Alina, una joven de diecinueve años que vive en Valdemorral, un pueblo ancestral envuelto en niebla perpetua y olvidado por el mundo. Criada por su abuela Elvira tras la misteriosa desaparición de sus padres, Alina pertenece a una familia marcada por un secreto ancestral: son las guardianas del equilibrio entre el mundo de los vivos y lo que habita en la oscuridad. Desde pequeña, Alina ha sentido que es diferente, y una noche ve desde su ventana una figura oscura que la observa. En lugar de miedo, siente una llamada profunda y un extraño reconocimiento.
Entonces, Elvira le revela la verdad que durante años le fue oculta: su linaje desciende de quienes sellaron un pacto ancestral para proteger al pueblo, un vínculo que une su sangre eternamente con las sombras. La madre de Alina también sintió esa misma llamada y eligió cruzar al otro lado, abandonando el mundo de los vivos. Ahora Alina debe enfrentar su propio destino: decidir si se queda como guardiana cumpliendo su deber.
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Capitulo 15: El llamado de las sombras lejanas, el camino hacia lo desconocido.
Al amanecer, Alina se detiene en el borde del bosque, lista para partir. Viste su capa oscura que brilla levemente en los bordes, lleva el Libro de la Estirpe sujeto contra su pecho y la pequeña bolsa colgada de su cintura. Junto a ella, el Guardián camina envuelto en una sombra suave que solo ella puede ver claramente. Detrás, en lo alto de la colina, se distingue la casa de piedra y la figura pequeña de Elvira despidiéndose con la mano. Ante ellos se extiende un sendero largo que cruza bosques profundos, montañas imponentes y ríos anchos. A ambos lados del camino, sombras en forma de lobos y aves vuelan adelante, explorando el terreno y abriendo paso a su guardiana.
Al día siguiente, apenas comenzaba a clarear el cielo, salimos de la casa. Mi abuela me abrazó con fuerza, y sentí cómo pasaba parte de su propia fortaleza a través de ese contacto. Luego me quedé mirándola hasta que la distancia borró su figura entre los árboles. Ya no estaba sola: a mi lado caminaba el Guardián, y delante de nosotros, avanzaban mis guías: sombras transformadas en grandes lobos de pelaje oscuro y aves de alas amplias que surcaban el cielo para vigilar el camino.
El viaje comenzó de inmediato. Durante los primeros días atravesamos tierras que aún conocía, pero pronto dejamos atrás los lugares familiares y entramos en regiones salvajes y casi deshabitadas. Cruzamos bosques inmensos donde los árboles eran tan antiguos como los de mi hogar, y pude sentir cómo me reconocían y me abrían paso. Subimos montañas cuyas cimas tocaban las nubes, y desde allí pude ver la inmensidad del mundo que me rodeaba, comprendiendo lo pequeño que era cada lugar y lo importante que era mantener el orden en todos ellos.
El Guardián no hablaba mucho, pero su sola presencia me daba toda la seguridad que necesitaba. Cuando nos deteníamos a descansar, me enseñaba a interpretar las señales de la naturaleza, a sentir si había peligro cerca y a fortalecer mi energía para que no se desgastara con el esfuerzo del camino.
—Recuerda —me decía mientras acampábamos bajo las estrellas— que la oscuridad te da resistencia. No te agotas, no envejeces mientras estás unida a ella. Eres parte de su flujo eterno.
A medida que avanzábamos hacia el este, la sensación de pesadez en el aire se hacía cada vez más evidente. El cielo se nublaba, el viento se volvía frío y cortante, y la vegetación comenzaba a cambiar: los árboles perdían sus hojas antes de tiempo, las flores tenían colores apagados y los arroyos ya no cantaban con el mismo sonido alegre. Sabía que nos estábamos acercando a nuestro destino.
En la sexta noche de viaje, al cruzar la última cadena de colinas, nos detuvimos en la cima. Allí, extendiéndose ante nuestros ojos como una gran herida en la tierra, estaba el Valle de las Sombras Olvidadas. Era exactamente como lo había visto en el libro: envuelto en una niebla gris y espesa que parecía tragar cualquier sonido. Un silencio pesado, opresivo, cubría todo el lugar. Y en el centro mismo del valle, brillaba una luz oscura y agitada, como un corazón enfermo que latía con dificultad.
Sentí cómo el medallón en mi pecho reaccionaba con fuerza, iluminando todo mi cuerpo con una luz plateada tan intensa que parecía capaz de cortar la niebla. Las sombras que nos acompañaban se detuvieron, esperando mi orden, respetuosas y atentas.
El Guardián se colocó frente a mí, mirándome a los ojos con profunda ternura y orgullo.
—Ha llegado el momento, Alina —dijo él—. Aquí es donde demostrarás lo que eres. No necesitarás luchar con espadas ni magia destructiva. Solo necesitarás ser tú misma. Muéstrales la verdad de nuestra oscuridad, y verás cómo estas tinieblas vacías se rinden ante ella.
Asentí, tomé aire profundamente y avancé dando el primer paso hacia el valle, sintiendo cómo toda mi historia, mi sangre y mi alma me empujaban hacia adelante para cumplir con lo que el destino había preparado para mí.
Alina desciende hacia el valle envuelta en niebla gris y opaca. A su alrededor, la atmósfera parece resistirse a su paso, pero el resplandor plateado que emana de su cuerpo crea un sendero luminoso que disipa la niebla a medida que avanza. El Guardián camina justo detrás de ella, protegiéndola, mientras las sombras que antes eran oscuras y deformadas comienzan a acercarse con curiosidad, atraídas por su luz. En el centro del valle, la energía caótica comienza a removerse, reconociendo la presencia de la heredera, mientras en el cielo las estrellas
Siempre vemos la oscuridad como algo malo, pero realmente es como ver la vida de otra manera