El día de nuestra boda había llegado, ahora era la señora Lennox, a Travis Lennox no le importaba que su madre la gran señora Renata Lennox no me aceptara para ser la esposa de su único hijo, y el heredero del imperio INNÓVATE SOLUTIONS, heredado por su padre, pero para guardar toda apariencia quedó en acuerdo, la peor pesadilla que pude tener durante poco más de cinco años, después de que Travis tenía que irse al extranjero, ahí empezó mi verdadero calvario.
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Invitación
Los recién casados tuvieron que regresar, Kenda no pudo ocultar su sorpresa cuando la llevó a la mansión, el le había informado que vivirían en su casa.
— ¿Está es la casa qué decías? - preguntó sin poder dejar de mirar con asombro.
Travis la miró sin entender a qué se refería.
— ¿No te gustó? - preguntó extrañado.
— Llamarle casa es un insulto. - expresó la chica, es como un palacio.
Travis sonrió, pensó que no le había gustado.
— Es tuya desde ahora. - le anunció poniéndole un llavero en sus manos.
— ¿Mía? - respondió con los ojos bien abiertos.
Eso hizo reír de nuevo al hombre.
— Todo lo mío es tuyo de ahora en adelante.
Kenda arrugó el entrecejo mirando hasta donde le alcanzaba la vista.
— ¿Qué pasa? - ¿no te gustó la idea?
— No es eso. - miró de nuevo, estoy segura que no me alcanzará toda una semana para mantenerla ordenada. Me refiero a la limpieza.
Travis se echó a reír.
— ¿Y quien a dicho que te traje a limpiar? - la a trajo hacia él de la cintura. Para eso tengo gente que se encarga del mantenimiento de todo, tú eres la reina aquí y mía, tú solo tienes que ordenar para que te obedezcan.
En ese mismo instante, llegó el mayordomo con todas la servidumbre. El hombre se inclinó hacia ella, igual todas las mujeres del servicio.
— Señora Lennox, soy el mayordomo, ellas son el resto del personal, el jardinero pidió un permiso pero mañana lo haré que se presente con usted. Estamos todos para servirle en lo que necesite.
La joven sonrió sorprendida.
Travis la guió hasta el interior, mostrándole todo, Kenda no imaginaba que pudiera existir tanto lujo. Pero se distrajo cuando el teléfono de Travis empezó a timbrar.
Él al ver el identificador sonrió.
— Freya, ¿a que se debe el milagro? - se alejó un poco dejando a su esposa descubriendo lo que quisiera.
— Travis, acabo de hablar con madre y me dijo qué te habías casado.
— ¿Mamá te hablo? - se sorprendió ya que la relación entre ellas no era buena.
— Como estará de frustrada qué me habló para saber si yo estaba enterada. ¿Pero como es eso qué decidiste casarte?
— Me enamoré hermana, Kenda es una mujer excepcional.
— Mmm… es satisfactorio escuchar que la amas hermano. Todo está de lujo, Travis solo ten cuidado con madre, todos sabemos que tenía elegida a la estirada de Amara para que te casaras con ella, guardo silencio por unos segundos, después escucho una risa. — Ahora pagaría por ver sus caras. Otra cosa hermano, no dejes que interfiera en tu relación.
Pero la mecha ya había sido encendida, Renata estaba con la bilis en la lengua. Ella había hecho un trato con el abuelo de Amara desde que eran pequeños. No podía solo soltar y ya, eso no se lo iba a permitir. Esperó a saber cuando llegaban, había remplazado al jardinero por uno de sus hombres para que le informara todo lo que pasaba dentro de la mansión.
MANSIÓN MATRIARCA.
— Tengo que esperar unos días para ir a la mansión de Travis. - soltó de pronto.
Amara la observaba bebiendo un sorbo de su café que acababan de traerle.
— Deberías empezar a organizar una celebración a todo lo alto. - expresó Amara.
Renata se quedó en silencio por un segundo, después una sonrisa expresó su rostro.
— Buena idea. - la miró cómplice, Amara haz lo tuyo invitando a los socios y amigos con más prestigio. Vamos a ver qué hace esa don nadie delante de la verdadera sociedad. Las dos mujeres se echaron a reír cómplices.
Cuándo Travis recibió la invitación, de inmediato se dió cuenta lo que su madre pretendía, pero no iba a permitir que nadie humillara a su esposa. Kenda se le acercó sigilosamente.
— Te veo tenso, ¿pasa algo? - preguntó mirando el sobre que sostenía en su mano.
— Mamá hará una reunión y nos está invitando. - miró de nuevo el sobre. — No pienso asistir.
— ¿Lo haces por mí? - le preguntó sonriente. Creo que es hora de que nos conozcamos, no temas por mí, nunca haz conocido mi lado oscuro. - le dijo a modo de broma cubriéndose la boca.
Travis también sonrió.
— ¿Estás segura? - tomó sus manos inseguro.
— Algún día tendremos que estar frente a frente. - levantó los hombros, también ella imaginaba lo que pretendía su suegra.
— Por supuesto. - exhaló él mas calmado. Me toca llevarte de compras.
— ¿Necesitamos hacerlo? - inquirió con un leve gesto.
— Ese día sabrás porque debemos hacerlo. - le hizo una pequeña caricia en la nariz. Bienvenida a mi mundo de caretas.
Kenda sintió escalofríos, no sabía lo que le esperaba pero no se echaría para atrás.
Travis llevó a su mujer al centro comercial más distinguido de New York, aprovechando que Kenda estaba con él, surtió su guardarropa con prendas de todo tipo, zapatillas y joyas, aún con las oposiciones de la chica. Máximo cuándo registró la compra, y ver todo lo que pagó.
— No era necesario que gastaras por mi, con solo el vestido que me compraste era suficiente.
Él le sostuvo la barbilla.
— Ahora eres la señora Lennox. - aclaró rodeando su cintura. Abra ocasiones en que tendrás que acompañarme en reuniones con mis socios.
La chica entendió ahora su mundo giraba alrededor de su esposo, le gustara o no. Le dio un asentamiento con la cabeza.
— Trataré de estar a tu altura. - reiteró la joven.
— No será necesario que cambies, me enamoré de tu esencia, de tu sonrisa, no quiero que cambies nunca. - le besó los labios antes de arrancar su auto.
El día había llegado, Kenda ahora no se sentía tan segura, lo que más temía era hacer quedar mal a Travis, había estado practicado como comportarse ante la alta sociedad, pero ahora los nervios le estaban haciendo pasar por un mal rato. Inhaló fuerte antes de bajar después de hacerse maquillado levemente, ya que no acostumbraba hacerlo. Pero cuando llegó hasta donde la esperaba Travis el quedó boca abierta.
— ¿Que pasa? - preguntó al verlo con sus ojos puestos sobre su figura.
— Te ves divina, simplemente hermosa toda tú. - la recibió en el último escalón tomando su mano. Tengo la esposa más resplandeciente de todo Manhattan.
— Eres un adulador.
Es la verdad bebé, hoy te ves como si fueras a una alfombra roja. - le ofreció su brazo para partir hacia una caldera. A la mansión de su madre.
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