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El Corazón del Villano

El Corazón del Villano

Status: Terminada
Genre:Timetravel / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: sang senja

Amelia Geraldi fue la princesa de la mafia más temida de su país. Pero una noche, después de leer hasta el amanecer una novela sin remitente, se quedó dormida... y despertó en el cuerpo de la secundaria que muere en el primer acto.

Ahora es Amelia Sandoval, una chica de diecisiete años con cara de muñeca, una familia que ya no la reconoce y una protagonista de lágrimas fáciles que se las arregla para que todos la compadezcan. Peor aún: el hombre que mandó a matar a su nueva identidad sigue ahí. Adrián William, el villano de la historia, frío, brillante y obsesionado con proteger a la heroína, la tiene en su lista negra.

Lástima para él. Esta vez, la presa sabe disparar.

Entre pistolas, intrigas escolares y un tigre blanco que ya muerde, Amelia decide reescribir el final que odió. Lo que no esperaba era que el mismísimo villano empezara a mirarla a ella.

¿Quién cazará a quién cuando el corazón del villano esté en juego?

NovelToon tiene autorización de sang senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La decepción de Adrián

Hacía varias semanas que Amelia había vuelto a tratar a Adrián como antes: con indiferencia, como si no existiera.

Adrián pasaba muchísimo tiempo en su casa, tanto que casi estaba más ahí que en su propia casita de alquiler. Por supuesto, era por Sebas, no por ella. Los dos parecían inseparables; si Amelia no hubiera leído la novela original, habría pensado que Adrián era el novio de su hermano. Ella, por su parte, pasaba cada vez más tiempo en la base, ocupada con sus inversiones y su trabajo de hacker, y también paraba poco en casa. Seguía sin tragarse que Adrián la hubiera echado después de que ella lo había ayudado.

* * *

Esa tarde, Adrián había quedado con Sofía en un café que solían frecuentar. Ella quería invitarlo para agradecerle que la ayudara a estudiar. Él, claro, estaba emocionadísimo, y llegó temprano para ser quien esperara y no al revés.

Esperó y esperó, pero Sofía no apareció. Se hizo de noche y ni rastro de ella. Entonces cayó un aguacero sobre la ciudad. Adrián, con su trauma profundo hacia la lluvia, empezó a temblar sin control. Los recuerdos de la mano helada de su mamá lo asaltaban una y otra vez. Se apretaba las manos y balbuceaba disculpas a su madre.

Por casualidad, Amelia volvía de la base y, con semejante lluvia, decidió entrar al mismo café para calentarse el estómago antes de irse a casa. Al principio no notó a Adrián, hasta que oyó cuchicheos en la mesa de al lado sobre un tipo raro. Siguió la dirección de las miradas y lo vio: temblando, con los labios repitiendo sin parar perdón, mamá...

Buscó con los ojos a su hermano, convencida de que Adrián andaría con él, pero Sebas no estaba. Se acercó a Adrián antes de que lo sacaran del local por loco y le tomó las manos entrelazadas y temblorosas.

Pero él se las sacudió y la empujó con tanta fuerza que la tiró al suelo. A Amelia se le acabó la paciencia. Se puso de pie, le dio una patada que lo derribó de la silla y, de paso, le soltó una bofetada.

Adrián reaccionó de golpe, furioso con ella, y devolvió el ataque. Amelia no se quedó atrás, y empezó una pelea. Los clientes del café salieron despavoridos, y los empleados y el gerente solo pudieron mirar desde un rincón. Todo terminó cuando Amelia logró inmovilizarle el brazo a Adrián.

—Vaya, aprendes rápido. Ya empiezas a seguirme el ritmo —le dijo.

Y luego, dirigiéndose al personal:

—Yo me haré cargo de todos los daños.

Soltó a Adrián en el suelo y se fue sin mirar atrás, dejándolo solo.

Aunque afuera seguía lloviendo a cántaros, Adrián ya no sentía ese temblor ni el pánico desbordado. Otra vez lo había salvado la persona a la que él quería eliminar, mientras que aquella por la que había dado todo lo decepcionaba. Como si el mundo se burlara de él.

Salió del café a toda prisa rumbo al departamento de Sofía. Quería saber por qué no había ido y por qué no contestaba. Cuando llegó al estacionamiento del edificio, se detuvo un auto y de él bajó Sofía con un montón de bolsas de compras. Dentro del auto estaba el hombre al que Adrián había visto el otro día en la fiesta de Jenny.

Así que Sofía había faltado a su palabra para ir de compras con él. Aquello de que el dinero no lo era todo era pura mentira: ahí estaba, felizmente acompañada por un tipo rico. Tanto, que se había olvidado de su promesa. Adrián sonrió con amargura. Sentía un dolor punzante, decepción y rabia. Al final, la sinceridad perdía contra el dinero. ¿Tendría que volver con los William para que Sofía lo mirara?

Aunque, si lo hacía, ella solo querría su dinero, no a él. De repente se acordó de Amelia. Ella sabía que él quería matarla y, aun así, seguía tratándolo bien y ayudándolo.

Se dio la vuelta y se alejó del edificio de Sofía, profundamente decepcionado. Pero su corazón se negaba a dejar de preocuparse por ella: llevaban juntos desde pequeños, y odiarla se le hacía muy difícil.

Volvió a su casita humilde y se tumbó en el colchón de espuma, ya medio aplastado. Recorrió el cuarto con la mirada: no había nada de valor. Lo único valioso que tenía era el auto que el abuelo Gregorio le había dado a la fuerza.

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