Micaela es una joven humilde y llena de sueños que gana una beca para estudiar Literatura en una de las universidades más importantes del país.
Allí conoce a Nicolás, el director: un hombre atractivo, poderoso y verdadero dueño de la universidad.
Todos conocen su fama: relaciones ocultas con alumnas y un corazón que nunca se queda con nadie.
Pero cuando Micaela llega, algo empieza a cambiar.
Ella no quiere dinero ni poder, solo estudiar y salir adelante.
Aun así, el amor aparece cuando menos se espera, incluso donde no debería existir.
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capitulo 5: La furia del director
Berenice se sobresaltó al escuchar la voz del director llamándola con fuerza. Así que entró rápido a la oficina, tratando de parecer calmada, aunque por dentro sentía un gran temor.
—Director De la Vega, ¿se encuentra bien? —preguntó Berenice, nerviosa.
—¡Berenice! Dígame quién carajos tomó mi libro de aquí —preguntó el director, mientras se masajeaba el pie lastimado.
Berenice no supo qué responder. No sabía quién había tomado el libro y, al ser el favorito del director, cualquier palabra equivocada podía desatar su enojo. Nerviosa, trataba de articular algo sin cometer un error.
—Señor director… yo… intentaré buscarlo —balbuceó Berenice, dando un paso hacia la estantería.
Pero el grito del director la hizo quedarse en el mismo lugar, asustada, sin saber qué hacer.
—¡No está, Berenice! —gritó—. ¿Acaso no ve que mientras lo buscaba, ese maldito libro me cayó encima?
Después de su brusca respuesta, el director llegó al salón 122 acompañado de Berenice. Estaba decidido a buscar él mismo el libro, sin dejar esa tarea en manos de nadie. La rabia que llevaba encima lo impulsaba a encontrar al responsable y hacerlo responder por semejante atrevimiento.
—¡Buenos días, estudiantes! —saludó Berenice, nerviosa, con el director a su lado.
Kenta, al ver la furia en los ojos del director, comprendió de inmediato que ya había descubierto la ausencia del libro y esbozó una sonrisa para sí misma.
—¡Quiero saber ahora mismo quién se atrevió a entrar a mi oficina y tomar mi libro sin permiso! —preguntó el director, con tal furia que hasta el profesor presente se encogió de miedo.
—¿No es ese su libro, director De la Vega? —señaló Kenta hacia Micaela, que leía concentrada, como si nadie más existiera a su alrededor.
El director se aproximó a Micaela, identificando de inmediato su libro.
—¿Quién le dio permiso para tomar mi libro? —preguntó el director, casi gritando.
—Señor director, yo… —intentó explicar Micaela, con la voz quebrada por el miedo.
—Mire, solo quiero que me diga una cosa ¿fue usted la insolente que entró a mi oficina y tomó mi libro sin permiso?
Micaela pensó que Kenta intervendría, pero al notar su calma, entendió que no lo haría. Así que, temblando, bajó la cabeza y asintió.
—¡A mi oficina, YA! —gritó el director.
El director salió seguido de Berenice, y Micaela caminaba detrás, temiendo perder su beca. Algunos estudiantes se reían, mientras que otros permanecían inmóviles por el miedo.
Al llegar, el director, con un gesto severo, le pidió a Micaela que se sentara. Ella obedeció, bajando la cabeza.
—¿Por qué lo hizo? —preguntó el director, manteniendo su tono enfadado.
—Lo siento, director yo solo... —intentó decir Micaela, pero el miedo la dejó sin palabras.
La paciencia del director llegaba a su límite. Frente a él, la joven le parecía completamente inepta, y todo lo ocurrido ese día con el libro perdido, junto al dolor en su pie, lo hizo tomar una decisión rápida.
—¡Está totalmente expulsada, y no quiero volver a verla aquí!
—Director, por favor, solo necesitaba el libro para la actividad, no fue con mala intención —se defendió Micaela, juntando las manos en señal de súplica.
—No hay nada que justificar. Mi decisión no cambia. ¡Fuera de mi oficina! —dijo el director, dejando notar la furia que le había generado todo lo sucedido.
Micaela no tuvo otra opción que salir, con el corazón roto. Para ella, sus sueños parecían desmoronarse, y no sabía cómo enfrentarse al regaño de su padre.
Iba tan absorta en sus pensamientos que chocó con Malú, que venía en dirección contraria.
—Lo siento —susurró Micaela, alzando apenas la vista; aunque no se dio cuenta de quién estaba frente a ella, Malú enseguida reconoció que era Micaela.
—¡Micaela! ¿Qué te pasó, chica? —preguntó Malú, preocupada al verla con lágrimas en los ojos.
—Me expulsaron, Malú ya no podré quedarme aquí —respondió micaela, al percatarse de que era Malú.
—¿Qué? ¿Cómo pasó eso? ¿Por qué te expulsaron? —preguntó Malú, preocupada.
Micaela no sabía si contarle toda la verdad a Malú, pero, tras pensarlo un momento, se dirigieron al césped verde de la universidad. Allí, poco a poco, y con el dolor de haber perdido su beca, Micaela le contó solo parte de lo sucedido, consciente de que revelar todo podría empeorar la situación. Malú no se sintió del todo tranquila; presentía que Micaela le ocultaba algo, pero decidió no presionarla y, con decisión, se encaminó sola hacia la oficina del director para intentar ayudarla.
Oficina del director
El director aún no terminaba de calmarse cuando la puerta se abrió de repente. Entró Fabián, despreocupado, con una sonrisa ladeada que mostraba lo tranquilo que estaba.
—¿Qué hace aquí, Fabián? ¡Usted también está fuera de esta universidad! —espetó el director, sintiendo cómo su ira crecía al ver a su amigo.
—¡Pero dígame, qué le hicieron, que parece que trae a todos los demonios dentro! —comentó Fabián, con tono burlón ante la ira del director.
—Usted solo viene a empeorar mi humor, Fabián. No tiene idea de lo que me ha pasado. Primero, el señor desaparece y no da la clase que le corresponde, así que tuve que cubrirla yo. Después, mi libro, el intocable, desaparece, y al buscarlo me cae el más pesado de la estantería en el pie. Toda mi rabia es culpa de sabe quién… de usted y de esa joven que tuvo la insolencia de entrar a mi oficina y tomar mi libro. Pero ya la expuse. —Al concluir su explicación, Nicolás mostraba claramente cuánto le había enfurecido todo.