Melanie conoció a Brandon. Un hombre brillante, intenso, imposible de ignorar, se enamoró de él sin medir consecuencias. Él la miraba, la deseaba, la tenía… pero nunca la eligió. le daba un amor a cuotas largas
Porque hay amores que no se olvidan.
Y secretos que tarde o temprano tocan la puerta.
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capitulo 12
Dominic
La habitación olía a ella. A nosotros. Las sábanas estaban hechas un desastre, y los dos estábamos tirados en la cama, sin aire, con la piel pegada y el corazón todavía desbocado
No sé cuántas veces lo hicimos. Perdí la cuenta. Perdí la noción del tiempo. Perdí todo lo que no fuera ella
— No podemos seguir comiendo huevo todo el día a este ritmo de ejercicios
dijo de pronto, incorporándose sobre un codo
— uno de los dos terminará deshidratado y en emergencia
— si, a este ritmo vamos a morir de desnutrición. Y no quiero un secuestrado muerto. Se me arruina el plan
Se levantó. Fue hasta el armario. Revolvió entre unas cosas y sacó mi teléfono y las llaves del auto. Volvió a la cama y me los dejó caer sobre el pecho
— Toma. Vamos a comprar algo
Me quedé mirándola. Con el teléfono en una mano y las llaves en la otra
— Me estás devolviendo mis cosas?
— Te estoy dando permiso de salir
— Melanie, esto no funciona así. Si tengo el teléfono y las llaves, puedo irme
— Puedes. Pero no quieres
Se metió al baño sin esperar respuesta. La escuché abrir la ducha. Y yo me quedé ahí, con el teléfono en la mano, sintiendo el peso de la realidad volviendo de golpe.
Encendí la pantalla. Doce mensajes de mi madre. Cuatro de Roma. Tres de Marta, mi asistente. Todos preguntando lo mismo. Dónde estaba. Por qué no había ido a la junta. Si estaba bien
Respondí lo mínimo. Que estaba bien. Que había tenido un imprevisto. Que mañana me pondría al día
Mentiras. Todas mentiras. Pero era lo único que podía escribir
Dejé el teléfono en la cama. Y en lugar de irme, en lugar de vestirme y salir corriendo, caminé hacia el baño
Abrí la puerta. El vapor me golpeó en la cara. Y ahí estaba ella. Bajo el agua. Con el pelo mojado cayéndole por la espalda y la piel enrojecida por el calor
Se giró cuando me sintió. Y me miró con los ojos abiertos como platos
— Qué haces aquí? Pensé que te habías ido
— No me he ido
— pensé que huirias a la primera
Cerré la puerta detrás de mí
— No voy a huir por ahora
Le dije mirandola
— y no preguntes el por qué
Me metí con ella. Sin ropa. Sin prisa. La acorralé contra la pared, con las manos apoyadas a los lados de su cabeza. El agua caía sobre los dos. Y ella me miró con una sonrisa lenta que me desarmó por completo
— Brandon…
— No digas nada
La besé. Y esta vez no fue despacio. No fue cuidadoso. Fue con todo. Con las ganas que había estado aguantando. Con la rabia de saber que esto no podía durar. Con la desesperación de querer tenerla aunque fuera un rato más
La agarré de la cintura y la levanté. Ella me rodeó con las piernas. Y la penetré ahí mismo, contra la pared, bajo el agua, sin pensarlo dos veces
El baño se llenó de gemidos. De respiraciones cortadas. De mi nombre en su boca. De su nombre en la mía
La hice mía con todo el salvajismo que tenía guardado. Sin pausas. Sin cuidado. Y ella respondió igual. Con las uñas clavadas en mi espalda. Con los labios mordiéndome el cuello.
Cuando terminamos, los dos estábamos sin aire. Apoyados contra la pared, con el agua cayéndonos encima. La sostuve un momento más. Solo para sentirla. Solo para no soltarla todavía
— Eso fue…
empezó
— Lo sé, soy bueno en esto
— puff eres un feo, y no sabes. Fue…
— Qué?
— Increíble, me gustó este lado tuyo
Sonreí. Contra su cuello. Y nuevamente olvide todo que no fuera Melanie.
Salimos del baño. Nos secamos. Nos vestimos. Ella se puso unos jeans y una blusa. Yo me puse lo mismo del día anterior. Arrugado. Despeinado. Diferente
— Vamos?
dijo, tomando su bolso
— Vamos
Salimos de la casa. Subimos al auto. Y esta vez, cuando encendí el motor, no sentí que estuviera escapando. Sentí que estaba eligiendo
Manejé de vuelta a la ciudad. El paisaje cambió. Los árboles dieron paso a las calles. Y el silencio de la casa se convirtió en el ruido de siempre
Ella miraba por la ventana. Sin hablar. Y yo la miraba de reojo. Sin saber qué decir
Llegamos a su edificio. Estacioné frente a la entrada. Y nos quedamos ahí. Los dos. En silencio
— Esto es un adiós?
preguntó, sin mirarme
— No lo sé
— Quieres que lo sea?
— No
Se giró. Me miró. Con esos ojos verdes que me habían desarmado desde la primera noche
— Entonces no lo es
— Melanie, mi vida es complicada
— Ya lo sé. No me importa
Se inclino y me beso
— No puedes decir eso
— Puedo decir lo que quiera. Soy tu secuestradora
Sonreí. Sin querer. Sin poder evitarlo
— Nos vemos mañana?
preguntó
— No sé si pueda
— Y pasado?
— Melanie…
— El fin de semana?
Suspiré. Miré el volante. Luego a ella
— Te llamo
— Está bien, igual iré al club el sábado estés o no
— Cuidado con lo haces Melanie
Se inclinó. Me besó. Un beso corto. Dulce. Y se bajó del auto
La vi entrar al edificio. La vi desaparecer. Y me quedé ahí. Con el motor encendido y el corazón en la mano
No sabía qué iba a pasar. No sabía cómo iba a manejar todo. No sabía si podría, iba a ahora a mi vida rutinaria y no creo tener cabeza para pensar en otra cosa que no sea ella