Ella reencarna en el segundo libro de una saga, es la protagonista que perdona al infiel de su esposo, pero ella no esta dispuesta ni a casarse, así que hará todo lo que pueda por cambiar su historia.
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Capitulo 16
En el palacio de Kalrens, Amaia observaba las flores que decoraban el ventanal. Estaba pensativa, con el ceño levemente fruncido, cuando su hermano Dorian entró y la vio así.
—¿Y esta bella flor del imperio? —dijo con una sonrisa traviesa—. ¿Por qué se ve tan apagada hoy?
Amaia suspiró, girando su rostro hacia él.
—Hermano, imagínate que fui personalmente a comprar esas cremas que se están volviendo tan famosas, y resulta que no quisieron atenderme. ¡A mí! Y lo peor, padre no ha mandado a cerrar esa tienda, a pesar de la falta de respeto que tuvieron hacia mí.
Dorian soltó un largo suspiro, sabiendo por dónde iba el asunto.
—Algo me comentó padre… pero voy a dejar algo claro, Amaia. No puedes ser caprichosa con esto. Esa tienda ha hecho crecer la economía del reino, es un punto clave. Además, se está volviendo famosa fuera de nuestras fronteras. Padre no puede ser imprudente y cerrarla solo porque tú lo quieres.
Amaia lo miró con cierta molestia, cruzando los brazos.
—¿Y desde cuándo el deber está por encima de la familia?
—Desde siempre —respondió él con calma—. Nosotros tenemos responsabilidades con el pueblo, no con nuestros propios deseos. Si quieres medio reino, sabes que te lo daremos, pero debes ser consciente de que el trono no puede moverse solo para complacerte. Debemos ser justos con quienes confían en nosotros. ¿Puedes entender eso?
Amaia bajó la mirada, suspirando con cierto fastidio.
—Está bien, hermano, lo entiendo… pero ese hijo del barón Blandmond me faltó al respeto.
Dorian frunció el ceño.
—¿Cassian?
—No, el idiota de su hermano —replicó Amaia con visible enojo—. Es un arrogante y presuntuoso, ¿quién se cree que es? Solo es el hijo de un barón.
Dorian soltó una breve carcajada.
—¿Hablas de Edrian?
—¡Ese mismo! —Amaia bufó, levantando el mentón con orgullo—. Ni siquiera es guapo, por favor…
Su hermano se rio más fuerte.
—Te gusta.
—¿¡Qué!? —Amaia casi gritó—. ¡Por supuesto que no! Ese ser despreciable no tiene nada que me interese.
Dorian la abrazó por los hombros, divertido.
—Ya deja de engañarte, hermanita. Conozco esa mirada, y dudo que creas realmente lo que acabas de decir. Pero bueno, eres más que capaz de encargarte de él si se te cruza otra vez.
Amaia bufó, pero una leve sonrisa se asomó en sus labios. Dorian, entonces, sacó una pequeña caja de terciopelo rojo.
—Por cierto, mira lo que te traje del oriente.
Amaia abrió la caja y sus ojos brillaron al ver un juego de joyas en rubí, finamente talladas y bañadas en oro puro.
—Dorian… son preciosas —susurró, maravillada.
—Lo sé. —Él le guiñó un ojo—. Una flor merece rubíes, no rabietas.
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En el corazón del desierto, bajo un cielo teñido de fuego y arena, Kael observaba el horizonte con una furia contenida. Ya lo había aceptado: los siglos habían pasado y Aery y Rhazir no existían más. Pero eso no importaba. Su imperio volvería a alzarse. El Imperio del Desierto no podía desaparecer así como así. Por ahora, solo quedaba esperar las noticias de Isolde. La serpiente surgió entre la arena, su cuerpo ondulando hasta transformarse de nuevo en humana frente a él. Su piel relucía, y su cabello caía como un río oscuro hasta la cintura.
—Iris Blandmond —dijo con una sonrisa ladeada—, hija del barón Blandmond del Imperio Klarens. Un lugar insignificante, nada comparable a lo que fue tu desierto. Pero bueno… el rey actual es Aldren Klarens, y su hijo, el príncipe Dorian, acaba de regresar del oriente hace apenas un día.
Kael la miró con impaciencia, su voz sonó áspera:
—No me interesa quién gobierna. Me interesa esa mujer.
Isolde arqueó una ceja, divertida.
—Ah, claro… tu ama.
El desierto pareció temblar un instante antes de que Kael cruzara el espacio que los separaba y la tomara del cuello con fuerza.
—No vuelvas a decir eso. —Sus ojos brillaban como brasas—. Juro que te retorceré el cuello.
