Arabella murió quemando el manicomio donde la tenían encerrada y despertó en el cuerpo de una damisela que intentó envenenarse para no casarse con el temible Duque de Eisen.
Ahora, entre un matrimonio explosivo, una guerra en puerta y su obsesión con el fuego, Arabella demostrará que con ella nadie juega... o terminará ardiendo.
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Capitulo:02
ARABELLA:
Comienzo a mover mis caderas lentamente mientras comienzo a quitarme toda esta ropa ¿Quién hace esto con este mata pasión?
El hombre bajo de mí intenta moverse, pero aprieto mis piernas y comienzo a mover más caderas acariciando mis senos con deleite.
El dolor de garganta me quema por el maldito veneno, pero la adrenalina que me corre por las venas es pura gloria y el dolor provoca que me caliente más.
Observo al temible Duque de Eisen atrapado debajo de mí, aplastado contra el colchón mientras me mira con una mezcla de desconcierto y furia... En el campo de batalla será un monstruo, pero en esta cama mando yo.
—¿Te volviste loca?
Gruñe intentando zafarse de mi agarre.
Suelto una carcajada ronca que me raspa el cuello, pero me da igual.
—Un poco tarde para notar eso mi amor.
Sin darle tiempo a reaccionar, me hundo sobre él de golpe cortándole la respiración en un segundo.
Clavo mis uñas en su pecho lleno de cicatrices y marco el ritmo a mi antojo: rápido, profundo y violento. Es una delicia ver cómo el implacable señor de la guerra pierde el control por completo y se entrega al placer.
Él afloja la resistencia y se rinde al ritmo frenético.
Sus manos terminan sujetándome las caderas con fuerza, respondiendo a cada embestida hasta que los dos colapsamos en un gemido compartido que retumba en las paredes de la habitación.
Me dejo caer sobre su pecho agitado victoriosa, disfrutando el calor de su piel hasta que un golpe seco en la puerta arruina mi momento.
—¡Mi señor!
Grita un mensajero desde el pasillo.
—¡Los rebeldes cruzaron la frontera! Debe marchar a la guerra de inmediato.
El duque hace ademán de levantarse para ponerse la armadura, pero lo empujo de vuelta contra la cama sin pensarlo dos veces.
—¿Irte a la guerra tan rápido?
Le sonrío pasándome la lengua por los labios.
—Negativo... Acabo de encontrar un juguete divertido y no voy a dejar que te maten tan fácil.
El duque arruga el ceño.
—Es mi deber.
Dice tratando de sonar firme, aunque veo la sorpresa en sus ojos por mis palabras.
—Tu único deber ahora es entretenerme a mí y darme la mejor noche de bodas.
Le susurro al oído clavándole la mirada más desquiciada que tengo.
—Así que corres a ese soldado, o bajo yo misma a prenderle fuego a toda la mansión.
El duque me mira fijamente, procesando si lo que dice la supuesta chica delicada y llorona que lo está amanezando. Pero al ver la chispa peligrosa que brilla en mis ojos, nota que no estoy jugando.
Su pecho sube y baja con pesadez, indeciso entre la disciplina militar y la tentación demencial que tiene encima.
—Espere afuera.
Ordena él al fin con voz retumbante, sin quitarme la mirada de encima.
— Prepárense, pero no me moveré hasta dar la instrucción directa.
—¡Sí, mi señor!
De manera apresurada se escucha del otro lado antes de que los pasos del guardia se alejen por el pasillo y
sonrío complacida, acariciándole el mentón marcado.
—Buena mascota.
Murmuro con burla y complacida.
—No soy el juguete de nadie mi lady.
Resopla sujetándome las muñecas con fuerza, pero sin hacerme daño, atrapándome sobre su torso.
—Y menos de una mujer que hasta hace una hora ni me dirigía la palabra y me ¿Qué demonios te pasó? ¿Todo fue un trampa?
—No, me morí y resucité con ganas de diversión.
Respondo sin rodeos inclinándome hasta que mi aliento roza sus labios.
—La verdadera Arabella era una aburrida que prefirió beber veneno antes de tocarte o que la tocaras... Yo no, yo prefiero quemar el mundo si me aburro, además tiene todo lo que me gusta en un hombre.
Deslizo una de mis manos libres hacia la mesa de noche, donde una pequeña vela aún ilumina la penumbra de la habitación.
Tomo la llama con los dedos desnudos, sintiendo el calor rozar mi piel sin que me importe el ardor, e inclino la mecha peligrosamente cerca de las pesadas cortinas de seda.
—Así que piénsalo bien, mi duque.
Sonrío con frialdad mientras la tela empieza a soltar un hilo de humo negro.
—O te quedas aquí y me demuestras que sabes luchar de verdad en esta cama, o te aseguro que este castillo se convierte en mi primera víctima.
El duque abre los ojos con verdadero asombro al ver la tela empezar a arder y en un movimiento rápido, extiende la mano, sofoca el fuego con la manta y me sujeta la cintura, estampándome contra el colchón y quedando él arriba esta vez.
—Estás completamente loca.
Dice con una sonrisa oscura y de su boca salen unos colmillos de depredador.
—Te advierto que apenas estoy calentando motores.
Le respondo enredando mis piernas en su cadera.
Bienvenidos a esta nueva entrega, si les gustan no olviden dejar sus comentarios y disfrutemos juntos de esta loquilla que acaba de despertar en un nuevo cuerpo.
los dos son igual de locos y calientes posesivos me encanta
🤣😍😍😍😍
Con eso confirma la lealtad de su esposa 😅