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La Épica De Los Antiguos

La Épica De Los Antiguos

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía épica / Mitos y leyendas / Acción
Popularitas:59
Nilai: 5
nombre de autor: Bastian Silva

El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará

NovelToon tiene autorización de Bastian Silva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Gondwana parte final

El ejército del rey anfibio salió rápidamente para pelear contra los antiguos, quienes se reagruparon velozmente para la siguiente batalla.

—¡Compañeros, ante ustedes se encuentra nuestro último enemigo! —gritó Aenias, reacomodando su casco—. Se contarán leyendas cuando acabemos con tan vil enemigo. No pierdan la esperanza, debemos atacar ahora, marchen por los caídos, por sus esposas, por su familia y por la libertad que se nos arrebató —dijo el joven rubio corriendo hacia el ejército enemigo, seguido del resto de su legión, quienes recobraron sus últimas fuerzas.

Aenias empalaba a diestra y siniestra, seguido por la falange, quienes terminaban de rematar a los anfibios heridos, se cubrían con sus escudos ante los ataques enemigos y los monstruos iban muriendo rápidamente al ser heridos de muerte por las lanzas y espadas de los antiguos, que casi no sufrían ninguna baja al centrarse más en su protección.

Mientras Aenias luchaba, dentro de la pirámide había un alboroto causado por Dysis, quien al escuchar las noticias de que los antiguos estaban ganando para entrar en la ciudad, vio la oportunidad de provocar caos y pánico, iniciando una revuelta al asesinar a Asrael, cortándole el cuello con un trozo pequeño de cerámica que tenía escondido desde hacía varios días. Al hacer esto logró librar a sus compañeros de los collares antimagia, por lo que ahora podían defenderse de sus captores.

—Tenemos que acabar con el rey —dijo Astraea corriendo junto a Dysis. Ambas recorrían los pasillos asesinando a los anfibios que se encontraban con sus poderes de electricidad y fuego, respectivamente. Al llegar a la cámara principal, se dieron cuenta de que el rey Darío no estaba, así que el grupo de esclavos decidió salir de la pirámide, notando que no había ni un solo civil en las calles y en su lugar se hallaba el resto de las tropas de anfibios, saliendo lentamente para combatir contra los antiguos. Entre los hombres anfibios vio a uno de ojos color azul. Era Mahyar, el que ayudó a asesinar a su padre.

El corazón de la muchacha se llenó de ira al recordar el rostro de Mahyar, así que corrió rápidamente en la dirección de su enemigo, generando electricidad que la impulsaba cada vez más. Los rayos electrocutaban a los enemigos que intentaban detenerla. Su llegada, junto al resto de esclavos, provocó que Mahyar dejara de estar en la retaguardia y se centrara en acabar con los rebeldes.

—Veo que sobreviviste a todo este infierno —dijo Mahyar acercándose a Dysis.

—Pagarás por haber matado a mi padre —dijo la rubia, creando una lanza de rayos de color verde.

—Te equivocas de rana, niña, ese fue Gnarl —dijo Mahyar, creando varios picos de hielo que salieron disparados contra la joven, pero esta los esquivó rápidamente, sin darse cuenta de que las piedras del suelo también estaban congeladas—. Ya te di por muerta.

Un enorme golem hecho de hielo emergió del suelo congelado para, literalmente, aplastar a los rebeldes, pero fue derretido por las llamas de Astraea, quien iba incendiando todo a su paso, incluidos los hombres rana, que corrían envueltos en llamas mientras sus armaduras se fundían sobre su piel y provocaban que se calcinaran.

«Si no me deshago de la usuaria del fuego, terminaré muerto», pensó Mahyar, aún creando varios picos de hielo para atacar a Dysis, pero que eran derretidos por Astraea.

Pasaron un par de segundos hasta que las armas de Mahyar y Dysis chocaron por fin. Ninguno tuvo eficacia en el otro. La rubia usaba la electricidad para atacarlo desde varios ángulos, siendo bloqueada por un grueso escudo de hielo que terminó haciéndole un parry, mandándola a volar contra las murallas de la pirámide.

Astraea se impulsó creando una pequeña explosión detrás de ella para atacar a puño limpio a Mahyar, pero este se cubría cada vez más con sus escudos de hielo y envolvió su puño izquierdo en hielo para darle un golpe contundente a la joven castaña, arrojándola contra las paredes de una casa. El resto del pelotón comenzó a rodear a los rebeldes, que iban cayendo rápidamente ante los numerosos hombres rana.

Tres pequeñas bolas de fuego se alzaron sobre el grupo de hombres rana. Mahyar, simplemente, dio una carcajada al ver que a los pocos segundos se apagaron, pero su semblante cambió cuando vio que Astraea sangraba por sus heridas, pero aun así dibujó una sonrisa que emanaba victoria. Las bolas de fuego explotaron sobre el pelotón, desmembrando a los que estaban más cerca, asesinando así a muchos, a excepción de Mahyar, quien pudo cubrirse lo suficiente como para sobrevivir al ataque, pero quedando con la mitad de la parte superior de su cuerpo completamente quemada y con los huesos expuestos.

