Cuándo enfermó Victoria Cornell, no le importaba la enfermedad tanto como dejar a su pequeña sola. La única familia que tenían estaba lejos y eran algunos parientes lejanos. El hermano mayor de su esposo no lo conocía lo suficiente para dejar a su hija a su cuidado, el también tenía una hija de la misma edad que la pequeña Kayla, Victoria tenía cancer terminal no le daban buenas noticias, ya no tenía fuerzas tenía que dejar a su hija en un orfanato, toda su fortuna la dejó en un fideicomiso que podía usar hasta cumplir la mayoría de edad. La fortuna que su esposo había dejado la tenía en inversiones que manejaba ella misma pero ya no podía, así que hizo un testamento sin saber que sería la condena para su propia hija. Pues su cuñado la reclamó cuando ella murió, las autoridades dejaron como única persona de contacto para hacerse cargo de la niña que apenas cumpliría cinco años. A el varón.
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Nunca más
— Te estoy diciendo que este es el hotel que yo misma ayude a Serena a reservar, tengo el comprobante. - alegaba Charlotte al varón.
— No se que está pasando. - se quejó la mujer desconcertada.
— Aquí dicen que no hay ninguna mujer con esas características.
— Theodore algo pasa, tengo un presentimiento. - admitió con miedo, no he podido hablar con ella. Eran solamente mensajes que contestaba.
Se quedaron tres días más, habían dado parte a la policía, los mismos hicieron averiguaciones, y lo único que encontraron, fue que la mujer que buscaban había salido del país hacia un mes.
— ¿Pero porqué no nos contacta? - irrumpió Charlotte, conozco a Serena es una chica mimada que sola se tropieza con su misma sombra. - admitió su madre, haciendo que el hombre también empezara a ver el problema como lo veía su mujer.
— Vámonos de regreso. - admitió que tenía miedo que de verdad alguien se atreviera hacerle daño a su hija.
MIENTRAS TANTO.
Marina había recibido la orden del mismo Corbin de cambiar las pertenencias de Kayla a su dormitorio. le ayudaba una de las chicas que el mafioso había contratado primero, para que estuviera al lado de su esposa.
Marina estaba feliz, por fin esa chiquilla estaba a salvo con alguien que no permitiría que le hicieran ningún daño nuevamente.
Marina había escuchado decir a su jefe que el haría pagar al varón, y estaba dispuesta a verlos sufriendo tal y como lo habían hecho con la pequeña. Por lo pronto sabía que a la pretenciosa chica de la hija, ya estaba pagando un poco. Pero deseaba ver con sus propios ojos como se consumían el varón y la Charlotte.
Otro día había pasado, y deseaba Serena sus padres no tenían la menor idea de dónde estaba.
— Vamos a la mansión de Walker, - decidió Theodore sin querer esperar más, la duda le estaba taladrando la cabeza.
— ¿Tú crees que tuvo algo que ver? - dudó la mujer.
— No lo sé ya tiene lo que acordamos.
— Y sí descubrió que no era nuestra hija.
— Pues ya la debe haber matado. El desgraciado por eso me llevó a la quiebra. - asumió sin quitar el dedo del renglón.
— Vamos a la mansión ahora mismo voy a saber que más quiere ya no tengo nada. Quiero a mi hija.
Charlotte asintió, salió quitándole las llaves del auto. Pues andaba con unas copas encima. Y era mejor arreglar las cosas.
MANSIÓN WALKER.
Kayla se había quedado con la terapeuta en la sala de espera, Corbin había salido con dos de los mörders y Nico a ver algunos proyectos le había dicho que tardaba menos de dos horas. Y ya se habían pasado y no aparecía.
La terapeuta terminó su turno, dejando solo a la chica, pues Marina estaba cambiando sus pertenencias a la habitación de su esposo.
Tomó una revista empezándola a ojear, escuchó que había alguien en la puerta, pero antes de abrir, una de las chicas se adelantó.
— Señora yo abriré, le dejé una malteada en la encimera de la cocina, es su preferida.
La chica le sonrió asintiendo. Yéndose directamente a la cocina. Pero se congeló al escuchar las voces de sus pesadillas. Eran….
— Mira quien está rebosando de vida. - le dijo Charlotte al verla con una sonrisa burlándose.
— No cabe que corriste con suerte mocosa huérfana. - repitió las palabras que tantas veces escuchó de ella.
— Yo no …
— Qué haces ahí parada idiota llama al señor de la casa.
— Yo no soy la sirvienta yo …
La joven que salió corrió a la cocina llamando rápidamente a Corbin, avisándole lo que sucedía.
— ¡Qué no escuchaste a mi esposa mocosa inútil! Llámale ahora mismo.
Pero presa del pánico Kayla se quedó inmóvil.
— ¡Estúpida te voy a enseñar a obedecerme! - levantó la mano para golpearla.
La chica cerró los ojos.
Un disparo salió de la pistola de Corbin atravesándole la mano.
El grito de dolor del sujeto se escuchó haciendo eco en la estancia.
— No te vuelvas atrever a tocar a mi mujer gusano.
— Señor Walker la boda fue solo un contrato ya no tiene validez. - dijo el varón con extrañeza, y sujetándose la mano con un gesto de dolor.
— Te equivocas rata asquerosa, lo hice válido cuando me di cuenta que no era la zorra de tu hija. Ahora es mi esposa. Lo vio sangrando de la mano sosteniéndola con la otra.
Le hizo una señal a sus mörders, mientras el sostenia su esposa que estaba pálida.
— Aquí estoy preciosa no te volverán hacer daño.
Charlotte se quedó helada al ver el cariño que le brindaba a la hermana chica.
— Ya sabes que hacer. - le hizo una seña al mölder. Los llevaran a ver a su hija…
— ¿Maldito tú la tienes? - gritó queriendo safarse del musculoso hombre, a Charlotte también la llevaban jalando.
— Claro que la tengo! - sonrió de forma brusca mientras el mörder lo sujetaba
Con una patada bien atinada en el estómago lo hizo caer al piso, lo levantó para seguir golpeándolo, desquitando el coraje que tenía, hasta que lo vio sin sentido.
Una sonrisa siniestra reflejaba el rostro del mafioso tenía más odio ver a su esposa temblando y queriendo volver a golpearla, lo hizo reconsiderar no matarlos ya mismo.
Charlotte tampoco se había salvado de golpes violentos, el mölder la tuvo que golpear cuando intentó escapar.
Llévenlos dónde ya saben, fuera de mi propiedad, a la casa antigua del bosque. - ordenó los quería a kilómetros lejos de la misma área que ella.
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