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La Chica Del Cabello Infinito

La Chica Del Cabello Infinito

Status: Terminada
Genre:Magia / Familia mágica / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En el pequeño pueblo de Valleoscuro, donde las montañas se alzaban como gigantes dormidos y la niebla solía quedarse abrazada a los tejados hasta bien entrada la mañana, todos conocían a Mariana. No por su nombre, ni por su familia, ni por nada que hubiera dicho o hecho, sino por una sola cosa: su cabello. Era rojo, del tono intenso de las brasas que arden despacio en la chimenea, rizado como las olas de un mar que nunca se calma, y tan largo, tan increíblemente largo, que nadie había logrado ver dónde terminaba.
Mariana tenía la piel morena, suave y cálida como la tierra fértil de los valles cercanos, y sus ojos eran del color del ámbar, brillantes y profundos, como si guardara en ellos todos los atardeceres que se habían visto caer sobre aquel rincón del mundo. Vivía en una casa pequeña, de paredes de adobe y techo de tejas rojas, situada al final del camino principal

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Capitulo 12:La ciudad entre las nubes.

—¡Los Halcones de Sombra! —gritó Elías, poniéndose de pie rápidamente—. Son espías del Consejo de las Sombras. Si nos rodean, llamarán a fuerzas mucho mayores.

—Que vengan —respondió Mariana sin miedo—. Ya verán qué significa enfrentarse a la Guardiana del Hilo Infinito.

Esta vez, no esperó a que se acercaran demasiado. Con un solo movimiento de sus brazos, su cabello se alzó formando una red inmensa y brillante que cubría todo el cielo sobre ellos. Cuando las criaturas oscuras chocaban contra esa red, aullaban de dolor y caían convertidas en polvo gris, incapaces de soportar la luz pura que recorría cada hebra. En cuestión de minutos, el cielo quedó despejado y tranquilo de nuevo.

—Cada prueba que superas te hace más fuerte —le dijo una de las mujeres emisarias, mirándola con un respeto que antes no tenía—. Nunca habíamos visto un poder que crezca tanto con cada paso.

—Porque mi poder no viene de la fuerza bruta —explicó Mariana mientras volvía a sentarse a descansar—. Viene de la conexión. Cuanto más camino, más conozco, más me uno a todo lo que existe, y por eso soy invencible.

A los ocho días de viaje, llegaron al lugar más temido de todos: la Frontera de las Dos Tierras. Era un paso estrecho entre dos montañas gigantescas, que separaba los territorios donde aún reinaba el equilibrio de las tierras dominadas por la influencia oscura.

En la entrada del paso había una gran puerta de piedra, y frente a ella esperaba una figura inmensa: un ser alto y fuerte, mitad hombre y mitad roca, con ojos que brillaban como carbones encendidos. Era Grom, el Guardián de la Frontera, encargado de dejar pasar solo a quienes llevaban intenciones puras y de cerrar el camino a quienes venían con malos deseos.

—¡Deténganse! —gritó con voz profunda, que resonó como un trueno entre las rocas—. Nadie cruza esta puerta sin que yo lo decida. ¿Quiénes son ustedes y cuál es el motivo de su viaje?

Elías dio un paso al frente para presentarse, pero Grom alzó una mano para detenerlo. —Ya te conozco, Elías del Linaje —dijo el guardián con seriedad—. Has cruzado esta puerta muchas veces, y tus intenciones siempre han estado llenas de ambición y orgullo. No dejaré pasar a nadie que quiera usar el poder para dominar.

Entonces fue Mariana quien avanzó, con la cabeza en alto y su cabello fluyendo libremente detrás de ella, brillando con luz suave.

—Soy Mariana —dijo ella con voz tranquila pero potente—. Soy la Guardiana del Hilo Infinito. Vengo a la Ciudad Alta no para dominar, sino para restaurar el equilibrio. Vengo a recordar a todos que el poder debe servir a la vida, no a los deseos de unos pocos.

En cuanto habló, Grom bajó la mirada hacia ella, y sus ojos cambiaron de color, pasando del rojo intenso a un tono dorado cálido. Al instante, su gran cuerpo de piedra comenzó a iluminarse también, porque podía sentir la verdad que llevaba Mariana en su corazón y en cada rizo de su cabello.

—Por fin —murmuró el guardián, y en su voz había una mezcla de sorpresa y alegría—. Han pasado mil años desde que alguien con esta luz se paró frente a mí. Tienes reason para cruzar, Mariana. Tienes razón para llegar hasta el fin de tu camino.