—Yo... no debí confiarme, Bajtiar y Gnarl lo hicieron y acabaron muertos —dijo Mahyar levantándose desde los escombros. El dolor era bastante abrumador e incluso perdió la audición del oído quemado. Cubrió así sus heridas con hielo para intentar recuperar algo; intentó levantarse, pero también perdió el equilibrio al reventarse su tímpano derecho. Creó un bastón afilado de hielo para poder apoyarse, caminando en la dirección donde estaba Astraea sanándose. —¡Maldición! Yo solo seguía órdenes. Entiendan que estábamos desamparados. Nadie nos ayudó. Yo hice todo por mi gente y aun así yo…

—Mataste a nuestra gente y nos esclavizaste —dijo Astraea poniéndose de pie—. Mi familia entera fue asesinada por tu culpa; ellos, nosotros, no teníamos culpa de nada.

—Fuimos víctimas de las circunstancias —dijo Mahyar acercándose torpemente—, pero aun así, a pesar de estar malherido, quiero que comprendas que lo hice para ayudar a mi rey con lo último que tengo. No importa si eres una piedra en el camino: morirás ahora.

—Eso es lo que crees. ¿Acaso no sabes nada de distracción, verdad? —dijo Astraea sonriendo.

—¡Oh, carajo! —dijo Mahyar al notar pequeños cuchillos hechos de rayos alrededor de él. Todos estos comenzaron a darle descargas eléctricas hasta formar un árbol de electricidad que terminó por carbonizarlo rápidamente, muriendo así el último general de los hombres rana. El árbol de color verde se elevó más alto que las murallas y Aenias, que estaba a las afueras, lo vio, recobrando la esperanza al saber que esos rayos pertenecían a su hermana.

Dysis aún seguía colérica, así que continuó matando a los hombres rana con su electricidad y con la ayuda de Astraea y los demás esclavos, provocando que el ejército del rey Darío se dividiera, al luchar en dos frentes.

Apenas se habían librado de la guerra contra los hombres con cuernos, quienes les quitaron un tercio de su territorio, sus tierras de cultivo fueron diezmadas y las aguas se volvieron turbias, por lo que estaban pasando una época de hambruna. Fue cuando pidió ayuda a los hombres lagarto, pero estos estaban envueltos en guerras internas, así que no pudieron brindarles ayuda; entonces se le ocurrió aprovechar este momento para intentar saquear e invadir nuevas tierras para el progreso de su nación.

Darío volvió en sí, creó un huracán que arrasaba todo a su paso, incluyendo a sus hombres. Aenias era el único que estaba dispuesto a hacerle frente. Se afirmó con fuerza para evitar los fuertes vientos y también creó una lanza de cristal que, al lanzarla, logró incrustarla en el hombro derecho del rey Darío, lo que generó que el rey rana desvaneciera el tornado, provocando que los antiguos atacaran con más crudeza a sus enemigos. El anfibio negro vio que su atacante era Aenias, así que comenzó a atacarlo con ráfagas de viento, lo que hacía que el joven perdiera el equilibrio, pero aun así no lograba dañarlo debido a la doble armadura del joven.

La gran mayoría de los antiguos decidió atacar al rey sin éxito alguno, hasta que Aenias ordenó atacarlo todos a la vez en un ataque suicida, pero los hombres rana les impidieron el paso hasta que fueron eliminados por la falange que corría rápidamente, asesinando brutalmente a sus enemigos y pisando sus cadáveres al correr. Aenias iba a la cabeza del grupo recobrando sus fuerzas, mientras Darío iba disparando ondas de viento que lograban asesinar a los antiguos, pero estos no dejaban de correr.

Darío se vio abrumado por los antiguos, así que echó a correr, escapando de ellos hasta que vio cómo la retaguardia era masacrada por dos jóvenes y los esclavos, quienes también se dirigían en su contra. Un rayo impactó en su hombro izquierdo, provocando que el ser gritara por el pánico.

—¡Qué se creen, malditos perros, nadie pisotea al gran Darío, ni nadie jamás aplastará a mi gente! —gritó Darío enfadado, mientras sangraba por sus heridas. Fue cuando, en un radio de quinientos metros, no hubo oxígeno, provocando que todos a su alrededor no pudieran respirar. Líneas rojas recorrieron el cuerpo de Darío, quien estaba llegando a su límite, a punto de romperlo al crear semejante ataque, ya que este requería una gran cantidad de energía. Su cuerpo comenzó a deformarse y retorcerse hasta dejar su forma humanoide.

