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La Heredera Del Tiempo

La Heredera Del Tiempo

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Romance / Viaje En El Tiempo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: pitufina

El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.

NovelToon tiene autorización de pitufina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la Heredera despierta

Serafine continuaba mirando el falso anillo.

Había algo que no encajaba.

La caja sagrada solo podía ser abierta por cuatro personas.

Ella.

Su esposo.

Kael.

Y Kiam.

Nadie más.

Ni siquiera los miembros más antiguos de la corte podían acceder a ella.

Entonces, ¿cómo había desaparecido el anillo verdadero?

La reina levantó la mirada hacia Avelina.

—Dígame, señorita Parker, ¿por qué su solicitud de audiencia estaba relacionada con plantas?

Avelina pareció recordar entonces el verdadero motivo de su visita.

—Oh, sí.

Abrió su bolso y sacó el diario.

Serafine lo tomó con cuidado.

Solo había una página escrita.

La reina la leyó lentamente.

Su expresión pasó de curiosidad a desconcierto.

—¿Esto es todo?

—Al parecer, le puse un hechizo de éxtasis.

—¿Éxtasis?

—Un encantamiento que hará que el contenido aparezca progresivamente.

Serafine volvió a mirar el diario.

—¿Y qué información espera encontrar?

—No lo sé.

Avelina suspiró.

—Yo misma lo escribí, pero mi versión futura decidió ocultarme parte de la información.

La reina permaneció pensativa.

Finalmente señaló una frase.

—El virus.

—Sí.

—No es un virus.

Avelina se inclinó hacia ella.

—¿Entonces qué es?

—Polen.

Serafine apoyó un dedo sobre la página.

—El polen de la Polilla Azul.

Avelina abrió mucho los ojos.

—¿La flor?

—Exactamente.

Serafine se recostó en la silla.

—Mis antepasados utilizaban esas flores cuando querían exterminar alguna plaga que se infiltraba en nuestros bosques.

—¿Cómo?

—Las colocaban en el agua.

Avelina sintió un escalofrío.

—¿Y el polen?

—Es tóxico para determinados animales pequeños.

La joven se quedó completamente quieta.

—Entonces alguien robará las plantas.

Serafine asintió.

—Y las colocará en el manantial sagrado de las hadas.

Avelina se levantó de inmediato.

—Tenemos que advertirles.

—No nos escucharán.

—¿Por qué?

—Las hadas son escépticas con los brujos y los vampiros.

Serafine hizo una pausa.

—Su pueblo solo mantiene una relación verdaderamente estrecha con los elfos.

—Porque ambos protegen la naturaleza.

—Exactamente.

Avelina apretó los labios.

—Entonces debemos hablar con algún elfo.

—Sí.

—Pero tendría que explicar por qué sospecho.

Serafine entendió inmediatamente.

—Y eso implicaría explicar la existencia de Lyra.

Avelina bajó la mirada.

—No puedo exponerla.

Serafine permaneció unos segundos en silencio.

Luego sonrió.

—No necesariamente.

Avelina levantó la cabeza.

—¿Qué quiere decir?

—Podemos decir que sabemos que alguien está robando plantas de nuestros territorios.

La reina tomó el diario.

—Advertiremos a los elfos sobre los efectos secundarios de la planta.

—Pero estaríamos mintiendo.

—Sí.

La sonrisa de Serafine se hizo más amplia.

—Por mi nieta, estoy dispuesta a hacerlo.

Avelina la miró sorprendida.

No esperaba que aquella mujer llegara tan lejos por una niña que acababa de conocer.

—Gracias.

—No me agradezcas todavía.

Serafine se puso de pie.

—Primero debemos descubrir si realmente están robando las plantas.

—¿Existe alguna manera de saberlo?

—Sí.

La reina comenzó a caminar.

—Ven conmigo.

Lyra, que había terminado su segundo pastelito, se levantó inmediatamente.

—¿Adónde vamos?

Serafine sonrió.

—A dar un paseo.

---

El camino de piedra se internaba lentamente en el bosque.

Avelina caminaba detrás de Serafine mientras Lyra iba entre ambas.

