta enamorado. Los tres bajaron a la Sala del trono para la Ceremonia de los Regalos.
Camila Flamme Del Alba
Camila estaba satisfecha con lo que iba a darle de obsequio a su primo. Su tío le dijo que a Saulito le encantaban los caballos. Ella no iba a comprarle uno de verdad. Claro que no. Ya él tenía una caballeriza entera a su disposición. En cambio hizo que un vidriero moldeara un precioso caballo completamente en cristal. El pedido fue tan inusual que el pobre hombre estuvo trabajando con toda su gente día y noche y siempre Camila decía que no era suficiente. Encontraba fallos a todo en la transparencia, en la forma, las patas eran muy cortas o muy largas. Era muy grande y no era adorable, que si estaba desproporcionado. Los pobres obreros se arrepentían de haber aceptado el encargo a tan exigente clienta, pero al final después de tantos rechazos dieron con lo que la muchacha quería.
Para lograrlo tuvieron que inventar nuevos métodos de soplado y enfriamiento del vidrio. Aprendieron en el proceso a hacer técnicas novedosas de corte y moldeado. Le llamaron técnica de vidrio colado porque esta consistía básicamente en llevar el vidrio a una elevada temperatura de fusión y luego de volverlo un líquido espeso lo vertían en el molde de caballo para darle la forma deseada por la chica. El resultado les sorprendió incluso a ellos mismos y les dio verdadero pesar entregar algo tan precioso y que tanto trabajo les había costado. El caballo de cristal fue una obra de arte exquisita. En ese mundo no existía hasta ese momento nada igual.
Ya Saulito había recibido regalos de varios nobles. Algunos con buen gusto, otros realmente atroces. Desde pieles de animales curtidas hasta espadas más grandes que el chico. La montaña iba acumulándose al lado del trono donde eran depositados una vez que los sirvientes los recibían. Llegó el turno de Lucía y Kai. Sus amigos habían hecho traer previamente a la sala del trono un piano y un violín. Ni ella sabía qué iban a hacer. Los chicos solo le dijeron que era una sorpresa y que le iba a encantar al Príncipe y a ella también. Tomaron los instrumentos e inundaron con su música aquel lugar. Un escalofrío recorrió a la audiencia. Aquella música era hermosa, fantasmal, etérea. Evocaba sentimientos encontrados de alegría y tristeza. En algunos acordes hasta se sentía cierta nostalgia desconocida y al segundo siguiente eran invadidos por una calma inexplicable, repentina.
El impacto en los presentes era innegable, pero en la Familia Real fue un verdadero choque y una sacudida emocional. El Rey lloraba sin disimulo alguno. Su tío Saulo estaba a kilómetros de distancia a juzgar por su mirada. Saulito estaba serio y en sus pupilas violetas se asomaban impertinentes chispas doradas y Camila estaba paralizada. Esos chicos estaban tocando la melodía de la caja musical. Era tan abrumadoramente hermosa como la primera vez que la escuchó, pero ahora era más refinada, más potente. Los sonidos escapaban de las hábiles manos de sus amigos y la transportaron a un pasillo de cuento de hadas en una noche lejana. Recordó la caja, la habitación y a su mente vino un destello que hasta ahora había pasado por alto. Unos ojos que la miraban a través de una cortina.
Sobresaltada regresó al presente. Los últimos acordes flotaban en el aire. ¿Cómo pudo olvidar algo así durante todos estos años? Dios, en esa habitación había alguien observándola desde las sombras aquella noche. Sintió algo mojado caer en su busto. ¿Estaba lloviendo? ¿Pero si estaban bajo techo? Entonces se percató. Eran sus lágrimas. Estaba llorando. El silencio en el Salón del Trono era absoluto. Después Saulito rompió el mismo y ordenó que volvieran a tocar esa música y sus amigos, complacidos, ajenos a las tormentas que habían desatado en las almas de los presentes, volvieron a esparcir un acorde, un recuerdo. Un acorde, una emoción. Una melodía que atravesaba el alma. Para el Rey Gabriel era como haber vuelto a su niñez cuando tenía miedo y se colaba en la alcoba de su madre. Ella lo arropaba y él se dormía con esa música.