Con un golpe de su mano contra la puerta de piedra, esta se abrió lentamente, emitiendo un sonido grave y antiguo. Detrás de ella se extendía un camino largo y empinado que subía hacia las nubes, y en la distancia, entre las alturas más lejanas, podía verse ya la silueta de la Ciudad Alta: construida sobre la cima de montañas inalcanzables, con torres de piedra blanca que brillaban bajo el sol y cúpulas doradas que parecían tocar el cielo.

—¡Allí está! —exclamó Beatriz, con los ojos llenos de emoción—. Ese es el lugar donde nace nuestro linaje, el centro de todo lo que existe.

Pero Mariana sintió algo más. Mientras miraba aquella ciudad imponente, sus hilos infinitos le enviaban mensajes contradictorios: sentía una gran sabiduría y fuerza en aquel lugar, pero también una pesadez, una rigidez, como si allí el tiempo se hubiera detenido y nadie quisiera cambiar nada, aunque las cosas ya no funcionaran bien.

—Es un lugar lleno de historia —pensó en voz alta—, pero también lleno de errores que deben corregirse.

Antes de entrar en el paso, se detuvo un momento, tomó una de las semillas que le había dado don Tomás y la plantó en la tierra al borde del camino. Al instante, bajo el calor de su luz, la semilla brotó, creció rápidamente y se convirtió en un árbol hermoso de tronco fuerte y hojas verdes, que resaltaba entre las rocas oscuras.

—Así siempre sabré dónde empezó esta etapa —dijo ella sonriendo—. Y cuando vuelva, sabré que mi hogar me espera.

Comenzaron a subir por el camino de piedra. Cuanto más subían, más delgada se hacía el aire y más cerca parecía estar el cielo. Pero también más fuerte se hacía la sensación de que algo importante estaba por suceder. Mariana sabía que al llegar a la Ciudad Alta no terminarían sus pruebas: al contrario, allí comenzaría la parte más difícil, donde tendría que enfrentarse no solo a enemigos externos, sino también a las reglas antiguas, las costumbres equivocadas y a quienes no querían aceptar que el mundo necesitaba un cambio verdadero.

Mientras avanzaba, su cabello se extendía cada vez más lejos, envolviendo montañas, cruzando nubes y llegando hasta rincones que nadie había visto nunca. Ya no era solo su escudo o su guía: era la prueba viva de que ella era mucho más grande que cualquier ciudad, cualquier ley o cualquier amenaza que pudiera esperarla al final del camino.

Al amanecer en el camino principal de Valleoscuro. Mariana, con mirada decidida, camina al frente del grupo. Su cabello rojo rizado fluye libremente detrás de ella, extendiéndose por ambos lados del sendero como dos ríos brillantes que iluminan el camino. Detrás van sus padres y los emisarios, mientras en el fondo se ven las casas del pueblo y sus vecinos despidiéndola con cariño. El cielo está lleno de colores cálidos del alba.

En medio de un bosque profundo y sombrío. Una niebla gris envuelve todo el terreno, pero desde donde está Mariana sale una luz intensa y dorada que atraviesa la oscuridad. Cientos de hebras de su cabello brillan abriéndose paso entre los árboles, deshaciendo la niebla y devolviendo la vida a las plantas marchitas a su alrededor. El contraste entre la oscuridad del bosque y su luz es impresionante.

Frente a la gran puerta de piedra de la Frontera. Grom, el guardián de roca inmenso, mira con respeto a Mariana. Su cabello brilla con tal fuerza que hace iluminar también al propio guardián. Detrás de la puerta se abre un camino empinado que sube hacia las montañas, y en la lejanía ya se distinguen las torres blancas de la Ciudad Alta entre las nubes. El ambiente es solemne y lleno de magia antigua.

Primer plano de Mariana plantando la semilla en la tierra de rocas secas. Al instante brota un árbol frondoso de hojas verdes, rodeado de un resplandor suave que viene de sus manos y de sus rizos que caen sobre el suelo. A su alrededor, el paisaje es montañoso y alto, con el cielo azul y las nubes flotando cerca. Representa el vínculo que mantiene con su hogar sin importar cuán lejos vaya.

El camino de piedra subía en espiral, estrecho y empinado, bordeando precipicios donde el viento soplaba con fuerza constante. Pero para Mariana, cada paso era más ligero que el anterior. Su cabello rojo rizado se extendía a ambos lados, envolviendo las paredes de roca para crear una barrera suave y segura, evitando que nadie resbalara o se viera arrastrado por las corrientes de aire. Cuanto más alto subían, más sentía cómo crecía su propia conexión con todo lo que existía a su alrededor.

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Fátima Noelia Gauto
acaso sos una retrazada?? no te contaron ya la verdad??
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