NovelToon NovelToon
Prisionero del amor más oscuro

Prisionero del amor más oscuro

Status: Terminada
Genre:CEO / Posesivo / Maltrato Emocional / Completas
Popularitas:8.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Sofía Marquez

Santiago Reyes tiene veinte años, estudia literatura en la UNAM y no le debe nada a nadie. Hasta que León Villanueva —CEO de uno de los grupos empresariales más poderosos de México— decide que Santiago le pertenece.
Lo que comienza como una seducción imposible de rechazar se transforma en una pesadilla: una mansión cerrada con llave, cámaras en cada esquina y un hombre que dice "te amo" mientras le quita la libertad.
Santiago intenta escapar. Una vez. Dos. Tres. Cuatro. Cinco.
Cada intento fracasa. Cada castigo es peor que el anterior. Pero Santiago no se rinde.
Hasta que un día, León abre la puerta.
Y Santiago descubre que lo más aterrador no es estar encerrado con un monstruo.
Es darse cuenta de que el monstruo ha aprendido a amarte de verdad.

NovelToon tiene autorización de Sofía Marquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14: Tercer intento

Y una puerta, si se abría en el momento correcto, podía volver a ser una salida.

Santiago tardó una semana en conseguir que esa puerta existiera.

No pidió demasiado rápido. No pidió dos veces seguidas. No miró el portón cuando caminaba por el jardín. Aceptó el té, comió un poco más, llenó dos páginas de sus cuadernos con frases sin sentido que León no se atrevió a leer aunque se moría por hacerlo.

La máscara funcionó mejor de lo que Santiago esperaba.

Funcionó porque León quería creer.

Una tarde, después de verlo caminar diez minutos sin temblar, León dijo:

—Mañana puedes salir al jardín sin Don Tomás pegado a ti. Él estará cerca.

Santiago no levantó la vista demasiado rápido.

—¿Solo?

—En el jardín —aclaró León—. No fuera.

—Lo sé.

León pareció aliviarse con esa respuesta plana.

—Quiero que vuelvas a sentirte... menos encerrado.

Santiago pasó una página del cuaderno.

—Sigo encerrado.

La frase le dolió. Se notó en la forma en que León bajó la mirada.

—Estoy intentando.

Santiago no dijo que intentar no era abrir la puerta.

Al día siguiente, Don Tomás lo acompañó hasta el jardín y se quedó bajo la sombra de la terraza. El guardia permaneció junto a la puerta de cristal, pero más relajado que otras veces. Santiago caminó despacio, con el cuaderno bajo el brazo, contando respiraciones para no correr antes de tiempo.

El jardinero abrió la toma lateral a las once veinte.

El cuarto de herramientas quedó sin llave durante tres minutos.

Don Tomás recibió una llamada en el teléfono de la casa.

El guardia miró hacia la terraza.

Tres descuidos pequeños.

Juntos, una grieta.

Santiago se agachó junto a los arbustos, fingiendo que se le había caído el lápiz. Metió la mano entre las hojas y sacó la llave del cuarto de herramientas que había visto al jardinero esconder bajo una maceta dos días antes.

El metal le pareció caliente contra la palma.

No corrió.

Abrió el cuarto, entró y cerró detrás de sí sin hacer ruido. Olía a tierra, fertilizante y hierro. Había rastrillos, mangueras, guantes, una escalera plegable y una puerta angosta al fondo, casi oculta por costales de tierra.

Santiago empujó los costales con el hombro.

La puerta estaba cerrada con un pasador simple.

No electrónica.

No elegante.

Humana.

Lo levantó.

El corazón le golpeó tan fuerte que pensó que Don Tomás iba a escucharlo desde la terraza.

La puerta daba a un pasillo estrecho entre el muro exterior y la casa vecina. No era una salida directa a la calle, pero conducía hacia la zona donde el jardinero sacaba basura vegetal. Santiago se metió de lado, raspándose la camisa contra la pared, y avanzó sin mirar atrás.

El pasillo terminaba en una reja baja.

Demasiado baja para los estándares de León.

Demasiado alta para alguien con el tobillo todavía débil.

Santiago trepó igual.

La marca de la cadena le ardió cuando apoyó el pie. La rodilla le tembló. Se impulsó con los brazos y cayó del otro lado sobre una franja de pasto seco.

No estaba en la calle principal.

Estaba en un callejón de servicio.

Pero del callejón se veía una avenida.

Y en la avenida pasaban personas.

Santiago empezó a correr.

Esta vez no gritó de inmediato. Había aprendido que gritar hacía que la gente mirara y luego decidiera no meterse. Necesitaba llegar a alguien antes de parecer un problema ajeno.

Un repartidor en motocicleta se detuvo en la esquina para revisar el celular.

Santiago fue directo hacia él.

—Por favor —dijo, sin aliento—. Necesito llamar a alguien.

El repartidor levantó la vista, confundido.

—¿Está bien?

Santiago casi se rio.

—No. Préstame tu teléfono. Es una emergencia.

El muchacho dudó.

Esa duda bastó para que el sonido de una camioneta frenando detrás de ellos le cortara la sangre.

—Señor Santiago —dijo una voz conocida.

No León.

Uno de sus hombres.

Santiago agarró el brazo del repartidor.

—Llame a la policía.

El repartidor miró al hombre de traje, luego a Santiago, luego a la camioneta. La ciudad entera pareció ponerse en pausa dentro de sus ojos.

—Es un asunto familiar —dijo el hombre, tranquilo—. Está enfermo.

—No es cierto —dijo Santiago—. Me tienen encerrado.

