No creas ni por un instante que mi historia de vida será la típica de hombres salvajes y predecibles. La mía se escribe con fuerza, con intención, con estrategia… con una presencia que se desliza bajo la piel y deja huella.
Haré que tu corazón pierda el compás, que se acelere y se rinda al ritmo de mis movimientos, como si cada paso que doy marcara el destino entre nosotros.
No será una simple historia… será mi historia la que te deje un pulso constante, una tensión que te erice la piel y te obligue a sentir cada latido en sintonía conmigo.
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Desastres
Sus ojos con lágrimas ardían como dos abismos azules llenos de dolor.
Y cuando rugió…
No fue un simple sonido.
Fue una sentencia.
No solo había causado muertes.
El terror también se sembró en cada rincón de la existencia del mundo de los dioses. Los dioses sintieron cómo sus almas temblaban. El mundo crujió bajo la presencia de él.
No era solo su tamaño.
Era su poder absoluto desatado por el dolor.
Ahora, con su verdadera forma revelada, el Mundo de los Dioses entero comenzó a colapsar.
Los dioses que sobrevivieron sintieron el peligro absoluto. No era una batalla que pudiera ganarse. No era una catástrofe que pudiera sellarse.
Era el fin.
- ¡ESCAPEN DEL MUNDO DE DIOS! Grito uno de los Dioses poderosos.
Y así abandonaron aquel mundo que ya no podía sostener lo que lo habitaba.
Cada nuevo rugido de dolor, de desconsuelo, de impotencia de Lucien Duskryn desgarraba más el tejido de la realidad. Montañas divinas se pulverizaron. Mares celestiales se evaporaron. Palacios eternos se redujeron a polvo luminoso.
El Mundo de los Dioses no podía soportar sus rugidos.
Mucho menos su verdadera forma.
Las leyes se rompieron.
El espacio colapsó.
El tiempo se fragmentó.
Y finalmente…
Todo se destruyó.
El Mundo de los Dioses dejó de existir.
No quedó luz.
No quedó ceniza.
No quedó eco.
NO QUEDÓ NADA.
-- REINO INFERIOR --
En ese mismo momento…
En el mundo inferior, el equilibrio también se ve alterado.
El cielo se cubre de nubes densas, atravesadas por relámpagos constantes. Tormentas intensas comienzan a azotar distintos reinos, con vientos fuertes que doblan árboles y lluvias que inundan caminos y aldeas.
En algunas zonas montañosas hay deslizamientos de tierra, no suficientes para arrasar reinos enteros, pero sí para destruir hogares y bloquear rutas. La tierra tiembla levemente en ciertos lugares, dejando grietas que inquietan más por lo que anuncian que por el daño inmediato.
Los océanos se agitan.
Las mareas suben más de lo habitual y grandes olas golpean las costas con violencia, obligando a pueblos enteros a refugiarse. Las corrientes se vuelven inestables, complicando la navegación.
Y en otras regiones…
La lluvia simplemente no llega.
El calor se vuelve más intenso de lo normal. Algunos ríos bajaron su caudal y los campos comenzaron a resentir la falta de agua.
No es una destrucción total.
Pero sí un desastre natural.
Todo tipo de desastres naturales ocurren casi al mismo tiempo, como si el mundo inferior estuviera reaccionando a una perturbación profunda en el orden de la existencia.
Y aunque el mundo inferior no comprende la causa exacta, podían sentir que algo, en lo más alto de la creación, se había roto...
UN DIOS.
Y cuando una entidad tan poderosa libera su poder…
El equilibrio se resiente.
--REINO VAMPIRO--
Mientras tanto, en el reino vampiro, a las afueras, en un castillo…
Había una sala amplia, apenas iluminada por candelabros de fuego oscuro, una figura femenina contemplaba la tormenta a través de los altos ventanales. Los relámpagos delineaban su silueta con destellos breves y amenazantes.
Una risa suave escapó de sus labios.
—Fu fu fu… menos mal que no estábamos en el Mundo de los Dioses.