La pequeña miraba todo maravillada.

Había mariposas.

Colibríes.

Pequeños animales que jamás había visto.

Finalmente llegaron a una fuente natural.

Estaba rodeada de flores.

Serafine señaló el agua.

—Si se mezcla con ella, el polen puede volverse tóxico para determinadas criaturas.

Lyra se inclinó.

—¿Y así no?

—Así no.

Serafine sonrió.

—En su estado natural, las flores son una fuente de alimento perfecta para muchos animales.

Avelina observó el lugar.

Era precioso.

Las hojas verdes cubrían las piedras.

Las enredaderas trepaban por los árboles.

Y entre ellas crecían unas pequeñas campanillas de color azul eléctrico.

Sus pétalos tenían diminutos puntos negros.

Cuando las flores se cerraban, parecían pequeñas polillas.

—Son hermosas.

—Y peligrosas si se utilizan incorrectamente.

Avelina asintió.

Ninguna tocó las flores.

Recorrieron el lugar durante varios minutos.

Con permiso de Serafine, Avelina comenzó a colocar pequeños hechizos de detección.

Uno.

Dos.

Tres.

Finalmente completó el perímetro.

—Si alguien entra en un radio de veinte metros, lo sabremos.

Serafine asintió.

—Perfecto.

—¿Y las hadas?

—Hablaré con el líder de los elfos.

Serafine sacó una pequeña piedra rúnica.

—Le entregaré esto.

—¿Qué hace?

—Si alguien contamina el manantial, la piedra reaccionará.

Avelina respiró tranquila.

Por primera vez desde que había leído aquella página del diario, sentía que podía hacer algo para cambiar el futuro.

Quizás aquello fuera suficiente.

Quizás podían salvarlas.

Quizás...

---

La noche comenzó a caer.

Las tres regresaron hacia el castillo.

Lyra caminaba tomada de la mano de Serafine.

—Abuelita...

Serafine sonrió.

—Recuerda.

Se inclinó hacia ella.

—Nadie puede saber todavía que soy tu abuela.

Lyra puso un dedo sobre sus labios.

—Nuestro secreto.

—Nuestro secreto.

Avelina las observó.

Aquella escena le provocó una sonrisa.

Por primera vez, podía imaginar a Lyra creciendo rodeada de una familia.

Una familia que no había podido conocer en el futuro.

Entonces escuchó una voz.

—¿Qué demonios haces tú con mi señora?

Avelina se quedó inmóvil.

Conocía esa voz.

Se giró lentamente.

Savvana caminaba hacia ellas.

Sus ojos estaban llenos de rabia.

—Cuide sus modales, jovencita —ordenó Serafine.

Savvana se detuvo.

—Pero mi señora...

Señaló a Avelina.

—Por culpa de esta bruja me echaron del instituto.

Avelina dio un paso adelante.

—Te echaron por lo que dijiste sobre mi madre.

La miró directamente.

—No me culpes por las consecuencias de tus propias acciones.

Savvana apretó los dientes.

—Tú...

Su mano se levantó.

—¡Savvana!

Demasiado tarde.

Un ataque cortante salió disparado.

Avelina reaccionó por instinto.

—¡Protego!

Un escudo apareció frente a ella y Lyra.

El ataque chocó contra la barrera.

—¿Acaso eres ciega?

Avelina avanzó.

—¡Hay una niña!

Extendió la mano.

Un rayo salió disparado.

Impactó directamente contra el pecho de Savvana.

La vampiresa cayó varios pasos hacia atrás.

—¡Te mataré!

Savvana volvió a levantarse.

Sus manos comenzaron a cubrirse de una bruma verde.

—Las dos van a pagar por la humillación que me hiciste sufrir delante de Kael.

La nube comenzó a extenderse.

Serafine dio un paso.

—¡Detente!

Pero Savvana ya no escuchaba.

Avelina abrazó a Lyra.

—No te muevas.

—Mami...

—Quédate detrás de mí.

La nube verde avanzó.

Serafine estaba a punto de interponerse.

Pero entonces...