Para Saulo, era un viaje a la cima de las Ruinas de la Luna cuando besó por primera vez a Gabriel. Para Saulito era una grata sorpresa el que alguien le haya regalado el sonido que asociaba a su querida abuela fallecida. Era el mejor regalo que había recibido esa noche. Esta segunda vez el salón estalló en un genuino y colectivo aplauso. Entonces Kai y Lucía agradecieron a los invitados y se presentaron ante la conmocionada y estupefacta Familia Real. Ofrecieron la partitura al cumpleañero. Esta hermosa modificación, adaptada a piano y violín por la genealidad de Kai, fue recibida personalmente por su primo y la apretó contra su pecho. Ellos no le habían regalado una melodía. Ni un papel lleno de garabatos incomprensibles. Ellos le habían devuelto un recuerdo y eso a veces es más precioso que todo el oro del mundo.
- ¿Siempre he querido saber cómo se llama esta música? ¿Ustedes lo saben?- había preguntado el Rey.
- No su Alteza Real. Nosotros solo la tocamos, pero tal vez la Santa de Castela o mi madre lo sepan. No obstante, el Príncipe puede ponerle nombre si lo desea. A fin de cuentas es su regalo de cumpleaños.- Gabriel asintió ante las palabras de Kai y luego dijo a Saulito.
- ¿Cariño qué quieres que hagamos? ¿Esperamos por la respuesta de tu tía Sol y la marquesa o le pones tú, el título a esta melodía? - un destello dorado apareció brevemente en los ojos del joven Príncipe. Casi nadie lo notó, excepto las personas que estaban cerca. Los hermanos de Santa Cruz, ella. Gabriel y Saulo se miraron un segundo visiblemente alterados, pero recuperaron la compostura al instante. Con una sonrisa falsamente amable. Saulito dijo:
- Ave María.
- ¿Qué has dicho cariño?- preguntó Gabriel con voz temblorosa.
- Que se llama "Ave María".- luego el destello dorado desapareció dejando paso a los puros e inocentes ojos violetas como si nunca hubiera estado allí.
- Esta bien cariño. - Gabriel suspiró aliviado. -Ahora sigamos con los regalos. Tu prima Lady Camila tiene algo muy especial para ti.
- ¿De verdad? - preguntó emocionado Saulito. -¿Quiero verlo? - Camila se acercó pensativa. Era evidente que su tío y Gabriel sabían algo de esos ojos dorados, pero ahora no podía hacer preguntas. No con media corte enfocada en ellos. Por tanto, se dedicó a sacar de una funda de seda blanca el caballo de cristal. La luz pasaba a través de la traslúcida superficie y se rompía en múltiples fragmentos de arcoiris luminosos, que se diseminaban por el techo, el piso, las ropas y las personas. Era algo tan fantástico que los presentes volvieron a quedarse sin habla.
Aquel delicado objeto en la palma de la bella muchacha brillaba como si contuviera adentro la pureza del invierno. Un pedazo de luna entre las manos. Los ojos de Saulito miraban extasiados tanto a su prima como al traslúcido caballo. Su expresión era de asombro.
- ¿Está hecho de hielo? ¿Por qué no se derrite? ¿Es mágico? - había preguntando.
- No. No es hielo pequeña alteza. Es cristal como el de las copas y tampoco es mágico.- respondió ella con una sonrisa. - Saulito había alargado la mano un tanto temeroso de que fuera frío y también porque el caballo se veía frágil. Lo miró maravillado y exclamó.
- ¡Esto es asombroso! ¡Miren mamá y papá! ¿A qué es la cosa más asombrosa del mundo? - ellos habían respondido que ciertamente era un regalo increíble. Saulito continuó y olvidando el protocolo por el entusiasmo dijo. - Gracias prima lo atesoraré por siempre.
- Me complace pequeña alteza. - Saulito se acercó a Lucía y Kai. - Gracias a ustedes también. Estos son los mejores regalos de cumpleaños que me han dado. Su música me recuerda a mi abuela. - Lucía y Kai no dijeron nada. Inclinaron la cabeza en señal de reverencia y respeto, pero Camila notó que observaban atentamente los ojos de Saulito. Seguro se estarían preguntando si fue su imaginación o algún reflejo momentáneo. Los entendía. Ella también estuvo en su posición y claro que quiso darse explicaciones normales, pero desafortunadamente la realidad se le impuso con la verdad más visceral que había experimentado. El salto de conciencia fue demoledoramente fuerte y abrumador y hoy tenía la certeza absoluta. Algo estaba mal dentro del chico y sus padres algo sabían.