Aidan ha vuelto. Ya no es el niño asustado, sino un hombre de negocios implacable, listo para reclamar todo lo que dejó atrás. Se reencuentra con Iris, ahora una mujer poderosa, socia de la sofisticada Atelier Vértice, cuya figura irradia una elegancia que desarma.
El ya decidió irá por todo y su gordita sera de él
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CAPITULO 15.
Entré en el edificio corporativo de los Lennox con la barbilla tan alta que me dolía el cuello. Llevaba un traje de falda lápiz color gris humo y unos tacones que resonaban en el mármol del vestíbulo como disparos. No era la chica del bosque; era la arquitecta de su proyecto más ambicioso, y si Dorian pensaba que iba a ser su secretaria personal, estaba muy equivocado.
—Señorita Colman, el señor Dorian la espera en el piso cuarenta —dijo la recepcionista, mirándome con una mezcla de envidia y lástima.
Subí en el ascensor sintiendo que las náuseas de la pastilla del día anterior por fin se disipaban, reemplazadas por una descarga de adrenalina pura. Al llegar a la planta presidencial, el silencio era casi sepulcral. Dorian estaba en su escritorio de cristal, rodeado de pantallas y planos, luciendo impecable, como si no tuviera alma.
—Llegas dos minutos tarde, Iris —dijo sin levantar la vista—. Tu oficina es la de al lado. Hay una pila de informes que necesitan tu aprobación antes del mediodía.
Caminé hacia su escritorio y puse mis manos sobre el cristal, obligándolo a mirarme.
—Escúchame bien, Dorian —le dije con una voz tan firme que él arqueó una ceja—. Estoy aquí por el contrato y por mi padre, no porque me interese tu aprobación. No soy tu empleada, soy tu socia creativa. Esos informes los revisaré cuando yo lo decida, y si vuelves a hablarme con ese tono de superioridad enfrente de tu personal, me largo y dejas que tu puerto se hunda solo. ¿Entendido?
Dorian se reclinó en su silla, entrelazando sus dedos largos. Sus ojos de hielo me recorrieron con una lentitud que me hizo sentir desnuda, pero no bajé la mirada.
—Tienes garras, Iris. Me gusta —susurró con una sonrisa fría—. Pero en este edificio, las garras se cortan. Empieza a trabajar.
Me di la vuelta y me encerré en mi nueva oficina. Era una jaula de oro, con paredes de cristal que daban a toda la ciudad. Me senté y empecé a revisar los planos, tratando de concentrarme, pero el ambiente estaba cargado de una tensión insoportable.
A media mañana, el caos se desató.
Un ruido ensordecedor de motores rugió desde la calle, filtrándose incluso a través de los cristales insonorizados del piso cuarenta. Me asomé a la ventana y casi suelto una carcajada de puro nervio.
Abajo, en la entrada principal del edificio más elegante de la ciudad, un convoy de camiones de construcción y grúas pesadas bloqueaba por completo el acceso. Y en medio de todo, un Mustang negro derrapaba haciendo círculos perfectos sobre el asfalto, dejando marcas de neumáticos quemados justo sobre el logo de mármol de los Lennox.
—¡Es Aidan! —exclamé, sintiendo un vuelco en el corazón.
Dorian salió de su despacho hecho una furia. Sus empleados corrían de un lado a otro, pegados a las ventanas.
—¿Qué diablos está haciendo ese animal? —bramó Dorian, apretando los puños.
Bajamos al vestíbulo a toda prisa. Cuando las puertas automáticas se abrieron, el humo del caucho quemado nos golpeó la cara. Aidan se bajó del Mustang con una lentitud exasperante. Llevaba una camiseta blanca sucia de grasa, unos jeans rotos y una llave inglesa en la mano. Detrás de él, una docena de obreros con chalecos reflectantes empezaron a descargar toneladas de vigas de acero y escombros justo en la puerta principal.
—¡Aidan! ¡Detén esta locura ahora mismo! —gritó Dorian, rojo de ira.
Aidan se encogió de hombros, limpiándose el sudor de la frente con el brazo. Me miró por un segundo, y vi ese brillo de travesura salvaje que me recordaba al niño que me volvía loca, pero con la oscuridad del hombre que me había poseído en el bosque.
—Lo siento, hermano mayor —dijo Aidan con una sonrisa cínica—. Hubo un "error" en la logística. Según mis órdenes de entrega, este acero para el puerto debe custodiarse aquí, en la sede central, hasta que yo dé el visto bueno. Es por seguridad, ya sabes... no queremos que nadie robe el material, ¿verdad?
—¡Esas vigas bloquean la entrada! ¡Nadie puede entrar ni salir! —chilló Dorian.
—Exacto —Aidan se acercó a nosotros, ignorando a los guardias de seguridad que no se atrevían a tocarlo—. Así nadie molestará a Iris mientras trabaja. Me preocupaba que tuviera demasiadas... distracciones.
Aidan se detuvo frente a mí. El olor a gasolina y a su perfume me mareó. Me guiñó un ojo, una señal clara de que este era su sabotaje personal contra la "prisión" de Dorian.
—¿Cómo vas con los informes, preciosa? —me preguntó, ignorando por completo a su hermano—. Espero que no estés trabajando demasiado. El acero está un poco frío hoy, igual que el ambiente en esta oficina.
Dorian llamó a la policía, pero Aidan simplemente se rió. Sacó un fajo de papeles del bolsillo y se los puso en el pecho a su hermano.
—Todo legal, Dorian. Permisos de descarga temporal por "obras de emergencia" en la fachada. Te va a tomar al menos tres días mover todo este metal de aquí. Disfruta del encierro.
Aidan volvió a su coche, hizo rugir el motor una última vez y salió disparado, dejando el edificio de los Lennox convertido en un depósito de chatarra de lujo.
Dorian se giró hacia mí, temblando de rabia contenida. Sus empleados estaban en shock, mirando las toneladas de acero que nos rodeaban.
—Esto es culpa tuya, Iris —siseó Dorian—. Él hizo esto por ti.
—No, Dorian —le respondí, sintiendo una satisfacción increíble al ver su imperio bloqueado—. Él hizo esto porque tú trataste de encerrarme. Y si algo he aprendido de los Lennox, es que ninguno de los dos sabe jugar limpio.
Subí las escaleras mecánicas, dejando a Dorian gritando órdenes a sus secretarias. Por primera vez en días, sentí que la balanza se equilibraba. Aidan era un loco, un salvaje y un impulsivo, pero ese desastre de acero en la puerta era su forma de decirme que, aunque estuviera en la oficina de su hermano, él seguía siendo el que rompía las reglas.
Me senté en mi escritorio y, por primera vez, sonreí de verdad. La guerra en la ciudad acababa de volverse mucho más divertida.
Por qué esto funcionará en NovelToon:
Sabotaje Creativo: En lugar de