En el Reino Ígneo, el fuego lo es todo: poder, honor y destino. Pero Magma, la princesa heredera, nació sin una sola chispa en sus venas. Rechazada por su propio reino y atrapada bajo el peso de una corona que no cree merecer, crecerá escuchando la leyenda de la Hija del Viento… una princesa que cambió el mundo con su libertad. Cuando una tragedia destruye su vida, Magma deberá convertirse en la reina que todos necesitan, aunque el fuego dentro de ella amenace con consumirlo todo. Porque algunas leyendas no nacen para gobernar. Nacen para arder.
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Capítulo 14: Lo que el fuego no puede ocultar
La lluvia continuaba cayendo sobre Ignis.
Pero ahora el reino olía distinto.
A humo.
A piedra quemada.
Y a miedo.
Las calles del norte seguían cubiertas de vapor y cenizas negras donde la criatura del hielo había sido destruida. Soldados y curanderos corrían entre edificios dañados intentando ayudar a los heridos mientras las personas observaban a Magma desde lejos.
Nadie se acercaba demasiado.
Ella lo notó inmediatamente.
Cada vez que caminaba, las personas retrocedían apenas.
Como si temieran que el fuego explotara otra vez.
Y honestamente…
Magma también empezaba a temerlo.
Avanzó en silencio junto a Rowan por uno de los corredores exteriores del castillo. El calor seguía escapando lentamente de su piel y pequeñas brasas aparecían sobre las paredes cuando sus emociones se alteraban demasiado.
Intentaba controlarlo.
Pero era como intentar sostener una tormenta dentro del pecho.
—No deberías caminar sola.
La voz de Rowan rompió finalmente el silencio.
Magma ni siquiera levantó la mirada.
—No estoy sola.
Él entendió inmediatamente el tono.
Y aun así siguió caminando junto a ella.
El ambiente entre ambos estaba extraño desde el enfrentamiento en las murallas.
Más tenso.
Más incómodo.
Porque Rowan había visto algo que no quería ver.
La forma en que Kaien la miraba.
Y peor aún…
la forma en que ella lo miraba de regreso.
Magma se detuvo frente a uno de los balcones abiertos del castillo. La tormenta seguía cubriendo Ignis y, a lo lejos, las murallas destruidas todavía humeaban bajo la lluvia.
Rowan apoyó ambas manos sobre la piedra mojada.
—No confío en él.
Ella soltó una pequeña risa cansada.
—Eso ya lo noté.
—Lo digo en serio.
Magma finalmente giró hacia él.
—Me salvó.
—También invadió el castillo.
—Nos ayudó a destruir esa cosa.
Rowan tensó la mandíbula inmediatamente.
—Y aun así no sabemos qué quiere realmente.
La princesa guardó silencio.
Porque esa parte era verdad.
Kaien aparecía y desaparecía como si perteneciera a otra realidad. Sabía demasiado sobre los elementos, sobre Alina, sobre el hielo…
y sobre ella.
Demasiado.
Magma volvió la mirada hacia la lluvia.
—Cuando estoy cerca de él… mi fuego cambia.
La confesión salió más baja de lo que esperaba.
Rowan la observó inmediatamente.
—¿Qué significa eso?
Ella tardó varios segundos en responder.
Porque ni siquiera sabía explicarlo bien.
—Se calma.
El silencio entre ambos fue devastador.
Porque Rowan entendió exactamente lo que implicaba.
Magma siempre estaba luchando contra su fuego:
* controlándolo,
* escondiéndolo,
* sobreviviendo a él.
Pero cerca de Kaien…
el fuego la escuchaba.
Eso dolió muchísimo más de lo que Rowan esperaba.
Él apartó lentamente la mirada.
—Eso no significa que sea bueno para ti.
Magma sintió culpa inmediatamente.
Porque Rowan siempre había estado allí.
Desde niños.
Cuando nadie creía en ella.
Cuando era “la princesa vacía”.
Él nunca la miró como un fracaso.
Y aun así…
su corazón comenzaba a acelerarse peligrosamente por alguien completamente equivocado.
Un trueno atravesó el cielo.
Entonces pasos apresurados resonaron detrás de ellos.
Uno de los guardias reales apareció respirando agitado.
—Princesa, el consejo la espera inmediatamente.
Magma frunció el ceño.
—¿Ahora qué quieren?
El hombre dudó apenas.
—Encontraron algo bajo las murallas destruidas.
⸻
Las catacumbas del castillo olían a humedad y ceniza.
Magma descendió acompañada por Rowan, varios soldados y miembros del consejo real mientras antorchas temblorosas iluminaban lentamente los túneles antiguos bajo Ignis.
Nunca había estado allí.
Y por la expresión incómoda de Varok…
quizá nadie debía estarlo.
—¿Qué es este lugar? —preguntó ella.
El anciano consejero evitó mirarla directamente.
—Ruinas antiguas.
Eso claramente no era toda la verdad.
Las paredes estaban cubiertas de símbolos elementales viejos, parcialmente destruidos por el tiempo. Algunas marcas parecían quemadas intencionalmente.
Y cuanto más descendían…
más frío se volvía el aire.
Imposible.
Magma podía sentir el fuego dentro de ella inquietarse.
Como si algo allí abajo le desagradase profundamente.
Finalmente llegaron a una enorme cámara subterránea.
Y el corazón de Magma se detuvo.
Porque en el centro del lugar había un mural gigantesco.
Cinco figuras elementales rodeaban un círculo brillante:
* fuego,
* viento,
* tierra,
* agua,
* e hielo.
Exactamente igual a la ilustración del libro antiguo.
Pero eso no fue lo peor.
Lo peor…
era la figura del hielo.
Su rostro había sido destruido violentamente.
Como si alguien hubiera intentado borrar su existencia.
Magma avanzó lentamente hacia el mural.
—¿Por qué ocultaron esto?
Nadie respondió.
Entonces vio algo más.
Un nombre grabado bajo los símbolos antiguos.
Alina.
La respiración se le cortó inmediatamente.
—¿Qué…?
Rowan también se tensó.
Magma se acercó rápidamente al muro iluminando las letras con fuego entre sus dedos.
Allí había más nombres.
Muchos más.
Cada uno debajo de un elemento distinto.
Y junto al símbolo del viento…
el nombre de Alina brillaba débilmente.
—Ella estuvo aquí… —susurró.
Varok habló finalmente.
Y su voz sonó derrotada.
—Las herederas siempre estuvieron conectadas.
El silencio cayó brutalmente.
Magma giró lentamente hacia él.
—¿Qué significa eso?
El anciano observó el mural como si estuviera mirando una herida vieja.
—Cada cierto número de generaciones, los elementos eligen nuevas portadoras.
El fuego alrededor de Magma comenzó a agitarse lentamente.
—¿Y todas mueren?
Varok no respondió.
Eso fue suficiente.
Magma sintió el pecho romperse un poco.
Porque inmediatamente recordó a Alina.
La princesa del viento.
La leyenda.
La chica que murió joven.
Kaien tenía razón.
Las historias no eran cuentos bonitos.
Eran advertencias.
Entonces una corriente helada atravesó las catacumbas.
Las antorchas se apagaron parcialmente.
Los soldados levantaron armas inmediatamente.
Y una voz familiar habló desde la oscuridad:
—Ya comenzaron a recordarlo.
Kaien apareció lentamente entre las sombras del túnel.
Empapado por lluvia y oscuridad.
Y por primera vez desde que lo conoció…
Magma sintió alivio al verlo.
Eso la aterrorizó muchísimo más que cualquier monstruo.