El repartidor retrocedió medio paso.

El miedo ajeno es rápido cuando lleva uniforme caro enfrente.

Santiago soltó su brazo y corrió otra vez.

Llegó a la avenida. Tocó el cofre de un carro detenido en el semáforo. La mujer al volante abrió los ojos, asustada, y subió el vidrio.

—¡Por favor!

El semáforo cambió.

El carro se fue.

Santiago sintió una risa quebrada subirle por la garganta. Ni siquiera tuvo tiempo de sacarla. La camioneta se atravesó frente a él, y esta vez los hombres no le pidieron permiso al espacio.

Lo sujetaron.

—¡Suéltenme!

—No se lastime más.

—¡Suéltenme!

No había León a la vista. Eso fue peor por un instante: ser devuelto como un paquete, sin que el carcelero tuviera que ensuciarse las manos.

Pero cuando la camioneta entró al portón de Pedregal, León estaba en la entrada.

No pálido de furia como la vez anterior.

Quieto.

Demasiado quieto.

Santiago bajó empujado por uno de los hombres y se enderezó antes de que León pudiera verlo flaquear. Tenía la camisa sucia de tierra, una rodilla raspada y las manos llenas de polvo.

León lo miró de arriba abajo.

—Te di libertad.

Santiago sintió que algo se rompía en su cara, pero no era miedo. Era incredulidad.

—¿Libertad?

León señaló el jardín con una mano rígida.

—Te dejé caminar. Te dejé escribir. Te dejé respirar.

—Me dejaste respirar dentro de tus muros.

—Y aun así me mentiste.

Santiago dio un paso hacia él, aunque los guardias se tensaron.

—¿Tú vas a hablarme de mentiras?

León apretó la mandíbula.

—Pensé que estabas mejor.

—Estaba actuando.

La frase lo golpeó con más fuerza que cualquier insulto.

Santiago lo vio en sus ojos: León había confundido cada cucharada, cada caminata, cada silencio con una puerta hacia el perdón. Y ahora descubría que todo había sido una cuerda para salir.

—Te di libertad y tú... —La voz de León se quebró, pero se endureció enseguida—. Tú solo estabas esperando otra oportunidad para irte.

—Sí.

León lo miró como si esa sílaba le hubiera abierto el pecho.

—¿Aunque te hicieras daño?

—Aunque me hiciera daño.

—¿Aunque no supieras a dónde ir?

—Cualquier lugar fuera de aquí es mejor que contigo.

Don Tomás apareció detrás de León. Vio la tierra en la ropa de Santiago, la rodilla raspada, la respiración rápida. No dijo nada.

León tampoco, durante varios segundos.

Cuando habló, su voz ya no temblaba.

—A partir de hoy, no hay jardín.

Santiago soltó aire por la nariz.

—Claro. Esa era tu libertad.

—No hay cuadernos.

El golpe fue más preciso. Santiago no dejó que se notara.

—Quédate también con las paredes. Así no las uso para escaparme.

León se acercó.

Santiago sostuvo el lugar.

—No voy a mandarte al sótano —dijo León, bajo.

—¿Esperas que te agradezca?

—Espero que entiendas que todavía estoy intentando no hacerte más daño.

Santiago miró sus propias manos sucias.

—Entonces abre la puerta.

León cerró los ojos.

La respuesta ya estaba ahí antes de que la dijera.

—No.

Santiago sonrió apenas. No de alegría. De confirmación.

—Entonces deja de fingir.

León dio la orden sin mirarlo:

—Llévenlo a su habitación. Y retiren todo lo que pueda usar para forzar cerraduras, ventanas o puertas.

Los hombres lo sujetaron otra vez.

Santiago no forcejeó.

La máscara ya no servía.

Mientras lo llevaban por las escaleras, vio a Don Tomás recoger del jardín el cuaderno que se le había caído. El mayordomo lo sostuvo contra el pecho un segundo, como si fuera algo frágil, y luego bajó la mirada.

Santiago entendió el mensaje sin palabras.

Don Tomás no iba a salvarlo.

Pero había visto.

Y a veces, en una casa construida para negar lo evidente, que alguien viera ya era una grieta.

1
LUANA
excelente
AralckShaira
Ay se me salen las lagrmitas solas😭😭😭😭
AralckShaira
Ufff que frases tan brillantes
AralckShaira
Ay caramba lloreee😭😭
AralckShaira
Para mí es una historia muy bien contada, fresca, distinta con un tema relativamente normal pero que talvez no se cuenta así, como lo está contando la artista de la pluma, excelente trabajo
AralckShaira
Está historia no me gusta.... Me fascina
AralckShaira
Que historia!!!!!
AralckShaira
Uffff estoy reconectada, me superencanta
AralckShaira
Estoy enamorada 🤭
AralckShaira
Un cliché muy bien presentado
AralckShaira
Excelente
AralckShaira
Me gusta te estilo, prome tu historia 🥰
Amy Katin
😭 pobre de Santiago, espero que pueda volver a sentirse vivo.
AralckShaira: El ser humano es otra cosa
total 1 replies
ISABELRUIZDIAZ[BETA]😈🖤
Buenos días Te quería decir que ahora encontré tu trabajo y este capítulo me lo voy a guardar para leer más tarde no te frustres ni te enojes Si es que todavía no consigues apoyo en esta aplicación pero en cualquier momento tu historia va a ser descubierto y vas a conseguir muchos seguidores así que por favor si quieres seguir publicando más capítulos si es que se puede está muy buena por lo que veo y nada Gracias esperemos más de tus ingeniosas ideas Saludos a usted😈
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play