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Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 2

Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 2

Status: En proceso
Genre:Romance / Vampiro
Popularitas:519
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

Un refugio maldito, una obsesión mortal y un secreto de sangre a punto de estallar.

Huyendo de su familia, Bibiana toma la drástica decisión de mudarse con Adam a una cabaña aislada en mitad del espeso bosque finlandés. Ellos creen estar construyendo su propio nido de amor en una paz idílica, sin embargo, ambos viven en una mentira: ignoran por completo la existencia de un Pacto de sangre, la oscura deuda del pasado que ya ha marcado sus destinos. Pero el invierno no perdona, y la tragedia golpea con la fuerza de un témpano.

Segunda temporada de la novela Destinada a un amor inmortal

NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

T2 Capítulo 14 - El sol no brilla para todos

Ignacio se dejó caer en su silla, procesando las palabras de Matt. El mundo parecía cerrarse sobre él.

—No puede ser, Matt... —susurró con incredulidad.

—Es la verdad, señor Ignacio. Y si Bibiana se entera, irá a buscarlo. No podemos permitirlo.

—Por supuesto que no —reaccionó Ignacio con firmeza—. Mi hija no debe saber esto bajo ningún concepto. El problema es que lo descubra ella misma.

—Solo hay una forma de evitarlo —intervino Matt, con un tono calculador—. Tiene que llevársela lejos. Muy lejos de aquí. Solo así evitará que se entere por otros, como su amiga Melissa.

Ignacio asintió lentamente. La idea de la mudanza, que antes era una posibilidad, ahora se convertía en una misión de rescate.

—Tienes razón. Hace una semana que lo pienso, pero ahora es urgente.

—Hágalo rápido —presionó Matt—. No le dé tiempo a Bibiana de descubrir la verdad.

—Lo haré. Buscaré la forma de que venga con nosotros sin que pueda negarse.

(Un mes después)

El invierno finlandés seguía abrazando el bosque, pero para Bibiana, el frío ya no venía del clima, sino de su interior. Caminaba entre los árboles, allí donde cada rincón guardaba un eco de Adam.

—Te extraño tanto... —susurró al viento, dejando que los recuerdos la invadieran.

—Bibi.

La voz de Matt rompió el silencio. Bibiana se giró bruscamente, con los ojos encendidos de rabia.

—¿Qué haces aquí, Matt? ¿Acaso me estabas siguiendo?

Matt guardó silencio, incapaz de sostenerle la mirada bajo esa acusación.

Alaska - Mansión Soler

Mientras tanto, en la lejana Alaska, Adam caminaba como un león enjaulado por la sala de la Mansión Soler.

—No puedo más, Giselle. Extraño demasiado a Bibi. Quiero regresar a buscarla.

—Hermanito, no puedes —le recordó su hermana, interceptándolo—. La pondrías en riesgo nuevamente. Por eso te fuiste.

Adam golpeó la pared con frustración.

—Lo sé, pero el deseo de abrazarla me está matando.

—Todo esto se solucionaría si la convirtieras —soltó Giselle con pragmatismo—. Pero te niegas.

—Convertirla sería condenarla a las sombras —respondió Adam con voz ronca

—. Le quitaría la oportunidad de tener una vida normal... de tener hijos.

—Debiste pensar eso antes de marcarla, Adam. Ahora ningún hombre podrá tocarla jamás.

Adam cerró los ojos, recordando la calidez de Bibiana.

—Me dejé llevar por lo que siento. La amo demasiado. Esa primera noche... y todas las que vinieron, fueron lo mejor de mi vida —una sonrisa triste cruzó su rostro—. Para mí, ella no es solo una humana; es la luz que ilumina mi mundo de sombras.

Pueblo Finlandés

De vuelta en el bosque finlandés, la confrontación continuaba.

—¡Contéstame! ¿Me estabas siguiendo? —exigió Bibiana.

—Sí —admitió Matt finalmente—. Te vi entrar sola y me preocupé por los animales salvajes.

—No me va a atacar nada aquí. Y no soporto que me vigiles.

Matt la miró con una mezcla de nostalgia y rencor.

—Antes eras dulce y tierna. Desde que te metiste con ese vampiro, cambiaste tanto... no lo entiendo.

—Las personas cambian, Matt. Y yo nunca volveré a ser la de antes.

—Lo sé. No sabes cuánto daría por recuperar a la Bibiana que alguna vez me amó.

Bibiana soltó una risa amarga.

—Yo nunca te amé, Matt. Mi corazón le perteneció a Adam mucho antes de conocerlo. Lo amaba desde que aparecía en mis sueños.

Matt apretó los dientes. "Si supieras que estás enamorada por ese maldito pacto", pensó con veneno.

—Hazme un favor —sentenció Bibiana mientras se daba la vuelta—. Deja de seguirme. No vuelvas a buscarme, porque nunca voy a regresar contigo.

Matt la vio alejarse, jurando para sus adentros: "Si no vuelves conmigo, tampoco volverás con él. Muy pronto te irás de aquí... y yo iré con ustedes".

Casa de los Anderson

En el estudio de los Anderson, Ignacio contaba fajos de billetes sobre la mesa.

—Ya tengo el dinero para irnos —le dijo a Elena.

—Papá, no creo que mis hermanos quieran irse. Yo tampoco estoy segura.

—Hija, no me des la espalda —le suplicó Ignacio, acariciándole el cabello—. Necesito sacar a Bibiana de aquí.

—Está bien —cedió Elena—. ¿Cuándo nos vamos?

—En unos días. Solo debo convencerlos, especialmente a ella.

—Yo te ayudaría, pero después de cómo me echó de su cuarto, no me escuchará. Y ni se te ocurra pedirle ayuda a Matt; ella no lo quiere cerca.

—Yo hablaré con ella —suspiró Ignacio—. ¿Nos mudaremos a otro lugar frío?

—No, hija. Esta vez viviremos donde el sol siempre brille.

Lejos de allí, en la cafetería del pueblo, el ambiente se volvió gélido cuando dos extraños de mirada intensa y piel pálida entraron al local. Eran los hombres de Marcelo.

—¿Se les ofrece algo? —preguntó el mesero, sintiendo un escalofrío.

—Buscamos a Ignacio Anderson —dijo uno de ellos, mostrándole una foto—. Somos parientes y queremos darle una sorpresa.

—Ah, sí. Viene a veces. Su casa está a dos calles de aquí.

—¿Tiene hijos? Queremos llevar regalos.

—Tres —respondió el mesero, sin sospechar nada—. Diego, Bibiana y la menor, Elena. Todo se sabe en este pueblo.

—Gracias por la información —dijo el vampiro con una sonrisa gélida.

Una vez afuera, los dos depredadores se miraron con satisfacción.

—Estamos muy cerca de encontrarlos —dijo uno, mientras sus ojos brillaban con maldad—. Muy cerca.

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