Es una historia de un matrimonio por contrato entre un CEO frío y una mujer que acepta casarse por necesidad. Lo que empieza como un acuerdo sin amor se convierte en una relación intensa donde ambos terminan enamorándose, pero deben enfrentar traiciones, separación y pérdida de memoria que ponen a prueba su relación.
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 2
🖤 Capítulo 2 — Una decisión sin amor
Elena no recordaba cómo había salido del edificio.
Solo sabía que, cuando volvió a respirar con normalidad, ya estaba afuera.
El aire de la calle golpeó su rostro con una crudeza que la hizo cerrar los ojos por un segundo. Era como si el mundo siguiera igual… mientras el suyo acababa de cambiar para siempre.
Apretó con fuerza la carpeta contra su pecho.
El contrato.
Su sentencia.
Sus manos temblaban.
No por miedo.
Sino por lo que acababa de hacer.
Dos años.
Dos años de su vida entregados a un hombre que ni siquiera la veía como persona.
Dos años fingiendo una felicidad que no existía.
Dos años… lejos de sus hermanas.
Ese pensamiento fue el que más dolió.
Caminó sin rumbo fijo por unos minutos, intentando ordenar sus ideas. Pero era imposible. Todo estaba mezclado: la frialdad de Leonardo, el peso de la firma, el dinero… y la imagen constante de Sofía y Luna.
Ellas no sabían nada.
Y no sabía cómo decírselos.
Subió al colectivo casi por inercia. Se sentó junto a la ventana, observando la ciudad pasar como una película borrosa.
Gente riendo.
Parejas caminando juntas.
Familias.
Todo lo que ella ya no podía permitirse.
Porque lo que acababa de aceptar… no era una vida.
Era un sacrificio.
Cuando llegó a su casa, el silencio la golpeó primero.
Pequeña.
Modesta.
Pero llena de recuerdos.
Ahí había vivido con sus padres.
Ahí habían sido felices.
Antes del accidente.
Antes de que todo se rompiera.
—¿Elena?
La voz de Sofía la sacó de sus pensamientos.
Su hermana apareció desde la cocina, con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
—¿Dónde estabas? No contestabas el teléfono.
Elena forzó una sonrisa.
—Tenía una entrevista.
—¿Otra más? —Sofía rodó los ojos—. ¿Y qué pasó ahora?
Elena dudó.
No podía decirlo así como así.
No podía soltarlo como si fuera cualquier cosa.
—Me ofrecieron un trabajo.
Eso hizo que Sofía levantara una ceja.
—¿Y esa cara?
Antes de que Elena respondiera, una pequeña figura apareció corriendo.
—¡Elena!
Luna se lanzó a sus brazos sin dudarlo.
Elena la abrazó con fuerza.
Demasiada.
Como si temiera que desapareciera.
—¿Me trajiste algo? —preguntó la niña, con esa inocencia que dolía.
Elena sonrió apenas.
—Siempre.
Sacó un pequeño chocolate de su bolso.
Nada grande.
Pero suficiente para hacerla feliz.
Luna sonrió como si fuera el mejor regalo del mundo.
Y eso… eso le rompió el corazón.
Porque en unos días, ya no iba a estar ahí para darle esas pequeñas cosas.
—¿Y el trabajo? —insistió Sofía, más seria ahora.
Elena la miró.
Y supo que no podía mentirle.
No completamente.
—Es… diferente.
—¿Diferente cómo?
Elena respiró hondo.
—Implica mudarme.
Silencio.
El ambiente cambió de inmediato.
—¿Qué? —Sofía dio un paso adelante—. ¿A dónde?
—A una casa… más grande.
—¿Y nosotras?
Ahí estaba la pregunta.
La que no quería responder.
La que más dolía.
Elena apretó los dedos contra la tela de su ropa.
—Van a estar bien.
—No te pregunté eso —la voz de Sofía se volvió más dura—. Pregunté si vamos con vos.
Elena bajó la mirada.
Y ese gesto fue suficiente.
—No… —susurró.
El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.
—¿Estás hablando en serio? —Sofía no podía creerlo—. ¿Nos vas a dejar?
—No las estoy dejando —respondió rápido—. Es por ustedes.
—¡Siempre es “por nosotras”! —Sofía alzó la voz—. ¿Y vos qué?
Luna miraba de una a otra, confundida.
—¿Elena se va?
Elena sintió un nudo en la garganta.
Se agachó frente a ella.
—Solo por un tiempo.
—¿Cuánto tiempo?
Dudó.
No quería decirlo.
Pero tampoco podía mentir.
—Dos años.
Luna frunció el ceño.
Como si no entendiera del todo.
Pero Sofía sí.
—Dos años… —repitió, en voz baja—. ¿Qué clase de trabajo es ese?
Elena no respondió de inmediato.
No podía decir “me voy a casar con un hombre que no me ama”.
No podía decir “voy a vivir como una extraña en mi propio matrimonio”.
No podía decir “voy a desaparecer de sus vidas… para salvarlas”.
—Uno que nos va a cambiar la vida —dijo finalmente.
Sofía negó con la cabeza.
—Esto no me gusta.
—A mí tampoco.
—Entonces no lo hagas.
Tan simple.
Tan imposible.
Elena sonrió con tristeza.
—Ojalá fuera tan fácil.
Sofía la miró fijamente.
Y en ese momento… entendió.
No todos los detalles.
Pero lo suficiente.
—No hay otra opción… ¿no?
Elena negó suavemente.
—No.
El silencio volvió.
Pesado.
Doloroso.
Real.
Luna abrazó a Elena otra vez.
—No te vayas…
Esa simple frase…
Fue la que casi la rompe.
Elena cerró los ojos con fuerza.
Pero no podía llorar.
No ahora.
No frente a ellas.
—Voy a seguir viniendo —mintió un poco—. Y van a estar bien. Se los prometo.
Sofía no dijo nada.
Pero su mirada lo decía todo.
No estaba de acuerdo.
No lo aceptaba.
Pero tampoco podía detenerla.
Porque en el fondo…
Sabía por qué lo hacía.
Esa noche, Elena no durmió.
Se quedó mirando el techo, escuchando la respiración tranquila de sus hermanas en la habitación contigua.
Memorizando cada sonido.
Cada detalle.
Porque sabía…
Que pronto, todo eso iba a desaparecer.
Y lo único que le quedaría…
Sería un contrato.
Un apellido que no sentía.
Y un hombre que no la iba a amar.