Isolde soltó una carcajada ronca, sin miedo alguno.
—Por favor… soy inmortal. Ya deja de ser tan estúpido, Kael.
El hombre la soltó con un gruñido, apartándola como si su piel quemara.
—Habla de una vez.
Isolde se frotó el cuello con fingida ofensa y sonrió con malicia.
—Tu preciosa Iris está comprometida con el marqués Valerius. Pero ayer la echaron de su casa, junto a sus dos hermanos. Uno de ellos está… muy guapo. —Sus labios se curvaron en una sonrisa provocadora—. Debería probarlo cuando estés con tu “ama”.
Kael frunció el ceño, harto de sus juegos.
—¿Qué más sabes?
—Oh, bastantes cosas. —Isolde dio una vuelta sobre sí misma, su vestido ligero rozando la arena—. Tu “ama” es dueña de la boticaria más famosa del reino. Eso explica por qué estaba tan lejos de casa: buscaba una flor rara para sus pócimas y tónicos. —Sacó un pequeño frasco de crema del interior de su manto y, sin más, comenzó a aplicárselo en el rostro—.
Kael la observó, incrédulo.
—¿Qué demonios haces?
—¿Qué? —replicó Isolde con naturalidad—. El desierto reseca demasiado la piel. Soy demasiado vanidosa para perder mi increíble belleza. —Le guiñó un ojo con una sonrisa de pura maldad—. Te recuerdo que esta cara me sirve para seducir a los hombres… y llevarlos directo al pecado mortal de la lujuria.
La risa de Isolde se perdió entre las dunas, mientras Kael, silencioso, volvía a mirar el horizonte. El viento del desierto parecía susurrar su nombre… y el de la mujer que ahora debía encontrar. Iris.
—Bien —dijo Kael, apretando la mandíbula—. Me ocuparé de buscar la manera de deshacer esta maldición que me ata a ella. Mientras tanto, encárgate de reparar lo que quede del Imperio del Desierto. Tú sabes perfectamente qué hacer: dinero es lo que nos sobra.
Isolde esbozó una sonrisa ladina y se reclinó con elegancia.
—Mejor conquista otro imperio —propuso—. El vecino al de Klarens será perfecto. Varanor: vasto, rico en minas y rutas comerciales. Es grande y hermoso; con las piezas adecuadas lo tomaremos en un suspiro.
Kael la miró con desconfianza.
—¿Y cómo piensas hacerlo?
—Con oro, un contrato demoníaco, mi encantadora seducción y un rey demasiado orgulloso para ver lo que le entrego —respondió ella, frotándose las manos con hambre—. Si trabajamos con precisión, ese monarca se dejará convencer; su consejo se irá ablandando y el pueblo, manipulable con promesas y pócimas. Solo necesito perfeccionar el hechizo de sugestión. Cuando lo tenga, el imperio entero será nuestro.
Kael exhaló, como si el aire le quemara la garganta.
—Hazlo —dijo finalmente—. Si Varanor cae, podremos financiar la recuperación del desierto y levantar ejércitos. Después iremos por más. Incluso Klarens, si es necesario.
Isolde dejó escapar una carcajada corta y cruel.
—Klarens será siempre más difícil —admitió—. Su rey no se vende con facilidad; está hecho de piedra. Pero Varanor… lo he estudiado. Sus nobles son vanidosos y corruptibles; su rey tiene cuentas ocultas y consejeros débiles. Con tiempo y oro, y con el contrato correcto, un lavado de mente bien aplicado y una campaña de favores, ese reino caerá sin ruido.
Kael clavó la mirada en el horizonte, su ambición prendida como un rescoldo.
—Que así sea. Trae oro, trae alianzas, y perfecciona ese hechizo. Cuando lo hagas, dámelo a mí. Yo me encargaré de que la voluntad de Varanor se doble ante nosotros.
Isolde se inclinó, satisfecha, y su sonrisa se volvió más fría que la noche del desierto.
—Entonces empiezo esta misma noche. Y tú, Kael, ocúpate de romper tus ataduras. Si no lo logras, nuestro plan quedará cojo.
Él asintió, con la misma dureza con que gobierna la muerte. Aquella promesa quedó suspendida en el viento cálido del desierto, y ambos partieron en direcciones distintas: uno a buscar el modo de recuperar su fuerza, la otra a poner en marcha la maquinaria de seducción y oro que haría temblar a un reino.
me tienes con los ojos llorosos luego de leer este extra 😭😭😭
Al menos en otro plano, pudieron ser felices 😭😭.