Su voz llevaba un matiz juguetón… pero también consciente.
- Dios, estúpido.
El aire a su alrededor se onduló sutilmente y al decir eso último su figura comenzó a desvanecerse sin ruido, sin explosión, sin rastro.
Solo, en el último instante antes de desaparecer por completo, las puntas de su cabello rojo carmesí fueron lo único visible de su apariencia.
Dejando un destello carmesí suspendido en el aire por una fracción de segundo.
---PALACIO DEL REY LOBO, HABITACIÓN DE LA REINA---
Ya era de noche en el mundo inferior cuando habían comenzado los desastres.
Dentro de la habitación, la penumbra estaba apenas iluminada por los destellos eléctricos que atravesaban la ventana.
El hombre se encontraba de pie frente a la ventana, observando la tormenta en silencio.
Su figura era firme, inmóvil, como si fuera el único punto estable en medio del caos. Sus ojos reflejaban los relámpagos, pero su expresión no mostraba sorpresa.
Aelina Moonveil seguía inconsciente en la cama.
La lluvia golpeaba el cristal.
El viento silbaba entre las estructuras.
Y él permanecía allí, observando… mientras el mundo inferior temblaba sin saber la causa exacta.
De pronto, una sombra se deslizó detrás de él.
No hubo sonido de pasos.
No hubo anuncio.
Solo una presencia oscura que tomó forma a su espalda y se inclinó lo suficiente para susurrarle algo al oído.
Un mensaje breve.
Urgente.
La sombra se desvaneció inmediatamente después, como si nunca hubiera estado allí.
El hombre no respondió en voz alta.
Guardó silencio.
Luego giró el rostro por última vez hacia la cama.
Aelina Moonveil seguía inconsciente, su respiración suave y estable, ajena a la tormenta exterior… y a lo que se movía en las sombras.
Se acercó.
Con una delicadeza que contrastaba con su presencia imponente, extendió la mano y apoyó dos dedos sobre la boca de su estómago, donde residía el núcleo de ella.
Un destello tenue brilló bajo su palma.
Un sello.
Invisible para cualquiera que no supiera buscarlo.
Protección… y restricción.
El brillo desapareció en cuestión de segundos.
La observó un instante más.
Luego se incorporó y caminó hacia la puerta.
Al abrirla, la sirvienta que aguardaba afuera inclinó la cabeza de inmediato.
—No permitas que nadie entre —ordenó con voz baja y firme—. Si despierta, avísame al instante. No importa dónde esté.
La sirvienta asintió sin cuestionar.
Y él se marchó por el corredor, perdiéndose en la penumbra del castillo mientras la tormenta continuaba rugiendo en el exterior.
--Perspectiva de ella--
La puerta se cerró.
Sus pasos se alejaron por el corredor hasta desaparecer por completo.
Y entonces…
Abrí los ojos.
Mi respiración seguía acompasada, como si aún estuviera inconsciente. Pero ya no lo estaba.
Cuando él puso su mano sobre mi núcleo… no pude moverme.
No pude abrir los ojos.
No pude emitir sonido alguno.
Mi cuerpo no me pertenecía.
Solo pude sentirlo.
Sentir cómo ese maldito bastardo colocaba un sello directamente sobre mi núcleo, envolviendo mi energía como cadenas invisibles. No era una protección… era control.
Mi sangre ardía de rabia.
- Maldito lobo bastardo… Me haré un traje con tu piel por esto.
Lo dije en voz baja, con una furia fría que nada tenía que ver con mi impotencia.
Entonces, un relámpago estalló en el cielo.
El estruendo fue tan fuerte que hizo vibrar los cristales de la habitación. Otro le siguió. Y otro más.
La tormenta rugía afuera… pero en mi interior algo también comenzaba a despertar.
- Si crees que sellar mi núcleo será suficiente para mantenerme sometida…
Estás terriblemente equivocado.
bueno lo importante es que el la esta cuidando pero hay le va tocar difícil con todas esas mujeres
hay no que paso