Soy Adalyn en este mundo, cuando llegue me dijeron que estaba embarazada y resulta que va a ser el futuro héroe que acabará con el emperador y su tiranía. El padre es el duque y mano derecha del emperador pero yo protegere a mi hijo.
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Julius (part2)
Bailar en este mundo era diferente a cualquier cosa que Ren hubiera hecho en el anterior.
No tenía los movimientos memorizados con la práctica de años — los había aprendido de los recuerdos de Adalyn, que había recibido clases de baile de cortesía en los dos años de espera entre la propuesta y la boda, con una institutriz que le enseñó los pasos sin enseñarle para qué servían realmente.
Ren sí sabía para qué servían.
El baile de corte no era entretenimiento. Era conversación. Era negociación. Era la forma que tenían las personas que no podían hablar libremente de comunicarse en espacios donde todos miraban.
Julius bailaba bien. Con esa soltura que viene de años de práctica desde niño, de haber aprendido los movimientos antes de entender su significado y haberlos integrado hasta que el significado y el movimiento eran la misma cosa.
Se movían en los patrones del baile formal, con la distancia protocolar correcta, con los cambios de posición que el baile requería. Y en esos cambios, en los momentos breves en que la forma del baile los acercaba lo suficiente para hablar sin que nadie leyera los labios desde el lateral del salón, Julius hablaba.
—¿Sabes lo que planea hacer mi padre esta noche? —dijo.
—Tengo hipótesis —dijo Ren.
—¿Cuál es la más probable?
—Una que involucra hacer algo que sea legalmente indiscutible frente a testigos.
Julius la miró. Sus ojos en el movimiento del baile tenían esa expresión de antes — el peso de saber.
—Sí —dijo.
El baile los separó un momento. Volvieron.
—¿Por qué me lo dices? —dijo Ren.
—Porque viniste sola —dijo Julius—. Bueno. —Se corrigió—. No sola. Pero sin aliados suficientes para lo que viene.
—¿Y tú eres un aliado?
Una pausa en los movimientos del baile.
—No lo sé todavía —dijo Julius con una honestidad que Ren no había esperado—. Pero tampoco soy el contrario.
—¿Por qué?
Julius tardó. Los movimientos del baile. La música de cuerda.
—Porque lo que dice la profecía sobre tu hijo —dijo finalmente, en voz tan baja que Ren tuvo que prestar atención— no me parece algo que deba evitarse.
Ren lo miró.
El hijo que romperá las cadenas del imperio.
El hijo del hijo del hombre que las impuso.
Julius era el hijo del Emperador. Heredaría un imperio construido sobre las cadenas que la profecía decía que su medio hermano — el hijo de Ren, el hijo de Kael — rompería.
Y Julius estaba diciéndole que no le parecía algo que debiera evitarse.
—¿Sabes lo que eso significa? —dijo Ren.
—Sí —dijo Julius.
—¿Y lo dices de todas formas?
—Sí.
El baile los separó. Volvieron. Y en ese regreso, en ese movimiento que el protocolo del baile hacía completamente normal, los ojos de Julius encontraron los de Ren con algo que era más directo que todo lo anterior.
—Mi padre lleva treinta años construyendo algo —dijo Julius— que nadie en este salón tiene el valor de llamar por lo que es. Nadie excepto—
Se detuvo.
El baile requería que giraran.
Giraron.
—Excepto tú —terminó Julius cuando volvieron.
Ren lo miró.
Excepto yo, pensó. O excepto lo que represento.
—¿Me conoces desde hace diez minutos —dijo.
—Sí.
—¿Y ya tienes una opinión.
—Tengo ojos —dijo Julius simplemente—. Llevan diciéndome cosas durante mucho tiempo. Esta noche confirman lo que ya sabían.
La música cambió.
El baile llegó a su fin natural.
Julius hizo la reverencia protocolar. Ren la reverencia correspondiente.
Y en el momento en que se separaron, cuando la distancia entre los dos volvió a ser la distancia de un salón lleno de personas, Julius dijo — sin moverse todavía, sin fingir que caminaba en otra dirección:
—Lo que va a anunciar mi padre. Cuando ocurra. —Una pausa brevísima—. No lo aceptes.
Ren lo miró.
—¿Y si no tengo opción?
Los ojos grises de Julius — los que tenían humanidad, los que eran diferentes — la miraron con algo que Ren tardó un momento en identificar.
Era determinación.
La determinación específica de alguien que ha tomado una decisión que sabe que tiene consecuencias y la tomó de todas formas.
—Tendrás opción —dijo Julius.
Y se fue.
......................
Ren se quedó exactamente donde estaba durante tres segundos.
Procesando.
Luego se giró hacia el lateral del salón.
Sophia estaba a su izquierda, con la cofia perfectamente en su lugar y los ojos que llevaban los últimos veinte minutos haciendo lo que Ren le había pedido que hicieran.
Sus miradas se encontraron.
Sophia ajustó la cofia.
Algo está pasando.
Ren siguió su mirada discreta hacia la plataforma imperial.
El Emperador se había puesto de pie.
buenisima historia
me encanta la protagonista..
más capítulos xfavor