Liza B. Pawn, una actriz famosa, comienza a sentir unos extraños sentimientos hacia una Barista, sentimientos que la forzaran a salir de su pequeña caja.
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Capitulo #1: Flechazo
Aún recuerdo ese día, mi novio me había despertado exaltado esa mañana debido a que teníamos que irnos a una ciudad bastante lejana para una sesión de fotos y para el rodaje de una película de terror.
—¡¡Liz!! ¡¡Despierta!! ¡Ya son las 4 de la mañana!
—¡¡Ya estoy despierta!! ¡Ya! —grité asustada con el cabello desordenado y con baba con labial escurriendo de mi boca—.
—Rápido, también tenemos que reunirnos con los ejecutivos de Tarner para la película que tienen pensado hacer en esos baños
—Sí, so-solo cinco minutos más
Esa mañana acompañada de mi novio y mi manager viaje casi 6 horas en una camioneta que olía a queso rancio para llegar a la ciudad donde pasaría los siguientes meses del rodaje.
Era una ciudad a decir verdad muy… no sé, ¿sucia?, había basura por todos lados, graffitis mal hechos, protestas contra los Androides domésticos y para adultos, comparada a Bears City —la ciudad donde nací—, Moncia era similar a una cárcel.
Aún así, la gente era demasiado amable con nosotros y un poquito intensa a veces, incluso uno de nuestros fanáticos corrió detrás de la camioneta por horas con tal de tener un autógrafo mío y de mi novio.
—¡¡Liz!! ¡¡Te amo!! ¡¡Por favor firma mi camiseta con tu cara!! —gritó un chico persiguiendo la camioneta—
—¿Eh? ¿Qué mierda? ¿Está loco? P-Pueden atropellarlo
—Déjalo, ya se cansará c-creo
—Walter, po-podrias detenerte, por favor
Era un poco agobiante estar rodeada de personas mientras trabajaba en mi sesión de fotos, supongo que estaba acostumbrada desde niña.
Debido a que mi nacimiento fue uno muy raro, verán… Nací del cadáver de mamá, el día que murió en una horrible tragedia que sucedió en el 42.
Siendo sincera, el día de mi cumpleaños es un día que no me gusta mucho festejar, pues es el día en el que mis padres murieron en una inocente fiesta de cumpleaños que se volvió un infierno.
Recuerdo que mi tía siempre me decía que era muy popular incluso siendo una bebé, todos los vecinos pasaban a verme y dejarme ofrendas, gracias a que mi abuelito, les dijo que yo era la encarnación de algo llamado: “Lonexiety”.
Nunca supe que era eso, mi abuelito nunca me dijo, pero gracias a esa fama que tenía por mi peculiar nacimiento, a mis tíos se les ocurrió meterme a la actuación desde niña. La atención no era algo que específicamente me faltara desde bebé aunque... Desde que perdí a mi tía en un horrible accidente en avión, me he sentido un poco sola.
Recuerdo que antes de morir ella me compró un café con leche para que me quedará a vivir con mi tío —o con mi padrastro como lo llama mi hermana mayor— un tiempo, eso no evitó que llorara y curiosamente desde ese día he tomado café con leche cuando estoy un poquito nerviosa.
—¡Erick, iré por un café! —me despedí de mi novio mientras él estaba ocupado con mi manager—
Fui a la primera cafetería que vi, acompañada de unas personas que evitaban que la multitud me hiciera daño o algo peor. Los empleados parecieron reconocerme a excepción de una chica de cabello castaño que estaba concentrada rellenando las cafeteras del lugar.
—¡Señorita Liz! ¡Bienvenida! ¡Este lugar es su hogar! —dijo uno de ellos mientras parecía que se iba a desmayar de la emoción—.
—Jaja Gracias pero solo vengo por un café y ya
—Entonces déjenos decirle a nuestra barista estrella
—¡¡Sydney!! —gritó un hombre robusto mientras salía de lo que parecía ser la zona del gerente—.
Ella aterrada, chilló como una ratoncita mientras pegaba un saltito; debido a su nerviosismo tiró una de las bolsas con un polvo blanco.
—¡¡Lo-lo siento!!
Ver a esa mujer me causó una extraña sensación en el estómago, eran pequeños burbujeos que estaban imitando un par de mariposas en mi estómago.
—Sydney, limpia eso y atiende a la señorita Liz, por favor
Sin decir una sola palabra, ella limpió lo que hizo y me atendió con una sonrisa que a simple vista se notaba que era forzada, por una extraña razón, no podía dejar a de verla, era como si la conociera, como… como si hubiera vivido una vida entera con ella.