Lyra salió de detrás de Avelina.

—No.

Avelina abrió los ojos.

—Lyra, vuelve aquí.

La niña miró a Savvana.

Sus pequeños puños estaban cerrados.

—No le digas esas cosas feas a mi mamá.

El brazalete comenzó a vibrar.

—Lyra...

Una grieta apareció sobre la piedra.

Luego otra.

Y otra.

Hasta que...

¡CRACK!

El brazalete explotó.

La magia que ocultaba su verdadera naturaleza desapareció.

Los cabellos negros de Lyra adquirieron reflejos rojos.

Uno de sus ojos continuó siendo verde esmeralda.

El otro se volvió rojo como la sangre.

Dos pequeños colmillos aparecieron entre sus labios.

Avelina quedó paralizada.

—Lyra...

La pequeña levantó una mano.

La nube verde se detuvo.

Completamente.

Luego comenzó a congelarse.

La bruma quedó suspendida en el aire como si el tiempo se hubiera detenido.

Savvana sintió que sus piernas dejaban de responder.

Cayó de rodillas.

Todos los guardias y sirvientes que habían salido del castillo quedaron inmóviles.

Nadie podía hablar.

Nadie podía moverse.

La energía que emanaba de aquella pequeña niña era simplemente aterradora.

Serafine contemplaba la escena.

Y una sonrisa orgullosa apareció lentamente en su rostro.

—Digna hija de mi hijo.

Avelina miraba a su hija sin comprender.

—¿Qué eres...?

Lyra volvió la cabeza.

—Soy Lyra.

Como si aquello explicara absolutamente todo.

Entonces...

¡BOOOOM!

Un estruendo sacudió el cielo.

Todos levantaron la mirada.

Una enorme criatura descendía entre las nubes.

Sus alas negras cortaron el aire.

Pegaso.

El corcel vampírico descendió como una tormenta.

Aterrizó entre Savvana y Lyra.

Sus ojos estaban clavados en la vampiresa.

Savvana intentó retroceder.

—No...

Pegaso relinchó.

Se levantó sobre sus patas traseras.

Y descargó ambas patas delanteras contra el rostro de Savvana.

La mujer salió despedida.

—¡Pegaso!

Lyra corrió hacia él.

El animal bajó inmediatamente la cabeza.

La niña lo abrazó.

—¿Viniste a defenderme?

Pegaso soltó un suave resoplido.

Lyra comenzó a reír.

—¿Y a mi mami también?

El corcel volvió a resoplar.

Avelina no podía creerlo.

Serafine tampoco.

—Eso sí que no lo esperaba.

La reina observó al animal.

—Ese pegaso solamente reconoce a Kael como dueño.

Avelina sonrió.

—Parece que ahora tiene una nueva dueña.

Lyra volvió a reír cuando Pegaso le revolvió el cabello con el aire de sus fosas nasales.

Pero a varios metros de distancia...

Savvana intentaba ponerse de pie.

No podía.

Su cuerpo entero temblaba.

Levantó lentamente la cabeza.

Y entonces vio a Lyra.

Ya no veía a una niña.

Veía sus ojos.

Sus colmillos.

Su sangre.

Su poder.

La verdad golpeó su mente.

Había atacado a una niña perteneciente a la familia real.

Y no a cualquier miembro.

A la hija de alguno de los príncipes.

La nieta de Serafine.

La futura heredera.

Savvana tragó saliva.

—No...

Miró a la reina.

Luego a Aveline.

Y finalmente a Lyra.

Comprendió que había cometido el peor error de su vida.

Porque si la corte descubría lo que acababa de hacer...

Antes del amanecer, su cabeza podía terminar clavada en una pica.

Y, por primera vez desde que conocía a Avelina Parker...

Savvana sintió verdadero miedo.

1
patry
maravilloso 🥰 me encantó estos capítulo
patry 🌹
wowww que increíble capítulos mil gracias
patry
excelente narrativo me encantó como comenzó la historia
patry
como siempre ya me tiene atrapada querida autora muchos éxitos
Yanet Cristina Vilugron Salazar
interesante
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