Todos se habían detenido e intentaban tomar un poco de aire fresco. Aenias apenas pudo ver a una joven alta y rubia, de ojos verdes, hasta que ella también lo vio a lo lejos, provocando que se desesperara aún más. El rey Darío se había convertido en un monstruo con el torso torcido hacia abajo. La cabeza le daba vueltas y la mandíbula era bastante larga; tenía ocho ojos en su frente y cuatro patas, además de cuatro alas bastante grotescas y una cola larga.

Esto era un efecto secundario. Cuando un antiguo dragón u hombre rana llega al límite de su poder, suceden tres cosas importantes; la primera es que sobrepasa el límite, volviéndose un ser casi perfecto, similar a un dios; la segunda es que muere al no poder soportar tanto poder, y la tercera es que su cuerpo soporta el poder, pero sacrifica su forma física, convirtiéndose en un monstruo elemental, perdiendo su mente. Solo vuelven a su forma original al beber sangre de un antiguo con su mismo poder.

El Torcido creó ondas de viento que lanzaron por los aires a todo el mundo, atacando a todos por igual. Aenias saltó para darle un puñetazo con sus antebrazos envueltos en arena cristalizada, provocando que el monstruo sangrara por esa herida. También logró aprisionar sus patas con la arena, pero el Torcido logró alejarlo de él al dispararle una bola de viento que logró romper la armadura de arena cristalizada. También mordió al muchacho, lastimándolo de gravedad al arrojarlo contra la muralla de la ciudad.

El monstruo seguía asfixiando a todo aquel que se le acercara y devorando los cadáveres, lo que provocó que tanto antiguos como hombres rana huyeran del campo de batalla, decidiendo hibernar obligadamente y abandonando así a su capitán.

Aenias despertó unos minutos después. Viendo que solo estaba el monstruo y que no había nadie con vida, se quitó su casco para poder respirar mejor, ya que el aire era demasiado pesado. Decidió saltar contra el monstruo, creando una muralla de arena con la que logró romperle un par de huesos por la presión, pero el monstruo lo lanzó lejos otra vez, no sin antes gritar de dolor al sentir cómo el joven rubio le cortaba dos alas. El monstruo lo aplastó varias veces con sus manos hasta escuchar los huesos romperse y ver que la armadura del joven se rompía de igual manera. Arrojó al joven a la enorme pila de cadáveres y comenzó a dirigirse al sur de África, caminando hacia Gondwana.

Aenias despertó dos días después de la batalla. Todo su cuerpo le dolía, así que decidió no moverse por una semana, hasta sanarse completamente. El hedor de los cadáveres era insoportable, así que cogió un poco de alimento de la ciudad abandonada y comenzó su viaje hacia Gondwana, presintiendo que el Torcido se dirigía hacia allí al ver el rastro de la sangre negra del monstruo. Caminó por semanas bajo el calor abrasador de África, recorriendo todas las ciudades abandonadas, ya que Darío, el Torcido, también atacó las bases de los antiguos.

Aenias seguía su rastro lentamente, hasta que se topó con unos sarcosaurios que le aliviarían el viaje al montarlos. Durante las noches recordaba todas sus batallas, incluida la última de todas, siendo las más brutal para él. Cuando pasaba un animal cerca de él y si pisaba alguna rama, el joven se levantaba de inmediato, al comparar el sonido con el de uno de los huesos rompiéndose.

También recordaba a todos sus compañeros, incluido el general Aurelio, a quien quería como a un padre. No podía hacer más que recordarlos como el único sobreviviente de la batalla final, así que se propuso comentar todo lo sucedido en África hasta llegar a Australia, así que viajó en barco e hizo lo que pudo para permanecer a flote durante esos meses. Al llegar a Pelagia notó que estaba abandonada, al igual que las otras bases, y que el aire estaba cada vez más pesado. Se sentía solo al ver que en cada ciudad a la que viajaba no había nadie y solo estaba el rastro del Torcido. Entendió entonces que el poder de Darío ejecutó a todos y solo estaba él. Nadie iba a saber de su última batalla, nunca sabrían todo lo que pasó, ni tampoco habría cánticos de sus hazañas.

Recordó lo que le había dicho Aurelio un día antes de morir, entonces se quitó su armadura y comenzó a rasgar su ropa blanca de lino por la desesperación y frustración que sentía.

—¡Maldición! —gritó Aenias a los cuatro vientos, escuchándose así su eco mientras él se revolcaba por el suelo hasta cansarse y cerrar los ojos. Decidió hibernar hasta despertar cuando todo se hubiera arreglado, sin antes pensar en su familia.

Pasaron millones de años hasta que despertó cerca de un pueblo en Nueva Gales del Sur, en

Australia, y se encontró con un hombre de una raza desconocida para él. Este hombre era Edgard Strathman, a quien en un futuro vería como a un padre, teniendo varias aventuras con él y renaciendo así el rey de la arena.

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