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DONDE DUERMEN LOS LOBOS

DONDE DUERMEN LOS LOBOS

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Padre soltero / Fantasía LGBT
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Elías tiene 19 años. Pospone la universidad por la muerte de su hermana y se va a Moonvale a trabajar de bibliotecario de día y mesero de noche.

Una noche encuentra dos bebés abandonados en la biblioteca. Nadie los reclama. Si los deja, irán a un orfanato. Decide criarlos como suyos.

Lo que no sabe es que Lyra y Milo no son normales. Crecen muy rápido, aúllan a la luna y sus ojos brillan como lobos. Son hombres lobo, los últimos Alfa.

Ahora tiene que comprar una cabaña en el bosque, aprender a ser papá lobo, protegerlos de los cazadores del pueblo y no enamorarse del veterinario que le está ayudando a criarlos.

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CAPÍTULO 13 - El patio

El patio de la casa chica no era patio. Era maleza, barro y un cerco caído.

—Hay que levantarlo —dijo Silas—. Si no, Lyra se va al bosque y no vuelve hasta la noche.

En la biblioteca vieja el patio era cemento. Acá es tierra. Lyra prefiere tierra porque puede cavar. Milo prefiere tierra porque puede oler bichos. Yo prefiero tierra porque no me resbalo con calcetines de cuero.

Lyra ya se escapaba. Tenía un año y un mes y corría más rápido que yo en cuatro patas. Saltaba el cerco caído como si fuera nada.

—Mamá, bosque —decía, señalando los pinos.

—Bosque no —le decía—. Patio sí.

Me pasé una semana arreglando el cerco con Silas. Él trajo martillo, clavos y madera de pino que sobró de su cabaña. Yo tenía una sola trenza gruesa castaña que me había hecho en la mañana porque me dolía la cabeza con dos.

—Pásame el clavo —me decía.

—Toma —le pasaba.

Trabajamos en silencio al principio, clavando tablas. Luego me preguntó:

Marta nos trajo almuerzo al patio: pan con queso y manzanas. Dijo que trabajar con hambre hace cerco chueco. Tenía razón.

Silas come rápido, como perro. Yo como lento porque Lyra me pide probar todo lo que como.

—¿Te molesta que te digan mamá en la feria? Porque te vi incómodo.

—No —dije—. Me molesta cuando me lo dicen para reírse. Cuando me lo dicen Lyra y Milo no. Me dicen mamá bonita y me tocan la trenza y es con cariño.

—Te dicen mamá bonita porque tienes pelo bonito —dijo—. Y porque eres bonito cuando te preocupas.

Me puse rojo. Me toqué la trenza.

—No me digas eso con martillo en mano —dije.

Se rió.

Milo ayudaba a su manera. Traía palitos y los ponía en el cerco. Lyra traía piedras.

—Mamá, ayuda —dijo Lyra, levantando una piedra grande.

—Papá ayuda también —dije, por costumbre.

—Mamá papá ayuda —mezcló ella, tierna, y me dejó la piedra en la mano.

A mitad de la semana vino Don Héctor a ver cómo íbamos.

—Elías, ese cerco se va a caer otra vez si lo haces así —dijo.

—Ya sé —dije—. No soy carpintero.

—Yo sí —dijo—. Dejé la barra un rato. Te ayudo.

Don Héctor no se había acercado mucho desde la reunión del pueblo. Ahora estaba ahí, con su serrucho, mirando mi trenza sin decir nada.

—Te queda bien esa trenza —dijo de repente—. Mi hija usa una igual. Al principio me reí. Ahora ya no.

—Gracias —dije.

—Antes me reía de tu moño —siguió—. Perdona. Es que en mi tiempo no se veía.

—Ya sé —dije—. No pasa nada.

Trabajamos los tres. Don Héctor, Silas y yo con trenza castaña moviéndose cada vez que martillaba. Lyra y Milo corrían alrededor, con calcetines de cuero que ya no rompían.

Cuando terminamos el cerco, quedó chueco, pero firme. Silas puso una puerta chica con pestillo alto para que Lyra no la abriera.

—Prueba —le dijo a Lyra.

Lyra corrió y empujó la puerta. No se abrió. Se rió y se tiró al barro.

—Mamá, no abre —dijo, feliz.

—Es para que no te vayas al bosque sola sin mí —le dije, agachándome a su altura.

—Mamá bosque conmigo siempre —dijo, jalándome la trenza fuerte con sus manitas sucias.

—Mamá bosque contigo después —le prometí.

Esa tarde estrenamos el patio cerrado nuevo. Solté a Lyra y Milo sin miedo a que se escaparan. Corrieron en cuatro patas por todo el barro, ladrando bajito, persiguiéndose, revolcándose felices como cachorros libres.

—Mamá, mira —gritó Lyra, haciendo una pirueta rara y cayendo de poto.

—Muy bien, loba —le dije, aplaudiendo.

Milo se puso a cavar un hoyo con las manos. Hizo un hoyo grande y metió su pelota de cuero.

—Mamá, guarda —dijo.

—Papá guarda —corregí flojo.

—Mamá guarda tesoro —repitió, con ternura, tapando el hoyo con barro.

Silas se sentó a mi lado en un tronco que pusimos como banca.

—Quedó bien —dijo—. Chueco, pero bien.

—Como mi trenza —dije.

—Tu trenza está bien —dijo—. No está chueca.

Una vecina que pasaba por el camino se detuvo a mirar el cerco nuevo.

—Elías —dijo—. Qué bonito patio. ¿Lo hiciste tú con ese pelo largo?

Antes me habría dolido. Ahora contesté:

—Sí. Con pelo largo y trenza. Si quiere le hago una.

La vecina se rió, pero no de burla.

—Mi nieta quiere trenza también. Dice que te vio en la feria y le gustó.

—Que venga —dije—. Le enseño.

La vecina se fue.

Silas me miró.

—Viste —dijo—. Ahora te piden trenzas. Antes se reían.

—Porque tú me defendiste —dije—. En El Ciervo, en Coyhaique, en todos lados.

—Te defiendo porque me gusta verte con trenza sin esconderte —dijo—. No porque me da pena. Porque me gusta.

Nos quedamos mirando a Lyra y Milo correr felices en el patio cerrado nuevo, sin miedo a que se escaparan al bosque oscuro.

Lyra vino corriendo con barro hasta las rodillas y se lanzó a mis piernas.

—Mamá patio lindo —dijo, con la cara sucia y la sonrisa con colmillos chiquitos.

—Papá patio lindo también sirve —dije.

—Mamá patio lindo —repitió, terca y cariñosa, abrazándome y dejándome barro en la trenza.

Milo llegó atrás y nos abrazó a los dos.

—Mamá papá patio —dijo, mezclando todo, feliz.

Nos quedamos los tres abrazados en el barro, con el cerco chueco alrededor y con mi trenza castaña llena de barro también.

Esa noche, después de bañarlos con agua caliente, me miré en el espejo chico. Tenía barro seco pegado en la trenza y en la frente.

No me la solté. Me la dejé así, sucia de barro, porque me recordaba que ese patio chueco lo hice yo mismo, con pelo largo castaño y con ayuda del veterinario que me defiende cada vez que alguien se ríe de mi pelo.

Y con dos lobitos que me dicen mamá patio lindo con una ternura enorme que no me deja querer ser solo papá a secas nunca más.

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bruja de la imaginación 👿😇
🥰me gustó mucho está historia
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