—Qu-Que le gustaría or-ordenar —tartamudeó con una sonrisa forzada—.
—Ah… eh…
No me salían las palabras de lo nerviosa que me había puesto por hablar con esa mujer que hacía que mi estómago burbujeara. Me quedé en silencio admirando cada centímetro de ella, desde su figura esbelta, su bella y tonta sonrisa que no desaparecía sin importar qué, sus hermosos ojos rojos, su nariz fina y sus lindas manos llenas de café.
—¿Se-señorita?
—¡Dos Lattes, por favor! —dijo Erick mientras le daba un billete a esa mujer—.
—S-sí, enseguida se los entrego, pueden esperar si gustan en las mesas
Erick me llevó a una de las mesas para hablarme sobre la película que tenían pensado hacer en esos baños misteriosos en los sucedían cosas paranormales. Él amaba las cosas relacionadas con lo paranormal, tanto que incluso en nuestro aniversario me llevó a un restaurante ambientado en las películas de terror. Ya se imaginarán lo emocionado que estaba por ir a los famosos baños de los Shirakawa.
Por mi parte, lo paranormal nunca me interesó, no le veía sentido creer en cosas que solo eran puras sugestiones, y solo servían para mitos locales como por ejemplo: “La chica de cabello azul de Amphy City”, “La maldición de la preparatoria Snow” o sin ir más lejos “,La maldición de los Shirakawa”, todos esos mitos son patrañas.
—Mm, entonces al final si iremos a esos tontos baños —dije viendo a la barista de reojo—
—Sí, iremos después de que terminemos de grabar las escenas del metro pero según lo que escuché mañana deberíamos comenzar el rodaje de la película
—Mañana… —susurré con la mirada perdida en la barista—
—Ahm, ¿te pasa algo? Has estado muy callada, y eso raro en ti
—Es-estoy bien… solo… —me mordí el labio—. Es linda ¿No lo crees?
—¿Qué? —Erick se percató de que estaba viendo a la barista—. Ahm, sí un poco —me agarro de la mano—. Pero tú eres más
—Aww, que tiernos —murmuraron las personas de la multitud que nos rodeaba, sacándonos un poco de nuestra conversación—.
—¡¡Li-Liza!! —gritó la barista—
Quité mi mano lo más rápido que pude, y antes de que Erick se levantara fui a recoger mi café, solo con tal de estar cerca de ella de nuevo.
—¿E-Eres Liza? —preguntó confundida—
—Ho-Hola —dije con un tono tan bajo que parecía que susurraba—.
—Ahm, ¿e-eres Liz-Liza? ¿Ci-Cierto?
—Ah, Ehm… S-sí —temblando extendí mi mano hacia ella para saludarla—. Tu eres Sy-Sydney ¿Ver-verdad?
—Aqui están el Latte de su novio y el suyo, señorita Liz —respondió riéndose y dándome lo que habíamos pedido—.
“¡Qué vergüenza! Me deje llevar y ahora de seguro piensa que soy una idiota” pensé poniéndome tan roja como un tomate
—Gra-gracias —susurré avergonzada mientras le pagaba—.
—No hay de qué, ¡Qué tengas un buen día! Señorita Eliza
—Es-es Liza —me quejé en voz baja—
—Jaja Liza, que tengas un hermoso día ¿sí?
Huí de ahí lo más rápido que pude; ya no quería arruinarlo más. Aún así, no dejé de verla esperando otra oportunidad de hablarle sin parecer una rarita o una acosadora. Lo que no tardó en levantarle una ceja a Erick, quien estaba conmigo en todo momento.
—Has estado viendo a esa chica todo el tiempo que hemos estado aquí ¿La conoces?
—Ojala… —murmuré en lugar de pensarlo—
—¿Qué? ¿Cómo que ojalá?
—Ah, Ehm, no… ¡No es lo que crees! Solo es… es muy bonita y me gusta su ropa, eso es todo jajaja
—Huhm, oye, no eres lesbiana ¿verdad? Porque si no fuera tu novio, diría que ella te gusta
—¿Q-Qué? ¡No-no soy lesbiana! Además ya sabes porque no puedo serlo
—Sí ya lo sé, tu tío, según recuerdo es un poco conservador
—Ademas… tus fans son un infierno, aún recuerdo cuando comencé a salir contigo, ellas terminaron por encontrar mi casa y la casa de mis tíos. No quiero ni imaginar lo que me harán si rompo contigo o te soy infiel
—Jaja, tranquila eso jamás va a pasar; además como van las cosas dudo que rompamos
—Ahm, S-sí tienes razón —dije nerviosa mientras volteaba al piso—.