Cuando la envidia habla
En un mundo donde las emociones no solo se sienten… también pueden escucharse.
Los sentimientos son capaces de transformarse en ondas de sonido que revelan lo que el corazón intenta ocultar. La felicidad puede iluminar, la tristeza puede quebrar, pero existe una voz mucho más peligrosa: la envidia.
Nacida de los pensamientos más oscuros, la envidia puede convertirse en un arma capaz de destruir sueños, romper vínculos y convertir la confianza en una traición inesperada.
Porque cuanto más cerca dejas a alguien, más profundo puede llegar la herida.
Pero… ¿qué ocurre cuando la envidia deja de ser solo una emoción y comienza a hablar por sí misma?
En un mundo donde los sentimientos tienen voz, descubrirás que el peor enemigo no siempre está frente a ti. A veces vive dentro de aquellos que dicen quererte… y otras veces, dentro de tu propio corazón.
Una historia sobre la ambición, los secretos, las heridas invisibles y la emoción más peligrosa de todas:
la envidia
NovelToon tiene autorización de J.Lumi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 14 — Susurros en el cristal
"El espejo nunca miente... pero la voz que lo acompaña sí."
Hubo un tiempo en que los espejos solo devolvían reflejos.
Mostraban arrugas.
Sonrisas.
Lágrimas.
El paso de los años.
Nada más.
Pero la humanidad cambió.
Ahora los espejos también tenían luz.
Tenían pantallas.
Tenían miles de vidas desfilando frente a unos ojos incapaces de apartarse.
La Envidia contempló aquella transformación con una sonrisa.
Nunca antes había tenido tantos cristales desde los cuales hablar.
—Qué invento tan maravilloso... —susurró.
La Esperanza levantó la mirada.
Sabía exactamente a qué se refería.
Cada pantalla era un nuevo espejo.
Uno donde las personas ya no buscaban verse a sí mismas.
Buscaban descubrir quién parecía vivir mejor.
Quién sonreía más.
Quién viajaba más.
Quién tenía más éxito.
Quién parecía más feliz.
La Envidia no necesitó hacer nada.
Los dedos comenzaron a deslizarse por las pantallas.
Una imagen.
Después otra.
Luego cientos más.
Cada una dejaba una pequeña marca invisible sobre el corazón.
Una joven observó la fotografía de otra persona.
Un viaje.
Una sonrisa.
Un paisaje perfecto.
Suspiró.
—Ojalá mi vida fuera así...
La Envidia apareció detrás de aquellas palabras.
—Seguro nunca llora.
Seguro nunca fracasa.
Seguro nunca se siente sola.
La imagen permaneció inmóvil.
No podía defenderse.
Porque una fotografía jamás mostraba lo que ocurría fuera del encuadre.
En otra ciudad, un hombre contemplaba el éxito de un antiguo compañero.
Premios.
Reconocimientos.
Aplausos.
Sin darse cuenta, olvidó todo lo que había conseguido durante años.
Solo veía aquello que aún no tenía.
La Envidia inclinó la cabeza.
—¿Lo notas?
Antes admirabas.
Ahora cuentas lo que te falta.
El corazón guardó silencio.
Era verdad.
La Tristeza recorrió aquellos pensamientos.
Había descubierto una nueva clase de dolor.
No nacía del fracaso.
Ni de la pérdida.
Nacía de comparar una vida completa...
Con un instante cuidadosamente elegido de la vida de otra persona.
Y aquella comparación siempre terminaba siendo injusta.
La Esperanza habló con suavidad.
—Nadie comparte todas sus tormentas.
Solo los días en que el cielo parece despejado.
La Envidia respondió con una serenidad inquietante.
—No importa.
Ellos ya comenzaron a creer que las tormentas solo existen en su propio mundo.
Eso basta.
Los espejos dejaron de colgar únicamente en las paredes.
Ahora viajaban en los bolsillos.
En las manos.
En cada momento de silencio.
Las personas despertaban mirándolos.
Dormían observándolos.
Y entre un reflejo y otro...
Olvidaban contemplar su propia realidad.
La Envidia jamás había encontrado un refugio tan cómodo.
No necesitaba recorrer ciudades.
Las ciudades la llevaban consigo.
—¿Sabes qué es lo más peligroso de un cristal? —preguntó.
Nadie respondió.
—Que nunca obliga a mirar.
Son ustedes quienes regresan una y otra vez.
Buscando respuestas...
Y encontrando comparaciones.
Las demás emociones permanecieron en silencio.
Porque era cierto.
Los corazones regresaban voluntariamente.
Esperando encontrar inspiración.
Pero muchas veces salían con un peso mucho mayor.
Una niña dejó de sonreír frente al espejo.
Pensó que jamás sería suficiente.
Un joven ocultó sus dibujos.
Creyó que nunca alcanzarían la calidad de otros.
Una escritora borró el primer capítulo de su novela.
Pensó que nadie querría leerla.
La Envidia observó aquellas decisiones con calma.
No había pronunciado grandes discursos.
Solo pequeños susurros.
Pero repetidos una y otra vez...
Hasta parecer una verdad.
La Esperanza caminó hasta un viejo espejo cubierto de polvo.
Lo limpió lentamente.
Esta vez no apareció el reflejo de otra persona.
Solo un rostro.
Cansado.
Imperfecto.
Humano.
Y, aun así...
Suficiente.
—Mírate —susurró la Esperanza.
—Antes de buscar tu valor en los ojos del mundo.
Durante un instante...
El corazón quiso creer.
Pero la Envidia ya estaba esperando detrás del cristal.
Su reflejo apareció lentamente.
No tenía forma.
No tenía rostro.
Solo una voz.
Una voz conocida.
Tan conocida que parecía nacer del propio pensamiento.
—No le creas...
Mira una vez más.
Siempre habrá alguien más hermoso.
Más talentoso.
Más exitoso.
Más querido.
Y mientras sigas buscándote en el reflejo de otros...
Jamás descubrirás quién eres realmente.
El cristal volvió a cubrirse de incontables imágenes.
Miles de sonrisas.
Miles de triunfos.
Miles de vidas aparentemente perfectas.
La Envidia cerró los ojos y sonrió.
Ya no necesitaba esconderse entre susurros.
Ahora el mundo repetía sus palabras por ella.
Y lo más aterrador...
Era que casi nadie recordaba cuál había sido su propia voz antes de escucharla.